Santa Teresa CD. Reinas del deporte extremeño. Grada 115. Perfil

Felipe Ferrín
Fotos: Santa Teresa CD

Extremadura cuenta con un equipo en la élite del fútbol femenino nacional, el Santa Teresa Badajoz. El equipo pacense afronta su cuarta temporada en Primera División, ‘Liga Femenina Iberdrola’, con una plantilla que invita a soñar. El club pasa por un momento muy dulce, rubricado con la Medalla de Extremadura que ha recibido este pasado 7 de septiembre, pero los comienzos fueron muy distintos.

Corría el año 1998 cuando el colegio Santa Teresa de Badajoz ofrecía diversas actividades extraescolares deportivas. Pocos meses después, los chicos de estas extraescolares se federaron como filial del extinto Puerta Palmas, alcanzando en 2001 un valioso subcampeonato en benjamines.

En la primavera de 2002 se aprobaron los estatutos y el acta fundacional de la Asociación Deportiva, y el club recibía el nombre de C.D. Santa Teresa. A lo largo de esa década el número de chicos federados por el club rojiblanco aumenta considerablemente, y es en 2010 cuando el rumbo de la entidad gira hasta lo que conocemos hoy en día. Pablo Ritoré, presidente del Santa Teresa, presenta, junto a una completa estrategia de responsabilidad social empresarial, una sección femenina compuesta por tres equipos federados; uno de ellos ‘senior’, compitiendo en categoría regional. Pablo preside el club desde las primeras elecciones de 2004, hablamos con él.

¿Cómo nace la idea de crear una sección femenina en el Santa Teresa?
En la primavera de 2010 nos reunimos y decidimos implantar esta nueva sección dentro del club. Carlos Flores era directivo y tenía a su hija jugando al fútbol, y Juan Carlos Antúnez era entrenador en el masculino; un día pensamos que este proyecto podría ser interesante. Lo presentamos en el colegio Santa Teresa y con 14 niñas, traídas de todos los puntos de Extremadura, arrancamos la sección féminas.

Volviendo unos años atrás, ¿qué recuerda del nacimiento del club?
Fueron años complicados pero muy bonitos. El club nace a partir de las actividades extraescolares del colegio Santa Teresa, y pronto comienza a crecer. En 2004, por aclamación popular, me eligen presidente y desde el primer día se convierte en un proyecto familiar. Mi mujer comenzó siendo la tesorera y mi hijo, hoy en día, es el jugador que más años ha vestido la rojiblanca, 13 temporadas. Fueron momentos que recuerdas con mucho cariño por la ilusión que le pusimos.

Empezamos con 45 niños, cuatro técnicos y 12.000 euros de presupuesto. Hoy tenemos 450 licencias, 140 de ellas féminas; 50 entrenadores, dados de alta y con titulación; y un presupuesto que supera los 600.000 euros.

¿Qué fue lo más complicado de los inicios?
Desde que arrancamos la sección femenina nos pusieron muchas trabas. Cuando inscribimos el equipo femenino no sentó del todo bien; existió un gran rechazo porque había otros equipos en la ciudad, aunque lo único que queríamos era trabajar a favor de la igualdad. Por otro lado, nos faltaba infraestructuras. Mi piso se convirtió en la residencia de las jugadoras que pasaban los fines de semana aquí, mi cochera era el almacén del club y me desaparecieron el proyector, la cámara de vídeo, el inflador… todo pasó a ser propiedad del Santa Teresa. No imaginas qué sustos a las dos de la mañana recibiendo en mi casa algún fax de la Federación.

¿En qué momento se da cuenta que un proyecto de colegio se puede convertir en algo grande?
Desde el principio; estábamos ante un proyecto bonito y esperábamos que en un futuro la gente que le gustara el fútbol pudiera vivir de ello. En todo momento le aplicamos una visión empresarial y eso nos ha permitido crecer hasta lo que somos hoy en día.

¿Con qué valores identifica al Santa Teresa?
Somos una gran familia, cada vez más grande, pero una familia. Nos identifican valores como la humildad o la ambición, pero sobre todo la solidaridad. Siempre intentamos estar donde nos llaman y ayudar en lo que podemos. Por otro lado, nos identifica claramente la búsqueda de la igualdad de género. Siempre hemos aplicado una política de inserción laboral de la mujer, las jugadoras trabajaban en las oficinas de nuestros patrocinadores a media jornada y lo compatibilizaban con los entrenamientos.

¿Cómo ha respondido Extremadura a un equipo de Primera División?
De manera lenta. Hemos sido durante mucho tiempo los grandes desconocidos; casi nos conocían más fuera. Es cierto que, en el último año, con la profesionalización del fútbol femenino y la externalización de los servicios de comunicación y marketing, hemos crecido mucho en visualización y difusión. Por otro lado, la Medalla de Extremadura ha sido un punto de inflexión muy importante.

¿Qué sintió al recibir la Medalla de Extremadura el pasado 7 de septiembre?
Cuando escuché el himno de Extremadura fue un gran subidón. Es un orgullo, ya que un proyecto que iniciamos muy pocas personas se ha hecho tremendamente grande. Hemos pasado etapas complicadas, pero tenemos que agradecer a nuestros cuatro incondicionales su apoyo económico y moral todos estos años: Santi Cuadrado, de Cash Al Corte; Elisardo Plaza, de Palicrisa; Rafael Álvarez Buiza; y Ahmad Khatib.

¿Cómo le comunicaron la concesión de la Medalla?
Yo tengo tres teléfonos distintos. Estaba trabajando y sonó el del club, pero no pude cogerlo. Instantáneamente me llamaron al personal desde el mismo número y pensé que podía ser importante. Al descolgarlo me dijeron “Pablo, soy Guillermo”, y le respondí “¡presidente! ¿En qué puedo ayudarle?”; me dijo “No, en nada, solo llamo para decirte que vais a ser Medalla de Extremadura”. En ese momento solo tenía palabras de agradecimiento, se me saltaron las lágrimas.

¿A quién dedica la Medalla?
La Medalla se la dan a las niñas, pero esto es una gran familia. Gran parte de la Medalla es de mi mujer, que comenzó siendo tesorera, pero todos los años nos ha apoyado y ha sufrido con nosotros; de mis dos hijos, a quienes les he quitado mi tiempo y celosamente me decían “Claro, todo para tus niñas” [Risas]; de mis hermanos, que siempre han estado ahí, y por supuesto de mi madre, que cada 15 días hace las mejores mollejas de Extremadura durante los partidos; de mi familia, la familia de todos los directivos, entrenadores…; y por supuesto, de todas las empresas que trabajan con nosotros, que hacen una labor que no está pagada.

¿Cuál es el estado del fútbol, y del deporte en general, femenino en Extremadura?
El deporte femenino colectivo está en un alto nivel y en pleno alza, con baloncesto, voleibol y fútbol femenino, y seguimos creciendo día a día. Nos ha tocado la suerte de encabezar este proyecto y abrir camino en el mundo del deporte y la mujer en Extremadura, y estamos encantados de hacerlo.

El Santa Teresa, desde aquel 2010, ha ido desarrollando una labor de difusión y promoción del deporte femenino muy importante en nuestra región. Se creó el I Torneo internacional de fútbol base femenino, llamado primero ‘Ciudad de Badajoz” y luego ‘Women’s Cup’; se desarrolló un stage de verano, se han celebrado multitud de eventos y actividades en pro de la mujer, y partidos en el Día en contra de la violencia de género; se han creado secciones femeninas de voleibol y baloncesto; y se ha becado a distintas jugadoras.

Pero la entidad no solo está representada en este tipo de acciones sociales, también destaca su excelente nivel deportivo y competitivo. En solo siete años el club cuenta con un equipo muy competitivo en la máxima división del fútbol femenino español. Posee una de las canteras féminas más numerosas de nuestro país, se ha proclamado dos veces campeón de la Copa Federación y el pasado año rozó la octava plaza, que da derecho a jugar la Copa de la Reina. Para entender el área deportiva de las rojiblancas hablamos con su entrenador, Juan Carlos Antúnez.

¿Cómo llega al Santa Teresa?
Diría que de casualidad. Tras mi etapa en el Olivenza femenino y en el infantil del Flecha Negra no quería salir a entrenar fuera, a pesar de tener alguna oferta de Preferente y en Tercera de segundo entrenador. Un antiguo entrenador mío estaba de coordinador en el Santa Teresa y me dio la opción.

¿Cómo son esos primeros años en el club?
Los dos primeros años me limitaba a mi faceta de entrenador, de infantiles y alevines. Conocía al presidente porque entrenaba a su hijo y vi que había ganas de hacer las cosas bien y proyectos muy bonitos. Yo compaginaba los entrenamientos del Santa con el Badajoz femenino, el proyecto del Badajoz no acabó bien y propuse traerme mi cuerpo técnico y montar una estructura femenina. Al presidente le pareció muy bien la idea, y a partir de ahí ya conocéis la historia.

¿Esperaba llegar a Primera División en tan poco tiempo?
Lo habíamos proyectado. Recuerdo que le dije al presidente, casi en broma, que si hacíamos un buen equipo estaríamos en Primera en tres años. Y fuimos capaces de cumplirlo. La realidad es que no nos lo esperábamos, las temporadas se fueron desarrollando para conseguir los objetivos, las jugadoras empezaron a querer venir y comenzamos a creer en nosotros mismos.

¿Cuál ha sido el aspecto del juego que ha identificado al equipo durante este tiempo?
No me gusta calificar a mis equipos, pero si recurrimos a la prensa o incluso a otros entrenadores cuando juegan contra nosotros somos un equipo difícil de ganar, difícil de hacerle gol, que defiende muy bien y que presiona muy alto y muy fuerte. Esos cuatro factores nos suelen decir que representan nuestro juego.

Si se tuviera que quedar con un partido…
El día del ascenso a Primera, por su importancia, contra el SPA; un partido feo para el espectador, pero que sirvió para conseguir el ansiado objetivo. Y el partido del Barça; ser un entrenador extremeño, de un equipo extremeño, y ganar a un equipo de esa categoría, que en siete años había perdido, creo, tres partidos, es increíble. Tampoco olvidaré haberme sentado en el banquillo de Lezama, porque eso supone decir “soy entrenador de fútbol femenino”.

¿Después de tantos años, se agotan las ganas de seguir?
Siendo sincero, el año pasado, durante la segunda vuelta, tuve muchas dudas. No sabía si es que yo no podía sacarle más al equipo, o si es que el equipo no daba más de sí. Pero nos repusimos y, viendo los números, creo que lo hicimos bastante bien. Ahora me siento muy fuerte y quiero estar, como mínimo, dos o tres años más en el Santa Teresa.

¿Qué objetivo se marca para el primer equipo esta temporada?
El objetivo de mejorar. No vale para nada marcarse un objetivo clasificatorio, va a haber 10 o 12 equipos muy parejos. Ante todo quiero mejorar los números, y creo que mejorando los números mejoraremos el puesto en la clasificación, porque este año van a estar más caros los puntos.

¿Cómo ve al equipo dentro de cinco años?
Siempre he dicho que me gustaría irme levantando un título, aunque sé que es muy difícil. El campeonato de liga va a ser casi imposible, porque en regularidad nosotros nunca vamos a poder estar entre los tres o cuatro mejores, pero la Copa es una competición que nos gusta mucho; creo que, a eliminatorias, somos un equipo muy incómodo; tengo esa ilusión. En un ciclo de tres o cuatro años quiero que la entidad crezca.

Más de 250 jugadoras han pasado por el Santa Teresa desde aquel primer equipo de 2010 que asentó las bases de un club que ha sabido superar las dificultades económicas para formar equipos competitivos y con calidad suficiente para alcanzar los objetivos de cada temporada. Estefanía Lima, ‘Estefa’, viste la camiseta rojiblanca desde 2011, y es la capitana del equipo desde hace 5 años.

¿Qué representa el Santa Teresa para ti?
Es mi segunda familia. Llevo aquí muchos años, estoy muy a gusto, y es un honor jugar en un equipo de mi ciudad.

¿Cómo llegaste al club?
Estaba jugando en Almendralejo, el equipo llevaba un año en Nacional y el proyecto de Juan Carlos me gustó mucho. Yo tenía ganas de jugar en mi ciudad y en su proyecto.

¿Cómo ha evolucionado el club a lo largo de estos años?
Ha evolucionado tanto la organización institucional como a nivel deportivo. Las chicas vienen a jugar al fútbol sin preocupación de ningún otro tipo, y eso es muy importante.

¿Qué ofrece el Santa Teresa a las jugadoras para que sea un aliciente venir a jugar a Badajoz?
Un proyecto muy bonito. A la gente que ha venido de fuera siempre le ha costado bastante irse y lo ha hecho con mucha pena. El Santa Teresa es un proyecto muy familiar, que aboga por la unión del vestuario.

Juan Carlos Antúnez destacaba el partido del ascenso a la máxima categoría; ¿cómo recuerdas ese día?
El mejor día que he pasado en este club. Ver cómo tanta gente que ha luchado por estar en Primera conseguía su sueño a través de nosotras fue alucinante. Si alguien lo merecía era Pablo Ritoré, que tanto ha luchado por todas nosotras. Siempre recordaré el abrazo con toda la gente; en la piña no solo estábamos las jugadoras, estaba toda la familia del Santa Teresa.

¿Sientes responsabilidad al llevar el brazalete en el primer equipo?
No es responsabilidad exactamente. Siento que represento al equipo, pero no soy más que ninguna de mis compañeras.

¿Eres consciente de ser un ejemplo para muchas niñas que quieren comenzar en este deporte?
Me siento muy orgullosa de ello. Cuando llegué no había muchas chicas y el crecimiento ha sido enorme.

¿Cómo es enfrentarse a equipos como el Atlético de Madrid, Barcelona, Athletic…?
Es por lo que jugamos al fútbol. Enfrentarte a los grandes equipos es lo mejor que te puede pasar en este deporte, y demostrar que podemos ser igual o mejores, como hicimos la pasada temporada, es increíble.

¿El Santa Teresa se enfrenta a su temporada más ilusionante?
Este año queremos mejorar la novena plaza y hay que tener las ideas claras, sabiendo que el primer objetivo es la salvación; aunque el míster no nos deja decirlo mucho, en nuestras cabezas está la octava plaza.

El Santa Teresa cumplirá 20 años en 2018 y lo celebrará con una nueva temporada en Primera División, con nuevas ilusiones y retos muy importantes. Los nombres de Badajoz y Extremadura seguirán recorriendo los campos de la élite del fútbol femenino demostrando que la humildad y el esfuerzo tienen su recompensa. El Santa Teresa es una buena prueba de ello.

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