Tobias Büscher, periodista alemán, sobre nombres raros. Grada 113

Cuando llegué por primera vez a Madrid me llamaron Toby. [Wuff wuff]. Hasta entonces no sabía que así se llaman muchos perros. En mí país no hay ni un solo perro Toby. Se llaman Caesar, Moritz y Wuffi.

Hablando de nombres. Vosotros tenéis los pueblos Malcocinado y Cabeza del Buey. Nosotros tenemos Busenhausen (Villa de pecho, 339 habitantes). Es un municipio en Renania-Palatinado. Claro, Villa de pecho no es exótico como Vilapene en Galicia, donde los chavales roban siempre las señales. Sin embargo, Busenhausen es conocido en toda Alemania. Y un caso muy especial es Blödesheim (Estúpida casa) al lado del Rhin. Los de Blödesheim estaban hartos. Después del año 350 el pueblo se renombró a Hochborn (Lugar alto). Dicen que desde entonces las bodegas locales Michel, Mankel y Hahn venden mucho más vino Riesling.

En Alemania tenemos más de mil pueblos curiosos. Hace poco ha salido el libro ‘Atlas de los 999 nombres de lugares más raros’. Entre ellos son Kotzen (Vomitar), Oberbillig (Demasiado barato), Böß Gesäß (Culo malo), Oberhäslich (Mega feo) y los municipios Unter-Mittel y Oberneger (Negro arriba, Negro medio, Negro abajo). Por cierto, ¿os acordais? Fairy Ultra lanzó en 1992 una publicidad para su lavavajillas con los pueblos Villarriba y Villabajo. Y hasta hoy en día muchos de mis compatriotas creen que los pueblos son reales.

Yo mismo vivo en Colonia (un millón de habitantes), una ex-colonia de los romanos, como Mérida. Mis padres se fueron a la Selva Negra (Schwarzwald) para disfrutar de la tercera edad. Viven entre pueblos como Strick (Cuerda), Schwarzenbach (Arroyo negro) y Notschrei (Grito de miedo). Los habitantes de la Selva Negra no son muy alegres. El Carnaval no es tan vivo como en Badajoz; más bien como el aragonés, con máscaras terribles para despedir el invierno. Y ahí llueve más, mucho más. Increíble cómo el clima influye en la gente, ¿verdad? ¿Os podeis imaginar un puerto en Tenerife con el nombre ‘Grito de miedo’? Ni hablar.

Por cierto. Mi hija de cuatro años no se llama ni Luna, ni Laika, se llama Marie. Por una razón muy simple que no tiene nada que ver con perros. Estamos mucho en vuestro país. Y creo que para vosotros decir Marie es más fácil que decir Heike, Ulrike o Silke (mi mujer).

Un abrazo, vuestro Toby.

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