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	<title>Alicia Morán - Revista Grada</title>
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	<description>Noticias de Actualidad sobre Cultura, Ocio, Deporte e Integración en Extremadura</description>
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	<title>Alicia Morán - Revista Grada</title>
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		<title>Emprender el viaje. Entrevista a Isabel Nogales. Grada 162. Alicia Morán</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alicia Morán]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 15 Dec 2021 03:08:36 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Aprender de forma constante. Es un viaje que nunca termina. Siempre hay cosas. Requiere energía. Pero es muy satisfactorio. La definición sobre emprender que nos dio Isabel Nogales, la entrevistada de esta edición, junto con la de la RAE no difieren mucho: “cometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<img fetchpriority="high" decoding="async" width="800" height="450" src="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/12/xx_162_secciones_aliciamoran1.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="Emprender el viaje. Entrevista a Isabel Nogales. Grada 162. Alicia Morán" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;" srcset="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/12/xx_162_secciones_aliciamoran1.jpg 800w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/12/xx_162_secciones_aliciamoran1-300x169.jpg 300w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/12/xx_162_secciones_aliciamoran1-768x432.jpg 768w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/12/xx_162_secciones_aliciamoran1-600x338.jpg 600w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/12/xx_162_secciones_aliciamoran1-750x422.jpg 750w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /><p>Aprender de forma constante.<br />
Es un viaje que nunca termina.<br />
Siempre hay cosas.<br />
Requiere energía. Pero es muy satisfactorio.</p>
<p>La definición sobre emprender que nos dio Isabel Nogales, la entrevistada de esta edición, junto con la de la RAE no difieren mucho: “cometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro”.</p>
<p>Es curioso que la definición de emprender lleve consigo el peligro o el esfuerzo. O lleve consigo el cambio, la evolución constante, el desafío.</p>
<p>Hoy quiero hablar sobre lo que es emprender. Lo que es emprender en el extranjero. Lo que es migrar para emprender. Lo que es emprender un viaje que nunca se termina.</p>
<p><strong>Un inconsciente que conversa</strong><br />
Llegó el invierno en Alemania, y los años van pasando. Ya van muchos años fuera, y la tierra reclama los frutos que se echaron a volar. ¿Por qué no escapar del frío y volver a la tierra que me vio despertar?</p>
<p>Me fui para emprender el viaje del héroe, del loco. Me fui en el carro de la incerteza buscando respuestas a mi identidad. Me fui para encontrarle mi propio sentido a las cosas; me fui para crear. Me fui para ser independiente, para vivir de mis ideas, para enajenarme de lo establecido. Me fui para hacer amigos. Me fui porque necesitaba probar qué era el mundo, me fui para ver con unos ojos más amplios y empáticos, la realidad. Me fui sin saber que volvería, y me fui sin saber a dónde iría.</p>
<p>Pero siempre se vuelve a los sitios donde se amó el mundo. Todo es un círculo. Y este viaje tiene forma de espiral: si crezco allí, crezco acá.</p>
<p>Emprendí en el extranjero. Mi vida, y mis proyectos. Me empoderé. Lo abstracto se hizo material y lo material dejó de ser relevante. Ya no importa donde tenga mis cosas, o las pertenencias que acumulé estando fuera. Ya no importan todas las libretas donde escribí ni todos los zapatos que me acompañaron en mis pasos. Todo lo que a través de ellos aprendí están conmigo, y ahora los llevo de vuelta a su origen: este viaje necesita traer todo lo que aprendí a casa. La valentía está en volver.</p>
<p>¿De qué vale evolucionar estando fuera si ahora no comparto mi maleta con los que me vieron crecer?</p>
<p>Irse es emprender un viaje que no se sabe cuándo se termina. Irse significa que ya no volverás a ser la misma: ya mi corazón está repartido por el mundo. Ya viviré siempre echando en falta a los que tengo lejos. Aquí y allá. Ya viviré siempre perteneciendo a muchas realidades. Irse es vivir eternas despedidas. Irse es amar cada vez más los reencuentros.</p>
<p>Pero emprendí este viaje y no me arrepiento. Los viajes son grandes enciclopedias. Ahora quiero que todos los que encontré en el camino visiten el sitio en el que comencé mi viaje. Quiero que descubran el alma que se esconde en una ciudad de fronteras. En una región de viajeros.</p>
<p>Ahora llega la Navidad y todos nos reencontraremos. Tantos que emprendimos el viaje desde el mismo puerto. Tantos que ahora volvemos al mismo faro: las almas de la región donde vengo están acostumbradas a ser marineras.</p>
<p><strong>Alicia Morán</strong></p>
<hr />
<p><strong>¿Qué significa para ti emprender?</strong><br />
Isabel Nogales (Badajoz-Quintana de la Serena, 1992) no esperó a su graduación para emprender su viaje. Terminó el último examen y se fue a Alemania.</p>
<p>Este viaje lo conozco de primera mano, ya que tuve el placer de compartir con ella muchos años de nuestras vidas. Instituto y posteriormente hicimos la misma carrera (ADE-Derecho).</p>
<p>Isabel fue una de esas personas a la que ya con temprana edad todo le gustaba. Todo le generaba curiosidad. Le gustaba todo y a la vez nada. Ella podría haber estudiado ciencia o humanidades, pero como a tantos, nos hicieron elegir y descartar el otro camino sin apenas haber llegado a una suficiente toma de conciencia y autoconocimiento.</p>
<p>Por eso eligió dejarse muchas puertas abiertas y decantarse por hacer economía y derecho: siempre hay un hueco en estas ramas. “Podría incluso trabajar en un hospital con economía, pensaba. Además, siempre me podré ir fuera. La posibilidad de tener tantas puertas abiertas cuando no sabes qué hacer siempre ayuda”.</p>
<p>“El problema cuando uno tiene curiosidad por todo es cuando ve a los demás que dicen tener las cosas claras”. Isabel estaba siempre en continua búsqueda y contradicción, tanto es así que en medio de la carrera decidió presentarse a selectividad de nuevo por si hacía Medicina. Pero al final el mantra “voy a terminar lo que empecé, y cuando termine si acaso no lo quiero, lo dejo. Al menos tengo conocimiento acumulado: siempre se puede volver a emprender un nuevo viaje” le hizo concluir sus cinco años de carrera. “Hay que terminar un proceso para tener un balance más objetivo y ya estando todas las cartas sobre la mesa puedo elegir y tomar decisiones más conscientes. ¿Qué son cuatro años en una vida?”.</p>
<p>Entre esos años de carrera Isabel se fue con una beca Erasmus a Trier, sur de Alemania. En ese viaje muchas incertezas sobre su identidad vocacional le empezaron a cuadrar: todo lo que estudiaba en la universidad alemana tenía otra forma. Es lo que tiene darle más énfasis a la práctica que a la teoría. También el desafío de hacerlo en otro idioma y de tener que exponer en vez de hacer exámenes. “No nos enseñan a ser emprendedor, solo a estudiar de memoria”.</p>
<p>Isabel ese año, además de disfrutar su estancia Erasmus, hizo unos créditos extra y una tesis para la universidad de envío y se volvió a España con un ‘bachelor’ de International Business. “Quién sabe para lo que me pueda valer”.</p>
<p>Isabel se volvió a Cáceres a terminar el quinto año de carrera, pero desde que volvió siempre tuvo claro que se quería volver a ir. Ese año se le había quedado muy corto y volvió a España con el gusanillo de una estancia más larga, por lo que sabía que al terminar la carrera se volvería fuera a probar suerte.</p>
<p>Y así fue; al terminar la carrera, mejor dicho, los exámenes, porque ese gusanillo explotó antes de llegar la graduación, tomó su vuelo de nuevo con destino a Freiburg. “No tenía tiempo para celebrar, era momento de partir a emprender el viaje. ¡Me llevé la maleta a mi último examen, y dije adiós. Mucha gente de los pueblos venía con la maleta para volverse a sus casas el fin de semana, yo iba ya con mi título firmado por el rey Juan Carlos y mi maleta, pero nadie sabía que me iba ya a Alemania”, recordaba entre risas y bromas.</p>
<p>Isabel volvió a elegir Alemania porque una amiga suya estaba pasando allí el verano, así que vio la oportunidad de irse con ella y ver qué encontraba. No tenía que ser necesariamente quedarse en el país germano, pero le pareció buen punto de partida.</p>
<p>Aunque algo ya se proyectaba en Deutschland, porque en sus ratos libres (trabajaba el resto en un restaurante español) se iba a la biblioteca a estudiar alemán. Siempre acompañada por la filosofía: “ya que estoy aquí pillo todo, aunque sea poco tiempo, aprendo alemán, quién sabe si algún día servirá”.</p>
<p>“Vas uniendo puntos que no sabes para qué te sirven, pero en un momento miras para atrás y te das cuenta de todas las oportunidades que te creaste”.</p>
<p>El último año de carrera en Cáceres Isabel había hecho un curso de cinco días que ofrecía la universidad en Marketing Digital, y cuando estando en Freiburg buscaba prácticas, esa puerta que ella inconscientemente había abierto se vio muy agradecida: el 1 de agosto de 2015 estaba mudándose a Hamburgo a hacer una ‘internship’ de online marketing. Con los años se posicionó en la empresa como ‘sales account manager’, y tras estar dos años trabajando para la misma corporación volvió a hablarle su gusanillo interior: “sentí en un momento que ya había dominado todo de esa empresa, esa hambre de aprender me hizo cambiar de trabajo, y por eso me fui a otra empresa otros dos años, de publicidad programática”.</p>
<p>En ese segundo trabajo pidió media jornada ya que tuvo la idea de empezar a desarrollar algo en paralelo. Quería trabajar en algo que le llenara más que lo laboral. Algo más ético. Algo donde el producto le representara a ella, a sus valores. La sostenibilidad, el medio ambiente y la ecología eran los temas que le concernían en este momento y quería aportar valor y ser coherente con sus ideales.</p>
<p>Junto con su pareja empezaron a idear su propio proyecto, algo que estuvieran orgullosos de vender bajo su nombre, y así, nació <a href="https://golconda.de/" target="_blank" rel="noopener"><strong>Golconda</strong></a>, nombre inspirado en una ciudad india donde había muchos diamantes, y que la explotaron tanto que quedó desierta. Con esta idea invitaban a reflexionar sobre la paradoja de los recursos ofreciendo champús y jabones sólidos bajo una filosofía clara: el cuidado de la elección de materias primas renovables y bajo un proceso de producción limpio.</p>
<p>Mientras que Golconda fue cada vez más encontrando su sitio en el mercado alemán, Isabel sigue cada día cuestionándose cómo puede mejorar la sostenibilidad en todas las partes del proceso: “Siempre me mantengo muy crítica, conmigo misma la primera. Eso me permite repensar y evolucionar”. Ahora, por ejemplo, investiga cómo usar directamente los ingredientes vegetales sin pasarlos por un proceso de transformación; es decir, de las plantas puras a la cosmética.</p>
<p>De todo este proceso que no cesa jamás Isabel lo que más disfruta es ver cómo mil ideas volando por la cabeza se concretan en forma de un producto que sirve a personas. “Mi sangre está puesta ahí. Y si rechazan el producto, rechazan tus ideas. Entonces eres vulnerable”. Indica Isabel que esa es la diferencia de vender algo que no es tuyo a algo que ha nacido de sus entrañas. “Cuando me escriben diciendo qué bonito es el packaging me hace reafirmar una cosa: estoy en el buen camino”.</p>
<figure id="attachment_183081" aria-describedby="caption-attachment-183081" style="width: 800px" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" class="size-full wp-image-183081" src="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/12/xx_162_secciones_aliciamoran2.jpg" alt="Foto: Cedida" width="800" height="931" srcset="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/12/xx_162_secciones_aliciamoran2.jpg 800w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/12/xx_162_secciones_aliciamoran2-258x300.jpg 258w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/12/xx_162_secciones_aliciamoran2-768x894.jpg 768w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/12/xx_162_secciones_aliciamoran2-600x698.jpg 600w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/12/xx_162_secciones_aliciamoran2-750x873.jpg 750w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /><figcaption id="caption-attachment-183081" class="wp-caption-text">Foto: Cedida</figcaption></figure>
<p>Emprender en otro país es pasar por distintas fases: temor, agobio, satisfacción. Se aprenden muchas cosas y para Isabel este viaje ha sido el recorrido de sus ideas e inquietudes a un producto que puede ver en el supermercado. Y el viaje no termina ahí, nunca se termina de aprender y de dominar cosas.</p>
<p>Emprender en otro país también tiene el obstáculo del idioma, pero cuando poco a poco dominas la cultura el idioma fluye, y esto es también parte del viaje. Hay que entender cada parte del engranaje hasta que llegas a un sitio en el que ya te encuentras cómodo.</p>
<p>Y ahora mirando al pasado y viendo las decisiones que tomó al hacer esta carrera, se da cuenta de que no estaba tan equivocada. Pero han tenido que pasar 10 años para darse cuenta de que el mini-riesgo que tomó con esa edad tenía sentido.</p>
<p>“A la Isabel de hace 10 años, mirando con los años de la experiencia y del paso del tiempo, o a cualquier persona que quiera arrancar un viaje, solo le puedo decir una cosa: que veas de un problema una virtud. Quédate en un estado mental en el que te guste todo. La mente abierta. Disfruta de todos los pasos que vengan por delante. Sed inquietos, curiosos. Esa apertura te permitirá poder vivir donde quieras, aprender los idiomas que quieras, y emprender todas las ideas que desees”.</p>
<p>¿Cuándo empieza tu viaje?</p>
<p>La entrada <a href="https://www.grada.es/emprender-el-viaje-entrevista-a-isabel-nogales-grada-162-alicia-moran/blogueros/alicia-moran/">Emprender el viaje. Entrevista a Isabel Nogales. Grada 162. Alicia Morán</a> se publicó primero en <a href="https://www.grada.es">Revista Grada</a>.</p>
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			</item>
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		<title>Cuestión de energía. Grada 157. Alicia Morán</title>
		<link>https://www.grada.es/cuestion-de-energia-grada-157-alicia-moran/blogueros/alicia-moran/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Alicia Morán]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 15 Jun 2021 02:13:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Alicia Morán]]></category>
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		<category><![CDATA[Juan Manuel González Sopeña]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<img decoding="async" width="800" height="450" src="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/06/51_157_secciones_alicia.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="Cuestión de energía. Grada 157. Alicia Morán" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;" srcset="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/06/51_157_secciones_alicia.jpg 800w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/06/51_157_secciones_alicia-300x169.jpg 300w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/06/51_157_secciones_alicia-768x432.jpg 768w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/06/51_157_secciones_alicia-600x338.jpg 600w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/06/51_157_secciones_alicia-750x422.jpg 750w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /><p>La energía no se destruye, solo se transforma. Con esta premisa nace esta tercera edición de ‘Sentimiento castúo’, en la que además de compartiros algunos de mis delirios presentaré la historia de Juan Manuel Gonzalez, ‘el psicólogo de los vientos’.</p>
<p>Cuando ‘Sentimiento castúo’ nace lo hace con un enfoque más artístico o literario, de poder mostrar las poesías o expresiones artísticas de distintos extremeños en el exterior. Conforme el proyecto ha ido creciendo me he dado cuenta de que a veces no es tan importante mostrar una poesía, como quizás sí es mostrar la historia de esa persona que dejó su tierra: ¿quién cuenta la historia de los que nos fuimos? ¿cuáles fueron las causas de sus idas y venidas? Esas son las preguntas que me persiguen en mi cabeza siempre que pienso en esta plataforma virtual. Y si bien siempre intentaré que el entrevistado pueda compartir algo más artístico, lo importante será poder contar su historia y que esta sirva de inspiración para otros.</p>
<p>Todo se transforma; los proyectos, las relaciones, los sueños, nosotros mismos. Este proyecto, por ejemplo, no dejará de tener su esencia, pero como todo en la vida irá adaptándose a lo que los tiempos y las circunstancias vayan pidiendo. Y es que una cosa que aprendí este último periodo fue que lo único que tenemos seguro es el cambio. Quizás si aceptáramos este supuesto, y viviéramos más conscientes de que nada es permanente y de que todo está en constante movimiento, nuestras angustias disminuirían y nuestras acciones serían más honestas.</p>
<p>Luchamos en contra de nosotros mismos cuando de repente hacemos algo que entorpece lo que teníamos planificado o lo que habíamos dicho querer hacer; luchamos también en contra de nuestros deseos porque estos no son los que habíamos dicho de desear; y así estamos continuamente tratando de etiquetarnos con hashtags que puedan contener, cual cajón, nuestras porciones de identidad, como si estas no se vieran alteradas por el paso del tiempo.</p>
<p>Empezando a querer y a ponerle atención a mis plantas he ido aprendiendo bastante el discurso que acabo de exponer; para que la planta crezca, algunas de sus hojas, que hasta hace poco eran las nuevas, ahora son las que han de caer para no robarles energía a las que harán crecer a la planta en su totalidad, y así sucesivamente, algún día estas tomarán el lugar del desecho y darán sus energías a las provenientes.</p>
<p>Este pensamiento me hacía estar triste y enfadada con la ley de la naturaleza, pero después observé que la muerte de ciertas hojas proporcionaba más vida, y no solo hacía arriba, también en las partes inferiores de la planta, y eso me hizo confiar en esta filosofía del eterno movimiento vital, de la constante transición energética.</p>
<p>Esta metáfora la podría llevar a cualquier ciclo vital, como por ejemplo el hormonal. Si pudiéramos entender que somos seres cíclicos que vamos cambiando en las distintas etapas de nuestro mes podríamos pararnos a entender mejor las circunstancias que estamos atravesando y cooperar con ellas, en vez de enfrentarlas. El invierno tiene que marchar para que llegue el verano, pero eso no significa que el frío no vuelva a conquistarnos. Todo, transformándose circularmente, a su debido tiempo.</p>
<p>Como seres que crecemos y necesitamos expandirnos, viajamos y dejamos nuestros hogares, nos separamos de ciertas amistades, o dejamos de tener contacto continuo con lo que antes era nuestra rutina. Muere, o mejor dicho se transforma, una parte de nosotros, pero son tan solo las circunstancias del momento, donde la energía que tenemos disponible nos dice de estar. Donde nuestro propio crecimiento como personas nos incita a viajar.</p>
<p>No significa que nuestra esencia se pierda, o que entendamos los cambios o decisiones como acciones disruptivas; significa tan solo tener más escucha y empatía con nuestra propia evolución y con la de los que nos rodean. Una decisión no es una condena. Es tan solo un paso más en la senda que cada uno ha de atravesar. Y tener confianza en que todo regresa a donde tiene que regresar. Como regresan esas hojitas pequeñas al tallo que un día dejaron.</p>
<p>O que, por ejemplo, en el momento presente estemos viviendo en determinada ciudad, con los actuales vínculos y trabajos, no significa que un día regresemos toda esta energía evolutiva a la raíz, a las raíces. Abracemos la perpetua impermanencia y vivamos el presente, que todo, todo cambia.</p>
<p><strong>‘El psicólogo de los vientos’</strong><br />
Juan Manuel González Sopeña (Badajoz, 1992), estudia Física en la Universidad de Extremadura. Tras terminar la carrera y motivado por aprender un nuevo idioma, así como por su interés en la historia de la Guerra fría, en octubre de 2015 se muda a Berlín en busca de experiencias que alimenten su espíritu: “necesitaba desconectar de lo que había estudiado y no automáticamente seguir el camino de hacer un máster; no es que no me gustara mi carrera, simplemente necesitaba un poco de tiempo para mí”.</p>
<p>En dos años aprendió alemán, disfrutó de analizar y conocer la ciudad en profundidad: “me gustaba ver con mis propios ojos todo aquello que había leído y ver las grietas que aún quedaban en la ciudad que intentó camuflar su historia en tan solo 30 años”, y en la búsqueda de su claridad vocacional tuvo diferentes trabajos que le divertían y le hacían ver otras perspectivas de vida: “me entretenía trabajar de guardián de la noche en aquel hotel y ver las interacciones que se producían a las altas horas de la madrugada”. Mientras conversábamos, Juanma (a partir de ahora voy a nombrarlo así) y yo nos acordamos de que también coincidimos en un trabajo siendo extras para una película. Divertidos momentos.</p>
<p>Ya preparado para poder emprender una nueva aventura y volver a retomar su camino recordó que siempre se sintió atraído por el mundo de las energías renovables, y que quizás ese era el lugar donde poder aportar su granito de arena a la sociedad. Es por eso por lo que se muda a Madrid para hacer un Máster de Energías en la Universidad Complutense.</p>
<p>Siempre nos encontramos personas en nuestro camino que nos inspiran, motivan o sirven de punto de inflexión en nuestras decisiones. Juanma tuvo la suerte de tener como tutor de su trabajo de fin de Master a Jesús Fidel González Ruoco, experto en Paleoclimatología (el estudio de las características climatológicas a lo largo de la Historia), quien le mostró su pasión por su trabajo y plantó la semilla en Juanma de interesarse por la investigación.</p>
<p>Es así como los pasos de Juanma lo llevan a Irlanda a hacer un doctorado en ‘Analytics for short-term wind farm energy forecast’ en el Trinity College de Dublín; traducible a todo lector, la motivación de su tesis es desarrollar un algoritmo para la predicción del comportamiento del viento en determinadas partes, e intuir cómo va a seguir comportándose, y así poder usar los parques eólicos de forma más eficiente. Algo así como entender qué zonas son más aptas para estos parques, y hacerlos funcionar cuando haya más afluencia de viento, y en los rangos de tiempo en los que se prevea que haya menos poder usar otras fuentes alternativas de energía y generar más sostenibilidad dentro de esta área.</p>
<p>En ese momento fue cuando decidí llamarle ‘el psicólogo de los vientos’. Olvidé decir que su TFM fue de algo similar, pero aplicado a los vientos del sureste español.</p>
<p>¿Y cómo extrapolar esto a Extremadura? “Para eso hay que entender sus vientos”, me respondió. ¿Y cómo crees que esta experiencia puede repercutir en tus raíces? “Para nuestro desarrollo como personas está bien exponerse a otros ‘vientos’ y salir de nuestra zona de confort. Es importante si queremos volver o que Extremadura crezca, las vivencias y todo aquello que aprendemos lo podremos extrapolar a la tierra”.</p>
<p>Con los efectos del Covid Juanma ha estado el último tiempo a caballo entre Badajoz y Dublín, lo cual le ha permitido descubrir sitios increíbles en Extremadura: “desde que terminé la carrera nunca había pasado tanto tiempo en Extremadura y ahora, gracias a la madurez adquirida, he conocido una cara más amable. Hay muchas cosas hermosas, las cuales desconocía su existencia, como la ‘Capilla Sixtina extremeña’, pero para poder valorarlas también hay que salir, volver, y apreciarlas más”.</p>
<p>Recientemente ha decidido dejar de pagar un alquiler de 700 euros al mes por una habitación en Irlanda, que aunque sea sorprendente es una ganga, para cambiar su rumbo. “En año y medio de doctorado hay compañeros del equipo que aún no he conocido en persona y a sus supervisores apenas los he visto dos veces. Si tan solo requiero de un ordenador para trabajar prefiero entregarme a la libertad de vivir en cualquier otro sitio. Quizás me voy a una ciudad más barata, vuelvo a mi ciudad de origen, o soy nómada digital y vivo cada tres meses en un sitio”. Parece que, cual cometa, Juanma seguirá con confianza el rumbo de sus propios vientos.</p>
<p>¿Y si tuvieras que describir de alguna forma Extremadura, como lo harías?</p>
<p>hogar, tranquilidad<br />
naturaleza<br />
medieval.</p>
<p>alcornoque, dehesa<br />
familia, raíces<br />
descubrir: oportunidad</p>
<p>tiempo de cambio<br />
MONFRAGÜE<br />
renovación: campo</p>
<p>gambino, castúo<br />
emigración<br />
VERDE</p>
<p>empeño, corral<br />
TOMATE.</p>
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		<title>Entre dos mundos. Grada 156. Alicia Morán</title>
		<link>https://www.grada.es/entre-dos-mundos-grada-156-alicia-moran/blogueros/alicia-moran/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Alicia Morán]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 15 May 2021 02:15:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Alicia Morán]]></category>
		<category><![CDATA[Secciones]]></category>
		<category><![CDATA[emigración]]></category>
		<category><![CDATA[Paula Fröhlich]]></category>
		<category><![CDATA[sentimiento castúo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En esta segunda edición de ‘Sentimiento castúo’ quiero hablar de lo que implica pertenecer a dos mundos, esa sensación de ser ‘de aquí y de allí’ y a la vez de no sentirte parte de ninguno de estos mundos. Contaremos la historia de Paula Fröhlich, otra pacense radicada en Berlín que conoce perfectamente de lo [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://www.grada.es/entre-dos-mundos-grada-156-alicia-moran/blogueros/alicia-moran/">Entre dos mundos. Grada 156. Alicia Morán</a> se publicó primero en <a href="https://www.grada.es">Revista Grada</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<img loading="lazy" decoding="async" width="800" height="450" src="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/05/51_156_secciones_alicia.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="Entre dos mundos. Grada 156. Alicia Morán" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;" srcset="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/05/51_156_secciones_alicia.jpg 800w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/05/51_156_secciones_alicia-300x169.jpg 300w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/05/51_156_secciones_alicia-768x432.jpg 768w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/05/51_156_secciones_alicia-600x338.jpg 600w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/05/51_156_secciones_alicia-750x422.jpg 750w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /><p>En esta segunda edición de ‘Sentimiento castúo’ quiero hablar de lo que implica pertenecer a dos mundos, esa sensación de ser ‘de aquí y de allí’ y a la vez de no sentirte parte de ninguno de estos mundos. Contaremos la historia de Paula Fröhlich, otra pacense radicada en Berlín que conoce perfectamente de lo que estoy hablando.</p>
<p>Como el muro de la capital germana, que separaba entre sus cementos dos formas de vivir totalmente distintas, seguramente se sientan tantas personas como yo, o como Paula, que dejaron sus rutinas en un lugar para adaptarse a otras formas de vivir y hacer. Personas que cada vez que visitan o habitan algunos de estos mundos tienen que volver a adaptarse y mimetizarse, camuflando que una mitad de ellas pertenece a otra realidad.</p>
<p>En mi caso esta sensación se ha visto más avivada estos últimos meses. Desde que en 2012 salí la primera vez de casa, siempre he intentado volver de visita como máximo cada cuatro meses y no perder el contacto con mi gente.</p>
<p>Regresaba con frecuencia, pero mi estadía era de un máximo de cinco días. Días que daban para ver rápido a las personas con las que siempre quedaba al volver, desayunar una buena catalana al sol, y volver a empacar.</p>
<p>Este año, el año de la ‘no-planificación-porque-todo-puede-cambiar-de-repente’, el contexto global me dio la oportunidad de poder pasar más de cinco días en casa. Esta vez la estadía se resumió en tres meses improvisados, en los que tuve el regalo de poder reconectar con las costumbres y forma de ser de mi tierra, sus tiempos, su música, sus conversaciones, su clima, su comida, su humor.</p>
<p>Volví a caminar por calles de Badajoz que hace años no transitaba, visité mi barrio de la infancia, saludando a viejos conocidos que aún reconocían mi cara, y pasé por el barrio de mi abuela, donde las vecinas ya con alta edad se alegraban al verme, pese a que tuvieran que hacer el esfuerzo de mantener el cuello alzado al mirarme.</p>
<p>Pero no solo conecté con lo pasado, también tuve la sorpresa de conocer a personas nuevas. Muchas de ellas eran personas con las que eventualmente compartía o a las que conocía de vista, pero que en estos cinco días y nueve años fuera eran imposible de encontrar o de generar un espacio rutinario digno de la creación de una amistad.</p>
<p>Además, a diferencia de Berlín, donde veo a mis amistades cada tanto y de forma separada, ya que es difícil coincidir en grupo en una ciudad llena de tanto estímulos y planes, en Badajoz para bien o para mal no me quedaba otra que estar ‘tóh’ los días con las mismas personas. Una se hace un máster en las manías de los demás.</p>
<p>Con lágrimas en los ojos dejé en marzo mis raíces y volví a mi actual casa. Esta vez traía algo distinto a otras veces en la maleta; la melancolía de todo lo vivido estos últimos meses y las ganas de volver pronto para poder compartir de nuevo con todos los queridos ocupaban más espacio que el lomo, el salchichón y el queso de oveja que mamá suele entrarme en la maleta cada vez que parto.</p>
<p>Me costó más de una semana volver a anclarme en mi rutina de aquí. Y era inevitable la comparación de mis dos mundos: “aquí no me dicen cariño al ir a comprar, es más, a veces hasta me hablan mal, pero allí la gente hace mucho ruido en los bares y me molesta”; “aquí la gente consume menos carne y más ecológica, pero el 80% de la fruta y verdura que compro ha pasado miles de kilómetros entre camiones y frigoríficos antes de llegar a mi mesa, y allí tengo tomates grandes, baratos y de ‘kilómetro 0’ en la esquina de mi casa”; “allí existen incoherencias políticas-sociales, como estar en un bar sentado sin mascarilla y por el simple hecho de alzarte tener que ponértela, pero aquí te ponen toque de queda por primera vez cuando por fin llega el buen tiempo y se puede estar en los parques”.</p>
<p>Después de haberme adaptado por fin a Berlín y haber luchado contra todas mis contradicciones, volví a estar integrada; ya tenía mi fin de semana entero planificado, algo muy típico por aquí, e incluso los primeros días de la siguiente semana, cuando de pronto, estando ya en la calle, recibo una llamada: —Alicia, tienes que volverte inmediatamente en el primer avión que veas, papá está en el hospital.</p>
<p>Tres semanas después, estaba cogiendo un vuelo de vuelta a casa; esta vez las vacaciones que me esperaban no eran tan agradables, pero finalmente todo salió bien y un mes después pude volverme. Por supuesto, este avión de vuelta fue más difícil que el anterior. Más preguntas acechaban sobre mí: ¿qué hago yéndome? ¿por qué quiero seguir estando fuera? ¿pero cómo voy a abandonar todas mis amistades y proyectos que tengo ahora mismo brotando en Berlín?</p>
<p>La vida es siempre un coste de oportunidad, y las decisiones que se ponen en la balanza a veces no son tan fáciles. Pero el otro día, caminando por el bosque, un amigo me dijo unas palabras muy ciertas que aliviaron mi angustia: “no tenemos que andar comparando o echando de menos sitios o personas con las que no estamos en el momento presente, porque todas las ciudades, formas de vivir o seres queridos están dentro de nosotros donde sea que vayamos”.</p>
<p><strong>Paula Fröhlich</strong><br />
Paula desde que nace en 1996, pertenece a dos mundos. De padre alemán y madre pacense, Paula crece en Badajoz con un apellido extranjero y con ciertas diferencias con los niños de su edad inculcadas por la educación de autosuficiencia de su padre; era la única chica que iba sola y en bicicleta a la escuela y recuerda que hasta sus padres tuvieron que hablar con el colegio para que le dejaran un sitio donde aparcar la bici, algo inusual para la gente de su generación.</p>
<p>Recuerda también que, pese a que sus amigos siempre hicieran bromas de su ‘alemanidad’ desde un lado muy amistoso, siempre soltaban algunas risas en clases de Inglés cuando ella mezclaba el idioma anglosajón con el alemán.</p>
<p>Su padre decide volverse a su país natal y ella, ya con temprana edad, empieza a viajar sola para pasar las navidades en su otro mundo. Su madre la dejaba en el aeropuerto de Lisboa y ella tenía una azafata privada que le acompañaba en todo su vuelo hasta encontrarse con su padre.</p>
<p>Pese al miedo que Paula tenía las primeras veces de esta aventura, ella estaba siempre muy contenta de volver a ver a su padre, aunque para ella era una barrera el idioma y sentía que no podía interactuar en los encuentros familiares. Daban por hecho que ella sabía el idioma, pero tan solo sabía pocas palabras que solo se sentía cómoda de usar en la intimidad. “Creo que este tipo de situaciones me hicieron ser muy observadora; atendía a ver el tipo de relación que tenían entre ellos, si estaban bien o mal, o si se habría generado un cambio en la conversación”.</p>
<p>En verano ella volvía a hacer el mismo viaje a Alemania durante un mes, y ahí sí era distinto. “Pasaba más tiempo a solas con mi padre, o mi padre quedaba con amigos que tenían hijos y con ellos podía jugar”.</p>
<p>Paula se hace mayor y decide darle un vuelco a su vida, o mejor dicho, adentrarse a conocer su otro mundo. Dice que era una decisión que su padre siempre había tomado por ella y que con 18 años se consolidó: “Paula algún día vendrá a Alemania a aprender alemán”. Además de venirse a aprender el idioma, Paula decide hacer su carrera de Medicina en Berlín.</p>
<p>Al ver todas sus maletas en el coche ella no entendía qué estaba haciendo. “¿Estoy dejando España por ir a un país donde no conozco nada?”; “¿Tengo que aprobar un examen de alemán antes de entrar en la carrera? con lo fácil que hubiera sido en España”. Ahora, mirando al pasado, ve esta decisión como algo muy gratificante y entiende cómo le hizo crecer como persona.</p>
<p>Hace dos años Paula sintió una gran crisis entre sus dos mundos. Sentía incluso que odiaba Alemania y a los alemanes y que solo tenía ganas de estar en España, y así fue como decidió dejar su carrera en ‘stand-by’ por algunos meses, y posteriormente hacer una beca Erasmus en Madrid que, por motivos pandémicos, le hizo volver a Badajoz. “Me pasé 15 meses de seguido en casa, y me sentaron de maravilla, fueron necesarios para volver con ganas a Alemania”.</p>
<p>Al ser una Paula distinta conoció un Badajoz distinto. Durante esos meses en casa decidió formar parte de Ecologistas en Acción, donde conoció a mucha gente nueva con intereses afines, y se dio cuenta de la cantidad de proyectos y personas que siempre habían estado ahí, pero que al ser ella diferente cuando marchó, y al no haber pasado los últimos años allí, no pudo conocer.</p>
<p>Gracias a ese tiempo y lo que en él creo, Paula ya no ve Badajoz como una necesidad de ir, sino como un sitio que siempre le espera con los brazos abiertos.</p>
<p>Después de ese largo tiempo Paula volvió en noviembre a Berlín, en pleno invierno y con las restricciones de la pandemia, y siguió con sus clases de Medicina online. Cabe decir que todo este tiempo Paula ha estado combinando su carrera de Medicina con la pasión por la música. Fue con 15 años cuando compuso la letra de su primera canción, la cual grabó 10 años después en su proceso de reconectarse con las raíces. “En España me resulta más fácil ponerme bajo el sol y crear; ¿seré ‘climatodependiente’?”.</p>
<div class="jeg_video_container jeg_video_content"><iframe title="El despertar - Paula Froh" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/hraBmQ97G1Q?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></div>
<p>Curiosamente Paula y yo coincidimos en Badajoz este último mes y volvimos el mismo día a Berlín. Cabe decir que somos personas que nos gusta quedarnos pegadas mirando el pasado, y los primeros días ambas debatimos entre las caras de nuestros dos mundos. “Aquí siempre están ocupados y no puedes proponerles cosas espontáneas”, pero agregaba Paula “aunque de allí a veces no me fio con tanta espontaneidad, te pueden fallar”.</p>
<p>Hoy en día, pese a todo, Paula tiene una premisa clara, que pertenecer a dos mundos me da más de lo que me quita. Ahora he integrado en mí lo que me gusta de cada mundo y aprendo a jugar con eso. Yo soy yo con estas dos realidades, ya no tengo miedo de mostrarlo.</p>
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		<title>Sentimiento castúo. Poesías &#038; vivencias desde el exilio. Grada 155. Alicia Morán</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alicia Morán]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 15 Apr 2021 02:07:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Alicia Morán]]></category>
		<category><![CDATA[Secciones]]></category>
		<category><![CDATA[Titulares]]></category>
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		<category><![CDATA[Musas de Extremadura]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<img loading="lazy" decoding="async" width="800" height="450" src="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/04/53_155_secciones_musas1.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="Sentimiento castúo. Poesías &amp; vivencias desde el exilio. Grada 155. Alicia Morán" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;" srcset="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/04/53_155_secciones_musas1.jpg 800w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/04/53_155_secciones_musas1-300x169.jpg 300w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/04/53_155_secciones_musas1-768x432.jpg 768w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/04/53_155_secciones_musas1-600x338.jpg 600w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/04/53_155_secciones_musas1-750x422.jpg 750w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /><p>Soy Alicia Morán, una extremeña que como tantos otros decidió dejar la Dehesa y empezar a sembrar semillas personales y profesionales en nuevos territorios. El Erasmus en Italia fue el primer paso de esta gran carrera, que posteriormente me impulsó a descubrir nuevas inquietudes y a querer aprender del mundo en sus distintos idiomas, culturas, identidades y paisajes.</p>
<p>Tras graduarme en ADE y Derecho la Universidad de Extremadura, hacer un Master en Comercio Exterior en Sevilla y trabajar posteriormente en varias empresas, decidí mudarme hace cuatro años a Berlín.</p>
<p>No sé por qué, pese a venirme a trabajar de lo mismo que venía haciendo en España, proyecté en esta ciudad que podría acercarme a mi creatividad, la cual antes no había tenido la oportunidad de explorar. Dicen que cada ciudad tiene su alma o esencia, y quizás ya por aquel entonces vi que Berlín era un ‘creativadero’ de almas en busca de misiones y ansiosas de experiencias.</p>
<p>Fue entonces, en ese momento en el que trabajaba como ‘business developer’ en una startup berlinesa, cuando comencé a sentir una gran crisis vocacional. No me importaba hacer lo que estaba haciendo, pero me preguntaba: ¿para esto he venido al mundo? ¿qué pasa con mi creatividad? ¿estoy dando lo mejor de mí en este trabajo?</p>
<p>En medio de todas estas preguntas decidí tomar otro tipo de Erasmus, esta vez dirigido a mi interior; el mundo exterior me había enseñado que existían miles de posibilidades de ser y encarar esta vida, pero que ahora necesitaba detenerme y buscar dentro de mí cuáles de todas esas potencialidades quería yo habitar, dónde quería posicionarme. En este camino encontré en la poesía un gran refugio donde canalizar todas estas incertezas. Aún recuerdo cómo escribía mis primeros versos protegida por la pantalla del ordenador de la empresa.</p>
<p>Tras batallar con mis mundos interiores (el que me decía que tenía que ser coherente con lo que venía haciendo, y el que me impulsaba a indagar en horizontes desconocidos), decidí dejar ese trabajo y tirarme al vacío.</p>
<p>Mientras empezaba a pagar el alquiler con otro tipo de trabajos que no me hacían replantearme mi vocación con su etiqueta, ya que tan solo me servían para tener algo de ingresos mientras debatía, probaba y jugaba con nuevas disciplinas, me surgió una gran necesidad. La poesía me estaba siendo un envase muy acertado de expresión que quería seguir desarrollando o, al menos, compartir, pero yo solo podía escribir en mi lengua materna y me quería quedar en Berlín a vivir. ¿Cómo combinaría estos dos deseos?</p>
<p>En Berlín había encontrado que había algunos eventos de poesía, pero eran en librerías o espacios que daban más respeto para una persona como yo, que no se autoproclamaba poeta. ¿Cómo puedo entonces compartir esto, en un ambiente más informal?</p>
<p>En ese momento mi necesidad se transformó en un <a href="https://www.instagram.com/pasajerodelmuro/?hl=es" target="_blank" rel="noopener"><strong>proyecto</strong></a> con nombre y apellido, y era noviembre de 2018 cuando en la escena underground hispanohablante se empezó a hablar de los encuentros hispanopoéticos. Espacios de micrófono abierto en bares o jardines comunales, cuando el buen tiempo lo permitía, donde se aceptaba cualquier tipo de texto y de lector, pues tenían una premisa muy clara: todos tenemos un poeta interior. Cada evento, igualmente, venía acompañado de una palabra, con la idea de que, además de que este concepto sirviera como disparador de los textos que iban a compartir, reflejara las distintas interpretaciones que las palabras crean en cada uno. ¿Es acaso la pertenencia lo mismo para ti que para mí?</p>
<p>Después, a estos encuentros de micrófono abierto se le sumaron laboratorios de escritura creativa, donde se analizaban las palabras propuestas y creábamos textos a partir de ellas y sus diversas interpretaciones en un ritual colectivo de escritura. Y así fue como muchos de los participantes como yo, que nunca se habían atrevido a compartir sus textos en público (a veces incluso los textos eran listas de la compra), empezaron a sentirse cómodos y a empoderarse en esta expresión.</p>
<p>En mi caso, toda la fuerza que me habían dado las personas que había venido a estos eventos se tradujo en la publicación de mi primer <a href="https://poesia.tv/la-busqueda-el-poemario-dinamico-de-alicia-moran/" target="_blank" rel="noopener"><strong>poemario</strong></a>, que tuve la oportunidad de hacer con <a href="https://editorialcuatrohojas.com/" target="_blank" rel="noopener"><strong>Cuatro Hojas</strong></a>, una hermosa editorial extremeña.</p>
<p>A raíz de ahí empecé a sentir que habitaba mi misión y que estaba más encaminada en mi propósito de vida. Entendí que necesito expresarme, pero también fomentar que las personas indaguen en su interior y lo hagan.</p>
<p>Muchos se preguntarán cómo se vive solo de hacer eventos de poesía. Y yo les respondería que lo importante es ir creándose una propia fórmula de equilibrio vital. Una ecuación donde las cosas que amemos hacer también tengan su sitio en esta balanza. En mi caso decidí hacerme autónoma y combinar esa pasión que es la que alimenta mi creatividad (aunque también formo parte de una compañía de teatro que me da mucha energía) con otros proyectos más vinculados al desarrollo comercial de empresas, mientras aplico a fondos, sigo desarrollando nuevas ideas, estoy abierta a aprender nuevas cosas y confío en la expansión de mis sueños.</p>
<figure id="attachment_171941" aria-describedby="caption-attachment-171941" style="width: 800px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-171941" src="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/04/53_155_secciones_musas2.jpg" alt="Sentimiento castúo. Foto: Cedida" width="800" height="450" srcset="https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/04/53_155_secciones_musas2.jpg 800w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/04/53_155_secciones_musas2-300x169.jpg 300w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/04/53_155_secciones_musas2-768x432.jpg 768w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/04/53_155_secciones_musas2-600x338.jpg 600w, https://www.grada.es/wp-content/uploads/2021/04/53_155_secciones_musas2-750x422.jpg 750w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /><figcaption id="caption-attachment-171941" class="wp-caption-text">Sentimiento castúo. Foto: Cedida</figcaption></figure>
<p>¿Y ahora, esto de sentimiento castúo que es? ‘Sentimiento castúo. Poesías y vivencias desde el exilio’ es una oportunidad que me ha concedido la revista Grada de poder crear una plataforma que dé acceso a las historias de otros extremeños que dejaron su tierra en busca de nuevas aventuras o proyecciones.</p>
<p>“Tierra de conquistadores, no nos quedan más cojones”, ese mantra del Robert que cantamos todos a veces con unas cervezas de más, es una realidad. Algunos nos fuimos por la adrenalina del viaje, pero otros marcharon porque sentían que sus aspiraciones no tenían hueco en esta humilde tierra, o porque su imposición o vocación laboral les obligó a hacer las maletas. Seguramente también habrá un par de románticos que se fueron persiguiendo el calor del amor. Pero sea cual sea la razón, todas merecen ser contadas.</p>
<p>Las dos provincias más grandes por extensión de España y solo albergan un millón de habitantes. Algo pasó para que se creara este desierto. Y está bien que nos guste comunicarnos con las cigüeñas, los cerdos o las encinas, pero ¿dónde quedan las historias de los que se fueron?</p>
<p>‘Sentimiento castúo’ pretende ser un acercamiento de estas personas a su tierra, un espacio donde, además de compartir sus vivencias, también pueda sentirse como una especie de refugio virtual donde pertenecer.</p>
<p>Pero no solo eso, como fomentadora del autoconocimiento y expresión artística, y sobre todo habiendo encontrado en la poesía una forma de sentir el exilio menos pesado, esta plataforma también invita a ‘los que se marcharon’ a que puedan compartir poemas, ficciones, cuentos o canciones; que puedan expresar la ambigüedad de los mundos a los que pertenecen desde un enfoque más poético.</p>
<p>Estoy curiosa de ver que seguramente habrá un denominador común entre la forma de expresión de los que nacieron abrazados por el sentimiento castúo. Pues la tierra que nos vio crecer, por muy lejos que vayamos, siempre nos pertenecerá cual inconsciente colectivo.</p>
<p>Cada mes compartiré con vosotros pensamientos, reflexiones, y poesías sobre diferentes temas que me atraviesan como inmigrante en tierras ajenas, temas que espero sean de inspiración. Además, invitaré a un extremeño en cada edición a que nos comparta sus andanzas, vivencias y poesías.</p>
<p>Por eso esta primera edición es una invitación a todos aquellos que tengan algo que contar. Los esperamos. Cada historia es única. Cada poema también.</p>
<p>Y ahora, os comparto una primera poesía de mi poemario ‘La búsqueda’. Una poesía que habla de mi lucha interna habitando el rol de migrante.</p>
<p><strong>Idas y venidas</strong></p>
<p>Regresé<br />
como antes solía hacer.<br />
Volvía, palpaba, contemplaba,<br />
veía mis orígenes<br />
en el espejo de mi alma.</p>
<p>Regresé<br />
como no me gustaba hacer,<br />
huir de nuevo de las raíces,<br />
con la razón,<br />
con la que lo hice ayer.</p>
<p>Regresé<br />
para volver a volver,<br />
para sentir que mi familia<br />
aún me ve crecer.</p>
<p>Daba vueltas<br />
entre aviones baratos<br />
me transportaba así<br />
de un sueño al otro<br />
cada rato.</p>
<p>Al final,<br />
¿cuál me pertenece?<br />
¿con quién he hecho el<br />
trato?</p>
<p>La melancolía<br />
me movía a la deriva<br />
entre olas del ayer<br />
yo me perdía.</p>
<p>¡Qué difícil es crecer<br />
y reafirmar lo que dices ser!</p>
<p>¡Qué dañino es regresar y<br />
amar lo que decías odiar!</p>
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