Una de rosas. Carolina Mogollón Rodríguez

La cotidianidad del trastorno mental grave en el confinamiento. En estos momentos en los que todos somos un poco como aquel Principito, en nuestros micromundos, aislados y ávidos de afectos, aferrados a nuestros zorros y rosas, me siento en la obligación de contar la realidad que tengo el privilegio de ver cada día, desde hace más de 16 años.

Mi nombre es Carolina Mogollón, ciudadana, hija, nieta, cocinillas, pero también trabajadora social que ejerce en el ámbito de la salud mental, más concretamente en el Centro de Rehabilitación Psicosocial de Badajoz.

Las circunstancias de la rehabilitación psicosocial no son fáciles; un sector especializado, formado para ofrecer servicios de calidad basado en evidencia científica, eso sí, a precios de continuas rebajas. Lo que compensa, lo que contrapone a altas cargas de trabajo en agenda y nóminas bajas, es, sin duda, el salario emocional que supone poder acompañar a personas con problemas graves de salud mental en sus propios procesos de recuperación. Poder ver, en primera fila, las grandes gestas de cientos de personas que hacen de lo cotidiano hazañas estoicas al tener que superar dura sintomatología y la mochila del señalamiento social y las trabas de una comunidad que nada quiere entender de diversidad funcional, aunque habite en la puerta de al lado.

La situación de confinamiento toca la línea de flotación de la salud mental de todos, aparecen en la vida de la población general la ansiedad, el insomnio, las dificultades cognitivas, etc. Podemos aseguraros que ni tan siquiera nos aproximamos al sufrimiento emocional de cientos y cientos de personas con un trastorno mental grave en Extremadura. Y son esas personas las que están haciendo un confinamiento sereno, callado, adaptado, sin estridencias, sin demandas, sin quejas.

Ha tocado quedarse en casa, y nos quedamos; es la valentía de lo simple, es la complicación de una soledad, por desgracia demasiado común para las personas que sufren en nuestra sociedad. Y, más allá de un sufrimiento silenciado, los profesionales de rehabilitación psicosocial, lo que estamos viendo es un afrontamiento lleno de adaptación, de responsabilidad, de preocupación de ellos por nosotros, y permitidnos que esta vez no hablemos los profesionales como representantes, sino que demos voz a muchos de ellos, que generosamente nos dan su testimonio.

A.C., persona usuaria de la red pública de salud mental: “A mí el estado de confinamiento no me ha afectado, sigo haciendo ejercicio físico en casa. Tomo el aperitivo aprovechando para hablar con mis amigos y familia, con la que tenía planes esta Semana Santa, y me sirve para verlos más cercanos. También me conecto con la gran familia del CRPS en Skipe, me hace ilusión verlos y seguir el contacto. Este centro se preocupa mucho por los usuarios y lleva un estrecho seguimiento por parte todo el personal. Hablen con personas que tengan problemas mentales para saber cómo están y no imaginen o inventen lo que no es. Somos unos campeones y lo demostramos día a día, aunque no tengamos que hacerlo. Cumplimos nuestros propios retos y seguimos hacia delante.”

I. G., persona usuaria de la red pública de salud mental: “A pesar de padecer una enfermedad mental, gracias a los profesionales que me atienden y a sus recomendaciones voy pasando día tras día con la esperanza que el confinamiento va a terminar.”

A. J., persona usuaria de la red pública de salud mental: “Tener una enfermedad mental no va acompañado de no poder tener una vida normal, soy y somos una persona más, con nuestras dificultades puede que más recalcadas que el resto, pero al fin y al cabo de todo se va aprendiendo. Diría que somos personas valientes y guerreras que luchan día a día con su monstruo, pero sin dejar que gane la batalla. Todos tenemos nuestros días buenos y malos y nosotros no somos menos. Con nuestro tratamiento y ayuda de especislistas en este tema tan tabú y estigmatizado hoy en día podemos hacer vida normal, aunque puede que nos cueste más, por eso puede que tenga más valor que en los demás incluso. Pero no somos raros, ni causas perdidas, ni un estorbo; simplemente tenemos barreras más altas que el resto pero que también somos capaces de superar, porque con ganas e ilusión todo se puede. Luchemos para que la enfermedad mental no sea tan impactante en los demás y lo vean como una enfermedad más, porque al fin y al cabo todos somos distintos y cada uno tenemos nuestros pros y nuestros contras; por un mundo en donde la enfermedad mental no sea un impedimento, ni algo catastrófico. Recuerda que soy igual que tú. Atentamente, una paciente con depresión, ansiedad y mil miedos”.

Y al lado de cada persona, su familia. No pensemos que nuestro sistema cubre todas las necesidades de las personas con diversidad funcional. El soporte, atención y cuidado fundamental recae sobre la familia. Y ante tanta llamada, adaptación de grupos a videollamadas, etc., hay detrás personas tan valiosas y persistentes como esta, que son capaces de ver, en ocasiones, entre muchas limitaciones, mucha luz.

L. P., madre de una persona con un problema de salud mental: “Quiero contarte que a pesar de que mi hija no quiere salir ni tan siquiera a bajar a nuestra perrita y tiene sus días ‘malos’, esta mañana me ha sorprendido, pues tenía un rosal muy enfermo, iba a tirarlo, pensando que estaba muerto; pues ella, con sus mimos y constancia ha conseguido que vuelva a brotar. Al mirar la ventana y ver la flor que nos ha ofrecido nos hemos abrazado contentísimas y super emocionadas ella me ha dicho: puedo dar vida madre; y eso me ha llenado de energía para comprender que, aun estando dentro de ‘sus cosas’, como dice ella, tiene una capacidad enorme para sentir, amar y emocionarse, y hacer que yo pueda mirar la vida más cerca con ella. Esto quizás te parezca cursi, pero ha sido una gran lección”.

Y así, con distancia entre compañeros, adaptando las intervenciones a la teleasistencia, el trabajo de la rehabilitación eminentemente de piel, de cercanía, de acompañamiento, ahora toca transformarlo para continuar apoyando en distancia. Un momento que nos está mostrando, más si cabe, la fortaleza que existe en los que utilizan nuestros dispositivos, que existe mucha salud aun cuando muchas partes están dañadas en la persona, que lo único imprescindible son ellas y sus entornos. Que la recuperación tiene tantas formas como personas y que puede que no lo veamos, pero la primavera sigue su curso, la recuperación es posible.

Las circunstancias nos resitúan y nos recuerdan que los procesos son de las personas y no de los profesionales. Que, a lo largo y ancho de toda Extremadura, muchos profesionales nos sentimos muy cuidados por los usuarios de la red, ¡qué circulo tan completo!, porque las situaciones pulen los roles habituales, nos humanizan y nos acercan. Ante esto, nos acordamos de la cita: “Yo soy responsable de mi rosa… repitió el Principito a fin de recordarlo”.

Carolina Mogollón Rodríguez
Trabajadora Social
Presidenta de la Asociación Extremaña de Rehabilitación Psicosocial

La rosa de A. y L. Un balcón cualquiera de Badajoz