Proyecto ‘MUS-E’. Arte inclusivo. Grada 102. Primera Fila

Que la música, y las artes en general, constituyen un valioso elemento de formación de la persona en su plena integridad es algo bien sabido, por lo cual iniciativas como el proyecto ‘MUS-E’. Puesto en marcha por la Fundación Yehudi Menuhin, tienen un valor capital, puesto que se dirigen a alumnos en riesgo de exclusión social, trabajando en el ámbito escolar con las artes como herramienta favorecedora de la inclusión social, educativa y cultural, mejorando así su rendimiento escolar y ayudando también a sus familias.

Hemos querido conocer más esta labor, charlando con una de las personas que más años lleva trabajando por ella en España, el extremeño Pedro Cruz Pereira.

Se podría decir que Pedro, bailarín y coreógrafo, rezuma danza por cada poro de su piel. Con unos inicios en los que le costó convencer a su familia y entorno de que la danza es una profesión como otra cualquiera, sin connotación alguna, luchó por abrirse hueco en el mundo del ballet. Y solo el infortunio de una lesión truncó por un tiempo sus sueños y aspiraciones.

‘MUS-E’, que significa ‘Música europea’, fue el nombre elegido por Menuhin para su iniciativa, que quería ofrecer el arte como vehículo de expresión para niños que no lo conocerían de otra manera, por su situación social y educativa. Se trataba de encontrar un instrumento para fomentar la escolarización y normalización; y enseñarles a cumplir metas en el trabajo, como pueda ser prepararse para actuaciones ante el público, lo cual también es una motivación añadida.

Para Pedro Cruz siempre fue un reto trabajar con personas con dificultades, sea por su discapacidad o por su entorno. Empezó con una llamada de los responsables del Teatro López de Ayala y posteriormente su trabajo llegó al colegio de educación especial Los Ángeles, una experiencia casi pionera en España. “Actualmente -dice Pedro- trabajamos ya con niños con diversidad de discapacidades”.

El marco social de muchos de los chavales dificulta en un principio que se unan a esta iniciativa; romperlo es difícil. Sin embargo, y curiosamente, no funciona en estos chicos la identificación tópica de la danza como algo particularmente femenino.

La repercusión pública del proyecto, que ya era conocido a nivel de centros educativos, está ampliándose con la ayuda de internet, y busca extender su influencia a colegios en los que se pueda incluir como método de trabajo en el currículo escolar. Se trata de un proyecto basado en una programación exhaustiva y sometida a controles, aunque no evaluables.

A este proyecto también le afectó la crisis económica y tuvo dificultades por los recortes económicos, pero su buena estructura profesional y documental le ha permitido resistir.

Es especialmente importante para Pedro Cruz la implicación de los alumnos de su academia, que han superado el estigma de ir a trabajar a zonas sociales no precisamente cómodas, lo que les ha supuesto una revolución en su escala de valores, y a apreciar más todo cuanto les rodea.

El grupo, compuesto por integrantes de su academia y alumnos del colegio Los Ángeles, viajó recientemente a Madrid y actuó ante Su Majestad la Reina Doña Sofía, mostrando, según Pedro, una cohesión y una capacidad de interrelación absolutamente estupenda, por el importante fomento de la convivencia y la integración de chicos de varias ‘sociedades’ en un mismo entorno.

Para los alumnos del centro de educación especial, dotados de una mirada limpia de simbolismos, el viaje a Madrid suponía también, más allá de “la señora bien peinada” que les saludó, descubrir un ambiente muy diferente al habitual, y poder ver edificios como los estadios de fútbol Santiago Bernabéu y Vicente Calderón. El cambio de entorno ha supuesto en algún caso adquirir nuevos hábitos para su vida diaria, como aprender a masticar correctamente.

Pedro, que lleva 19 años desarrollando el proyecto, habla con ilusión de todos, destacando el caso de Micky, un chaval sordo con el cual trabaja desde que tenía 6 años, que siente la música de una manera especial, y un chico feliz que aprende, por sí solo, las coreografías de Michael Jackson.

Pedro admite que el trabajo cansa, pero siempre puede más su ilusión, ya que ha aprendido a reinventarse cada día, a crear continuamente nuevas estrategias de trabajo y a luchar por “sus chavales” como si fueran parte de su familia.

Para finalizar, lo único que pide es que las instituciones no se pongan de perfil y que la sociedad no les ponga obstáculos.

Anuncia Maján.

Más información: http://fundacionyehudimenuhin.org/programas/mus-e/

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