Pasiones del alma. Grada 114. Félix Pinero

Asumimos diversas pasiones, aunque su primer significado sea el de padecer. Hay otra pasión que es la inclinación muy fuerte hacia otra persona, la pasión del amor: “Te amo con pasión”; una pasión por la madre, por la pareja o los hijos. La pasión como vocación o inclinación vehemente por algo: “Tengo pasión por el arte”. No fuere en sí misma la pasión una acción perturbadora del ánimo, aunque pueda devenir en él. En el amor se deja en ocasiones a un lado la racionalidad, a la que se superpone la emoción, liderada por el corazón, no por la cabeza. En el amor, la pasión conduce a alguien a renegar de sus principios, dejándose llevar por sus sentimientos, que puede llevar al maltrato de la persona amada, o incluso a privarle de la vida, en una pasión desenfrenada, que mezcla sentimientos opuestos. La pasión asociada al amor se expresa sin ambages: “¡Qué pasión de madre!” le oí decir a la prima Chon a su madre, Isidra, que estuviere junto a ella. La familia era, entonces, una pasión de amores. Recordando aquella frase que me impactare siendo niño, tomé un día la mano de una mujer, anudé mis dedos a los suyos, y exclamé: “¡Qué pasión de amiga!”, en el desamparo quizá del amor ausente de su nombre, que pareciere indicar lo contrario. No hay límites a una pasión de expresión de los sentimientos, cuando la pasión muestra un deseo limpio de alma y corazón.

La pasión tiene un significado más positivo que peligroso. Hay, en cambio, pasiones desenfrenadas, que devienen en el fanatismo o la obsesión; esta, por intentar lograr lo que no se desea; aquella, por el fanatismo de ciertos aficionados al fútbol que, en su pasión desbocada, les lleva a un comportamiento violento y discriminatorio respecto a los aficionados de equipos rivales.

Las pasiones desenfrenadas matan. “Amaba tanto su trabajo y se entregó a él de tal manera que se fue al huerto de cruces”; “la amaba tanto que la quería solo para sí: o eres mía o no serás de nadie”. Sin razón, la pasión es estéril. La razón necesita la pasión por la razón, no la perturbación del ánimo por aquella. La razón es el orden; la pasión, sin razón, el desorden. La pasión conduce, a la postre, al desconsuelo; la razón a la verdad. El apetito pasional ha de alimentar una pasión apasionada por la verdad que, en ocasiones, no es la nuestra, si acaso una razón de la verdad.

La Pasión con mayúsculas hace referencia a la pasión de Jesucristo, que se inmoló en la cruz para redimir los pecados del mundo. ¿Pudiere haber mayor pasión que la de quien entrega su vida por los demás?, como los soldados y las Fuerzas del Orden por su patria, al contrario de lo que hacen hoy tantos hombres que se la arrebatan a quienes dicen amar. El amor, o la passio, la acción de padecer.

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