Buscar

La vaca. Grada 166. Amparo García Iglesias

La vaca. Grada 166. Amparo García Iglesias
Foto: Amparo García Iglesias

El objetivo de esta conocida parábola es recordar que en ocasiones nos apoyamos en el conformismo y de este modo tenemos la excusa o justificación perfecta para quedarnos estancados.

Un maestro, mientras paseaba con su joven y fiel aprendiz, le comentaba la importancia del aprendizaje que obtenemos cuando conocemos diferentes formas de vida; así, le ofreció la oportunidad de visitar el cobertizo de madera que se vislumbraba a lo lejos. Cuando llegaron, el joven pudo observar la pobreza del lugar; una chabola, en malas condiciones de habitabilidad, era ocupada por una pareja y tres hijos que correteaban descalzos y con ropas ajadas.

El maestro preguntó al padre de familia: “En este lugar, donde no existen posibilidades de trabajo y los comercios están lejos, ¿cómo hacen para sobrevivir?”.

“Tenemos una vaca que da bastantes litros de leche al día, una parte la vendemos o cambiamos en el pueblo por otros alimentos y con la otra parte elaboramos cuajada, queso… para nuestro consumo, y así vamos tirando”, contestó el hombre.

El maestro agradeció aquella información y cuando se alejaron del lugar le dijo a su aprendiz: “Busca la vaca, llévala al precipicio que se ve allí enfrente y empújala por el barranco”. El joven miró horrorizado al maestro y le dijo: “¡Pero si es el único medio que tienen para subsistir!”. El maestro se mantuvo en silencio y el aprendiz, cabizbajo, fue a cumplir su misión.

Después de unos años el joven no había podido desechar el sentimiento de culpa, y un día volvió al lugar para confesar lo que había hecho y pedir disculpas a la familia. Al llegar observó que todo estaba cambiado, había una enorme casa, con un coche aparcado en la puerta y un gran jardín; angustiado, pensó que aquella familia habría vendido el terreno para poder seguir viviendo. Caminó deprisa y un hombre muy alegre se le acercó. Al aprendiz le faltó tiempo para preguntar: “¿Qué fue de la familia que vivía aquí?”. El hombre le respondió: “Siempre hemos vivido aquí, teníamos una vaca que cayó por el precipicio y murió; entonces nos vimos en la necesidad de desarrollar otras habilidades que pensábamos no estaban en nuestras manos, y así fuimos creciendo”.

El joven aprendió la lección. El verdadero enemigo del éxito se encuentra en los miedos que nos frenan y nos llevan a imponernos limitaciones; sin embargo, es posible encontrar la felicidad cuando aceptamos los retos que van surgiendo, siendo capaces de utilizar nuestro potencial al máximo y vivir libres de vacas.

¿Y tú, tienes alguna vaca en tu vida?

ENTRADAS RELACIONADAS

Cajalmendralejo continúa aumentando su red comercial en Extremadura, en este caso con una nueva oficina en la localidad pacense de...
El Ayuntamiento de Mérida ha puesto en marcha un curso de monitor de ocio y tiempo libre con especialización en...
La Universidad de Extremadura lidera un estudio internacional que ha reconstruido la vida y el estado de salud de los...
Una nueva edición del Festival Ruralia Extremadura ha convertido siete localidades en destinos para disfrutar de la música y el...
Cantante y compositora emeritense de 27 años, Selene Cidoncha ha convertido la música en una forma de entenderse, resistir y...
Cierto día el dueño de una furgoneta sacó del vehículo uno de sus asientos de tres plazas y decidió dejarlo...

LO MÁS LEÍDO