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‘Sin nombre y sin amigos’, de Emily Mary Osborn

‘Sin nombre y sin amigos’, de Emily Mary Osborn
Foto: Wikimedia Commons
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Emily Mary Osborn, pintora inglesa de la época victoriana, fue educada por su madre, quien la motivó para que desarrollara todas sus aptitudes artísticas. A los 14 años llega a Londres y comienza a formarse con sendos maestros sobre paisaje, retrato y pintura de historia. A lo largo de su vida se codeó con personas ricas e influyentes, y entre su clientela se encontraba la propia reina Victoria. Tras la muerte de su madre dejó de pintar, y sirvió como enfermera en la guerra franco-prusiana junto con una de sus hermanas. Nunca se casó, y falleció con 97 años.

Dejó en sus pinturas al mismo tiempo muestras de delicadeza y crueldad, y a menudo trató el tema de la mujer víctima o infeliz. ‘Sin nombre y sin amigos’, de 1857, presenta a una joven viuda o huérfana, en compañía de un niño, que lleva un cuadro a la galería de un marchante de arte, quien examina la obra con condescendencia; dos clientes miran de soslayo a la joven mientras sostienen un cuadro que representa a una bailarina; el asistente del marchante estira el cuello tratando de apreciar qué es lo que ofrece la muchacha. La pintura refleja la obligación de vender el cuadro para obtener dinero; la joven parece avergonzada, fijando su mirada en el suelo, mientras deja apoyado el paraguas sobre la mesa, que gotea hasta formar un pequeño charco. El desamparo que transmite la pintora británica es evidente; advierte de la difícil posición en la que se encuentra la mujer en la sociedad de la época sin un varón que la amparase. Enfrentarse a ese mundo solo podía traer consecuencias nefastas para las valientes que se arriesgaron a hacerlo.

Emily Mary Osborn fue miembro de la Sociedad de Artistas Femeninas. En 1859 suscribió una petición a la Real Academia de las Artes para abrir sus escuelas a las estudiantes, ya que hasta entonces se veían obligadas a aprender en academias privadas o con profesores. Las mujeres eran excluidas de las academias públicas de arte con las excusas más peregrinas: iban a entretener a los alumnos varones con sus encantadoras cabelleras y sus vanas ideas; podían sentirse azoradas con los desnudos masculinos… Por otro lado, las escuelas privadas tenían precios más elevados para las mujeres que para los varones, de forma que solo las que provenían de familias adineradas podían costearse una formación decente.

Aunque su producción no fue excesivamente amplia, sus obras son de gran interés, no solo desde el punto de vista puramente artístico, sino también por los temas que trataba y por su enfoque, lo que en alguna ocasión ha llevado a que se hablara de ella como de una pintora protofeminista.

Crédito de la imagen

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