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‘Autorretrato de mi hermana’, de Gertrude Abercrombie

‘Autorretrato de mi hermana’, de Gertrude Abercrombie
Foto: Arts Institute Chicago. Licencia Creative Commons Zero (CC0)
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Los padres de Gertrude Abercrombie eran cantantes de ópera. Experimentó una infancia itinerante, un estilo de vida truncado por la I Guerra Mundial. Fallecida en 1977 a los 68 años, pasó la mayor parte de su vida en Chicago, donde su apartamento en Hyde Park fue un espacio de encuentro vanguardista frecuentado por iconos del jazz, así como por una comunidad de artistas queer y progresistas.

Artistas contemporáneos la describen como una mujer muy graciosa e introspectiva, de personalidad magnética. Su casa siempre desbordaba energía y estaba llena de gatos (incluso apuntaba en una libreta los que había tenido y lo que había sido de ellos), tocaba el piano y no había nada que le gustara más que sentarse ante el teclado con alguien como Dizzy Gillespie o Miles Davis con sus instrumentos. Rechazó las convenciones sociales y las normas de género, con falta de interés en la maternidad y una vida sexual activa fuera del matrimonio.

Sus cuadros parecen reflejar una terrible soledad. La gran mayoría representa a una mujer sola en parajes desolados. Mujeres buscando, andando, a veces acompañadas de un animal. Reconocía que carecía de técnica; para ella había buenos pintores y mejores artistas, y consideraba pertenecer a esta última categoría. Entre las pocas influencias que reconocía estaba el pintor belga René Magritte, padre espiritual de su obra.

Exploró una iconografía personal que retrataba un mundo más allá de lo humano, tan maravilloso como inquietante. Sus extraños árboles se entremezclaban con una colección de objetos y entidades, incluyendo búhos, gatos, conchas marinas, dados, torres, muros y puertas exentas, magos, escaleras, huevos, lunas y mujeres altas, ágiles y de cabello oscuro.

Daba a las cosas una impresión marmórea y fría. Sus naturalezas muertas, austeras como sus interiores, presentan configuraciones sencillas de sujetos sobre fondos lisos y estériles. Sus paisajes son desolados y severos, evocadores como un cuento de Edgar Allan Poe. Su paleta gira en torno a grises acerados, blancos fríos y negros serios, combinados con ocasionales tonos intensos de azul celeste, verde bosque, rosa concha y granate.

Su salud empezó a resentirse a finales de los años 50 por culpa del alcohol; sufría de artritis y tenía problemas financieros. A partir de 1959 no podía moverse sola y acabó confinada en la cama.

Gertrude Abercrombie fue una de las artistas más famosas de Chicago durante casi 35 años. Luchó contra la depresión y la inseguridad, pero durante toda su vida como pintora supo mantener el equilibrio entre el misterio y la realidad, la tragedia y el humor. En una de sus últimas entrevistas dijo: “Pinto como pinto porque estoy muerta de miedo. Me parece un milagro que estemos vivos, ¿A ti no?”.

Crédito de la imagen

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