La novela, como sabe el lector, es el género literario más difícil. En su confección trabaja la imaginación para dar forma a la trama, teniendo que conjugar los tiempos y, a la vez, despertando interés en el lector, a base de suspense unas veces, otras por la exposición de hechos curiosos, o por la originalidad literaria o temática de lo que se relata.
Cuando nos asomamos a los escaparates de las librerías vemos una colección de títulos, algunos de novelas. Y ante esta novedosa entrega de Juan Estepa, resulta que puedo decir que se nos ofrece un trabajo original. Ante ella el lector puede preguntarse ¿Qué tipo de novela es la que ha escrito Estepa? ¿Es de ficción? ¿Tal vez policíaca, romántica a los mejor, de caballería, de terror, fantástica o epistolar…?
Pues en ninguno de esos géneros podemos encuadrar la trama humana que aquí se cuenta, ya que estamos ante una novela histórica y realista.
También, y ese es un gran valor, estas páginas contienen, son, un testimonio, porque el autor ha sido testigo en gran parte de lo narrado. Y en aquello en lo que no fue protagonista ni observador de los hechos, valen sus largas horas de investigación que le confieren a estas letras la categoría de auténticas.
En el mundo de la micología, una ciencia que, como saben, trata de los hongos, y suelen clasificarse, a los que esa actividad practican, como de ‘seteros de libros’, son los que han profundizado en esta materia científica. Y hay otros, algunos sin saber leer ni escribir, pero que, con su analfabetismo a cuestas, recogían setas y no se envenenaban porque había recibido una sabiduría ancestral, heredada y transmitida de padres a hijos. Eran los ‘seteros de setas’. Estepa muestra ser las dos cosas, tanto por sus investigaciones como ‘setero de libros’ como por su conocimiento palpable de la minería y de los contactos con pastores con los que habló, o con sus descendientes, siendo por ello es ‘setero de setas’. De tal manera que los personajes que conforman la trama novelística, y aunque algunos aparecen con nombres cambiados, son de carne y hueso; han existido.
El autor, por lo tanto, cuando se puso a escribir ya contaba con los personajes y sabía el argumento, los personajes aquí retratados son suyos; quiero decir que no le sucede como a Luigi Pirandello, al que le buscan seis personajes, cuando se está ensayando una obra de teatro, pidiendo sitio para contar su propia historia. Pirandello busca ese recurso para ofrecernos una de las obras más importantes del teatro moderno.
Para dar a conocer Estepa lo que sentía como parte vital de su trayectoria ha logrado el respaldo dentro de la colección Extremadura, del grupo Sial Pigmalion. Y ha tenido suerte porque la proliferación de sellos editoriales de medio pelo es tanta que muchas publican títulos solo llevadas por el interés económico, o porque el autor o la autora son conocidos.
No hace mucho, en sus artículos de fin de semana Pérez Reverte escribe en El Semanal, un artículo titulado ‘Las editoriales tienen muy poca vergüenza’ y dice: “Apenas hay presentadores de televisión, de youtuber o famoso que, por sugerencia de editoriales sin escrúpulos no pruebe suerte con una novela”. Y cuenta lo que le ha escrito un amigo suyo, reconocido fotógrafo, que le decía porque le ha llamado una editorial: “Yo alucino, colega, se les ha ido la pinza. Me dicen que el tema les da igual. En mi vida he escrito una puta novela, ni intención tenía, pero me ofrecen 3.000 pavos de adelanto, así que igual les coloco algo”.
Y añade Pérez reverte: “Dense una vuelta por las mesas de novedades y comprobarán que lo de mi amigo JEOSM no es anécdota suelta. Sino indicio de una estrategia editorial sin escrúpulos que, como una mancha infame, envilece lo que aún llamamos literatura”. De modo que, sin saberlo, compramos camamas producidas no por novelistas sino por ‘nove-listos’.
Por fortuna no es el caso de Estepa, pues en las páginas bien ahormadas ustedes pueden deleitarse con una novela ambientada en el mundo real, pero también en un mundo próximo-pasado, y de interés histórico y costumbrista para las tierras extremeñas, que es como decir leonesas. Lo que escribe Estepa tiene la garantía del estudio y de las vivencias, sin edulcorantes ni fantasías, también sin añadidos sobrenaturales, porque es un argumento desnudo de extravagancias y tan rotundo en sus maneras como la vida misma.
El autor es un comandante de Ingenieros, académico de la RAEX y miembro de la Asociación Española de Militares Escritores. Hace 45 años que se inició en la investigación de la Mesta. En su casa guarda una interesante colección de minerales para rememorar a diario sus tareas pretéritas. De modo que cuando deambula por los pasillos de esa vivienda se le despiertan episodios de sus días como funcionario o militar. Es como si resucitara otros momentos, cuando transitó por las cañadas o cuando, con linterna y casco, conoció las lúgubres galerías de una mina de España.
Feliciano Correa
Académico de Número de la Real Academia de Extremadura