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‘Cantinflas’, único

‘Cantinflas’, único
Ilustración: Enrique Martín

Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes, conocido mundialmente como ‘Cantinflas’, vio la luz por primera vez el 12 de agosto de 1911, en el centro de la ahora llamada Ciudad de México. Su infancia transcurrió en Santa María La Redonda y el populoso barrio de Tepito. Aunque menos conocidos también popularizó los nombres artísticos de ‘El Mimo de la gabardina’ y ‘El Charles Chaplin mexicano’. Fue ‘Cantinflas’ una invención del propio Mario Moreno, un personaje de hablar enrevesado, que vestía pantalón caído debajo de la cadera, un particular sombrero y un pañuelo rojo al hombro. Él mencionó en alguna ocasión que se inspiró en el pueblo al crearlo. Desde su primera actuación en la carpa Garibaldi, y después en todo el orbe, ‘Cantinflas’ fue ‘Cantinflas’.

Su popularidad como cómico interpretando al personaje con el que pasó a la historia no puede ocultar que detrás, o delante, como lo prefieran, hubo un torero que gozó en su faceta cómica de un gran éxito. En un reportaje de NO-DO, Matías Prats comentaba un concurso de saltos desde un trampolín a una piscina. La perfección de los saltos atraía la atención de todos los presentes, que contenían la respiración con sus acrobacias. En los descansos, unos saltadores vestidos de payasos los emulaban con una gran comicidad. A Matías, redactor además de locutor en esa ocasión, se le ocurrió decir de estos últimos que “a la hora de hacerlo bien, preferían hacerlo mal, para que así les saliera mejor”. Está en los archivos del noticiero. ‘Cantinflas’, Mario Moreno, al torear, también prefería hacerlo mal, para que así le saliera mejor. Cuentan que Luis Miguel ‘Dominguín’, con quien toreó durante el rodaje de la película ‘La vuelta al mundo en ochenta días’, quedó gratamente impresionado al ver sus aptitudes. Algo tendría.

Fue el mexicano una figura del toreo cómico. En un delicioso libro de Rolando Rodríguez y Galván, editado en México, se apuntan algunos datos del ‘Cantinflas torero’, así se titula la publicación. Nació al mundo de los toros el domingo 30 de agosto de 1936 en la plaza de Vista Alegre y llegó a ser en 1942 fundador y presidente de la Unión Mexicana de Toreros Cómicos. En 1946, hay que dar saltos muy grandes en el tiempo para solo apuntar pequeñas cosas de una dilatada carrera, un cartel de la plaza El Toreo, anunciaba para el 19 de febrero un gran festival. En la parte superior se anotaba “media docena de ases mexicanos y españoles y ‘Cantinflas’ en un solo programa”. Y en letras grandes: ‘Manolete’, ‘Armillita’, Silverio, Procuna, Pepe Luis y Pepín Martín. Así lo dice textualmente. Con letras cuatro o cinco puntos mayores se puede leer: “‘Cantinflas’, monstruo, entrecomillado, de la gracia, lidiará…”. Su novillo se lo brindó precisamente a ‘Manolete’. Cuentan, será verdad, que sacó al cordobés al tercio, de eso sí hay una instantánea, y le dijo: “De Monstruo a Monstruo, joven”.

En el citado libro se incluye una cita de este torero cómico, con su particular lenguaje, que refleja su respeto por el mundo del toro: “Con permiso de la autoridad, yo he hecho muchas veces el paseíllo, y pueden creerme que el miedo no anda en burro… ¡sino en toro! Y es que el toro va a lo que va y el matador viene a lo que viene, y si el que va se encuentra con el que viene, y no hay un entendimiento, entonces ya sabe a lo que se atiene”. Naturalmente, el toreo no podía ser ajeno al cine en el que triunfó. He visto la mayoría sus películas, al menos las que se comercializaron en España, y poseo una gran cantidad de ellas. Puedo dejar alguna en el olvido pero en ‘Toreando bajo el paraguas’, ‘El gendarme torero’, ‘Ni sangre ni arena’, ‘El as de la torería’, ‘Olé mi gabardina’ y en la citada al comienzo, ‘La vuelta al mundo en ochenta días’, en todas ellas toreó. Lo hizo por última vez en el celuloide en ‘El padrecito’, enternecedora cinta de denuncia social.

Se despidió de los ruedos el 19 de febrero de 1974, ya contaba 62 años, en un festival a beneficio del Ejército celebrado en la Monumental Plaza México. Falleció en su residencia de Las Lomas, de Vilahermosa (Cuajimalpa), en la Ciudad de México, el 20 de abril de 1993. Transcribo las frases con las que cerré su biografía en el tomo 12 de ‘El Cossío’. Con infinito pesar escribí: “Con esta noticia triste, quizás más que otras por tratarse de una persona que hizo reír a los niños, y no tan niños, del mundo entero, se cierra la biografía de un mexicano universal”.

Un año antes de su óbito, su universalidad se instaló para siempre en letras de molde. La Real Academia Española incluyó el verbo cantinflear en su diccionario. Dice este que cantinflear es: “Hablar o actuar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada con sustancia”. Pero no siempre fue así el discurso del torero. Vean algunas de su últimas películas.

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