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Acína palrraban loj chinatoj, ya jade á

Acína palrraban loj chinatoj, ya jade á
Dos jóvenes con el traje típico de chinatos (1967). Foto: Colección familiar
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‘La gallina de los huevos de oro’. Autor: Esopo. Samaniego hizo su propia versión y he aquí una versión en chinato:

Poj miatú, lo quejel anzia.

Jade á, que vivió en el pueblo un egoijta, interezao, jurraño, y mu ricachón.

Mia tu poronde, jue al melcao y melcó una gallina, que cuanti empedó a ponel guevoj, redulta que ponía uno de oro toitoj loj diaj.

La gallinita le jué jadiendo maj y maj rico, con tanto guevo de oro. No zabia zi vendelloj al oribe o ejcondelloj en una troje de la riba, debajo un montón de cebá.

¡Menua mina tie que tenel dentro ejta gallina¡. Penzaba el joio ricachon.

¿Paque tengo yo quejperal el guevo de to loj diaj? ¿No cerá mejol que ce lo zaque toj duna ve y aluego me jago un gido y majorro la comía de la gallina?

¡Cudiao, cudiao que anzia!

Acina que dicho y jecho. Y ¿que padó?

Poj que ce queó a doj velaj, adentro de la probe gallina pol mucho que rebujcó, no jue quien de topal el tedoro. ¡Pa que tu veaj!.

¡Amo je!, cuanto joio ajquerodo hay que tiniendo mucho de tó quien antovia maj y a toa prida, y porel mejmo anzia, cequean a vellaj venil.

Quien escucha hablar a una persona de Malpartida de Plasencia por primera vez, aunque se exprese en castellano, suele notarlo enseguida. Hay algo en la manera de decir, en el ritmo y en la entonación que distingue esa voz de otras cercanas. No se trata de que hoy se hable habitualmente en el habla chinata, cuyo uso cotidiano es ya socialmente inexistente, sino de que pervive un acento local reconocible, una forma particular de expresarse y de relacionarse con el interlocutor.

Más que el uso pleno del habla chinata como variedad lingüística diferenciada, lo que se conserva es su huella sonora y expresiva, visible en la cadencia del discurso, en la manera de enfatizar y en ciertos giros comunicativos. Esa forma de hablar, transmitida de generación en generación, constituye un rasgo identitario profundamente ligado a la vida cotidiana y a la memoria colectiva de Malpartida de Plasencia.

Así, el habla chinata no se manifiesta hoy tanto en las palabras como en la voz, en el tono, en el ritmo y en la manera de decir, que siguen siendo, para quien sabe escucharlos, un signo claro de pertenencia.

A diferencia del castellano estándar, aprendido en la escuela y regulado por normas escritas, el chinato se ha transmitido tradicionalmente de forma oral. Se aprendía escuchando, repitiendo, conviviendo. Por eso sus rasgos no responden a una lógica académica, sino a la necesidad de comunicarse con eficacia, cercanía y expresividad. El resultado es un habla viva, flexible y cargada de matices.

El acento dice más de lo que parece. Uno de los rasgos más reconocibles del habla chinata es su entonación. El llamado deje chinato no consiste solo en pronunciar distinto, sino en decir las cosas de otra manera. El tono sube y baja con intención, se alarga o se corta según lo que se quiera expresar. Una misma frase puede ser advertencia, reproche, cariño o broma dependiendo de cómo se diga.

Esta entonación cumple una función emocional fundamental. En el chinato, hablar es implicarse. El hablante se coloca dentro de lo que dice, y eso genera una comunicación muy cercana. De ahí que muchas expresiones resulten especialmente expresivas incluso para quien no las ha oído nunca antes.

Desde el punto de vista fonético hay sonidos que se transforman, sin necesidad de entrar en términos técnicos, el habla chinata presenta transformaciones muy características. Una de las más conocidas es la forma en que se pronuncia la ‘s’ al final de palabra, que no suena como en el castellano estándar. Algo similar ocurre con la ‘h’ inicial, que en el chinato no es muda, sino que se convierte en un sonido aspirado fuerte, cercano a la ‘j’. Así, palabras comunes adquieren una sonoridad propia que las identifica inmediatamente.

También es frecuente la desaparición de ciertos sonidos en el interior o al final de las palabras. La ‘d’ suele perderse en muchas terminaciones, lo que da lugar a formas más breves y ágiles. Este tipo de simplificaciones son mecanismos naturales de economía del habla, se dice lo mismo con menos esfuerzo, sin perder comprensión.

A estas transformaciones se suman fusiones de palabras, reducciones y ajustes que hacen que el habla fluya con rapidez. El resultado es una lengua oral muy dinámica, pensada para la conversación, no para la lectura en voz alta.

El chinato tiene un ritmo propio, marcado por pausas breves y por la unión de palabras que, en castellano estándar, se pronunciarían separadas. Esto explica que muchas frases suenen casi como una sola palabra. No es que falten elementos, es que se integran en una cadena sonora continua.

Este ritmo está estrechamente vinculado a la vida cotidiana. En el campo, en la casa, en la calle, hablar debía ser rápido y eficaz. El habla se adaptó a ese contexto y conservó esa agilidad incluso cuando cambió el modo de vida.

Uno de los aspectos más ricos del habla chinata es su léxico. Muchas palabras y expresiones no aparecen en los diccionarios generales, pero han tenido un uso preciso y compartido durante generaciones. Son términos nacidos de la experiencia directa, del trabajo, de la convivencia.

Abundan las palabras relacionadas con la agricultura, la ganadería, los oficios artesanos y la vida doméstica. También hay un vocabulario muy expresivo para describir personas, actitudes y situaciones, a menudo con un toque de humor o ironía. El chinato no es una lengua neutra, sino que califica, valora, matiza.

Algunas expresiones condensan en pocas sílabas ideas complejas. Otras sirven para reforzar lo que se dice, para advertir, para bromear o para expresar sorpresa. Muchas de ellas solo cobran todo su sentido dentro del contexto cultural en el que nacieron.

Un rasgo muy característico del habla chinata es el uso frecuente de diminutivos, especialmente con terminaciones como ‘-ino’ o ‘-ina’. Pero estos diminutivos no indican solo tamaño. A menudo expresan afecto, cercanía o complicidad. Decir una palabra en diminutivo es suavizarla, hacerla más próxima, más humana.

Este uso afectivo del lenguaje refuerza la idea de que el chinato es, ante todo, una lengua de relación. No se limita a describir la realidad, sino que la envuelve emocionalmente.

El habla chinata conserva un amplio repertorio de frases hechas, modismos y expresiones figuradas. Muchas de ellas transmiten advertencias, consejos o juicios morales de forma indirecta, apoyándose en la metáfora y la exageración.

Estas expresiones forman parte de la sabiduría popular. No se explicaban, se entendían. Quien crecía escuchándolas aprendía no solo una lengua, sino una forma de interpretar el comportamiento humano y las normas de convivencia.

Desde el punto de vista gramatical, el chinato presenta construcciones que se apartan del modelo estándar, pero que resultan perfectamente comprensibles para quienes las usan. El orden de las palabras puede variar, los posesivos se refuerzan y algunas preposiciones adoptan usos propios.

Lejos de ser caótico, este sistema responde a una lógica interna consolidada por el uso. La gramática del chinato no está escrita, pero está interiorizada. Funciona porque ha funcionado durante generaciones.

El habla chinata ha funcionado históricamente como marcador de pertenencia. Quien la hablaba era reconocido como chinato, tanto dentro como fuera del pueblo. Esa función identitaria tuvo, en algunos momentos, consecuencias negativas, al asociarse el habla local con rusticidad o falta de instrucción. Pero también generó un fuerte sentimiento de grupo.

Hoy, ese mismo rasgo identitario puede convertirse en una fortaleza. Reconocer el valor lingüístico del chinato implica aceptar que no hay una sola forma correcta de hablar, sino múltiples maneras legítimas de expresarse.

En la actualidad, el uso cotidiano del habla chinata es limitado. Sin embargo, muchas de sus palabras, sonidos y giros siguen vivos en la memoria y en el habla residual de los mayores. Gracias al trabajo de la Asociación Cultural Amigos del Habla Chinata, este patrimonio lingüístico viene siendo recogido, documentado y devuelto a la comunidad en forma de libros y artículos divulgativos.

Escuchar y comprender el chinato no es solo un ejercicio lingüístico. Es una forma de acercarse a la historia cotidiana de un pueblo, a su manera de sentir y de relacionarse. En un mundo donde las voces tienden a uniformarse, el habla chinata recuerda que la diversidad también se expresa en los sonidos más sencillos de cada día.

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