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El extremeño David Yáñez triunfa en el Festival de Málaga con ‘We are the jungle’

El extremeño David Yáñez triunfa en el Festival de Málaga con ‘We are the jungle’
Léeme en 10 minutos

El cineasta cacereño David Yáñez, conocido artísticamente como ‘Gwai Lou’, ha dejado huella en la sección ZonaZine del XXIX Festival de Málaga al lograr la Biznaga de Plata a la Mejor Dirección y el Premio Escuelas de Cine por su largometraje ‘We are the jungle’.

La película es una coproducción hispano-malasia rodada en Kuala Lumpur, donde el director reside desde 2016. Tras su presentación en el Cine Albéniz la obra ha destacado entre la crítica y el público por su audaz propuesta visual y su exploración de la identidad y la memoria, consolidando a David Yáñez como uno de los protagonistas más singulares del cine independiente español.

A pesar del triunfo de la película en el certamen, ni su director ni las actrices pudieron asistir al festival debido al cierre del espacio aéreo por la situación en Oriente Medio, y han tenido que vivir el festival por videoconferencia.

‘We are the jungle’ es un drama experimental que narra la vuelta de Amber (Yon Lynn Tan) a Malasia, después de diez años de haber emigrado, para reencontrarse con su antigua amante Jun (Grace Ng). El relato desencadena en un tenso conflicto cuando Jun niega cualquier vínculo entre ambas, iniciando un juego del gato y el ratón por las calles de una Kuala Lumpur en perpetua lucha con la jungla circundante.

Con una duración de 64 minutos y rodada en un formato híbrido que fusiona el blanco y negro con el color, la cinta se inspira en el lenguaje del cine mudo y el realismo digital para crear un puzle emocional sobre cómo las decisiones del pasado nos persiguen y nos definen.

El jurado de la sección ZonaZine, dedicada al cine más arriesgado e independiente, le ha otorgado la Biznaga de Plata a la Mejor Dirección por su “valentía y mirada única”. La primera película del extremeño, ‘Muchos pedazos de algo’, también fue estrenada en ZonaZine en 2015 y adquirida por Netflix y Disney+ tras su estreno en cines.

Con esta última película David Yáñez ha demostrado una madurez formal y narrativa excepcional. Según explica el propio director, la obra indaga en la idea de que “la niña se hace mujer cuando se decepciona a sí misma”, una reflexión sobre el paso a la madurez y la incertidumbre de las decisiones vitales.

Por otro lado, el Premio Escuelas de Cine, que reconoce el valor pedagógico y la inspiración para las nuevas generaciones de cineastas, ha destacado la trayectoria del cacereño como docente, dado que desde 2016 es coordinador de la Licenciatura en Producción de Cine Digital en Sunway University (Kuala Lumpur). Este galardón pone en valor su capacidad para transmitir conocimiento y su compromiso con la educación cinematográfica, tal y como avala su participación en programas de prestigio como Berlinale Talents y la Locarno Summer Academy.

David Yáñez ha querido dedicar el premio a su tierra y a su equipo: “Estos galardones son para Extremadura, para mi familia, y para el increíble equipo de Hastur Films y las actrices Yon Lynn Tan y Grace Ng, que dieron vida a esta historia con una entrega total”. “Rodar en Malasia, un país donde la libertad sexual está perseguida por la ley, añade una capa de complejidad y urgencia a esta historia sobre el deseo y la represión”, ha añadido.

La obra del cineasta extremeño se convierte en un puente entre la narrativa española y la riqueza cultural del sudeste asiático, y un ejemplo de cine hecho desde la pasión, la independencia y la reflexión personal.


Hemos tenido la oportunidad de hablar con él sobre ‘We are the jungle’ y el éxito en el Festival.

El extremeño David Yáñez triunfa en el Festival de Málaga con ‘We are the jungle’
Foto: Cedida

Tu seudónimo, ‘Gwai Lou’, significa ‘demonio extranjero’; ¿cómo nació este nombre artístico?
Mudarme a Malasia fue un poco un arrebato, para ser honestos. Había conocido a una chica (que ahora es mi mujer) cuando visitaba el país durante la gira por festivales de mi primera película y decidí saltar el charco jugándome un poco el todo por el todo. Pero claro, afortunado en el amor, mala suerte en el juego, como dicen ‘Los Rodríguez’.

No tenía ningún contacto en la industria del cine local y, para ser honestos mi inglés no era especialmente boyante, por lo que decidí dejar de lado mis ínfulas de director e intentar abrirme un hueco como director de fotografía. La primera película en la que conseguí trabajo era una producción china (en Malasia conviven tres etnias: Malay, China e India, con su cultura, religión… y cine por separado). En el rodaje todo el mundo hablaba en chino menos cuando hablaban conmigo, que era el único extranjero. Oía todo el rato lo de ‘wai lou’ antes de que el director viniera a hablar conmigo y supuse que se refería a mí. Luego pregunté a amigos y descubrí que estaba en lo cierto. ‘Gwai Lou’ es como se refieren a los extranjeros, es algo así como ‘guiri’ en España. Me pareció el nombre más honesto que podía tener como cineasta y al día siguiente hice tarjetas de visita. Todo el mundo se partía de risa, pero la promoción funcionó y me siguieron saliendo trabajos. Ahora todo el mundo en Malasia sabe quién es ‘Gwai Lou’.

Hablando más en serio, creo que ‘Gwai Lou’ refleja exactamente quién soy aquí: el otro, el que observa desde fuera, el que nunca termina de encajar del todo. Y esa mirada, la del extranjero, es precisamente la que nutre mi cine. Además, en la parte personal, me ayuda a separar mi vida personal de mi trabajo, que para ser honestos, a veces hace falta. Nunca me ha gustado eso de que puedan poner tu nombre en internet y averiguar dónde vives en cinco minutos.

El nombre habla mucho de tu experiencia como inmigrante. ¿Cómo influye esto en la creación de tus obras?
Yo siempre he hecho cine en primera persona. Hablo de las cosas que vivo, de la gente que me rodea, un poco cine de la experiencia por así decirlo. Ser inmigrante te coloca en un perpetuo estado de extrañamiento, ves cosas que los locales normalizan pero que a ti te resultan chocantes o reveladoras, o a la inversa. En ‘We are the jungle’, por ejemplo, no puedo experimentar la opresión que sufre la comunidad LGTBIQ+ en Malasia de la misma manera, pero entiendo perfectamente lo que es ser señalado, ser el que no pertenece. Esa perspectiva periférica, la del ‘demonio extranjero’, es, por así decirlo, un punto de vista o una lente a través de la que veo el mundo.

Acabas de ganar la Biznaga de Plata a la Mejor Dirección por ‘We are the jungle’; ¿qué ha significado para ti este reconocimiento?
Es una validación enorme, pero sobre todo, valida la idea de que si cuentas una verdad humana con honestidad se vuelve universal. Es una historia mínima, rodada con un equipo esquelético en los ‘no-lugares’ de Kuala Lumpur, una historia muy local y específica sobre dos mujeres malasias. Que haya conectado con el público y el jurado de Málaga demuestra que las barreras geográficas y culturales se pueden derribar con una mirada auténtica.

¿Cómo viviste este momento desde la distancia y a través de una pantalla?
Ha sido profundamente surrealista darse cuenta de que todo está conectado al más puro estilo de ‘La teoría del caos’. Se revelan los papeles de Epstein en Estados Unidos y empieza una guerra en Medio Oriente, y yo, un español que vive en el Sudeste Asiático, no puedo presentar mi nueva película en el Festival de Málaga. Lo de la mariposa y el tsunami se queda corto, la verdad. He vivido el festival a través del teléfono. Saúl Blasco, actor de dos de mis películas y amigo personal, se ofreció a hacer de improvisado responsable de prensa y me iba poniendo al día (o más bien a la noche, porque hay seis horas de diferencia entre Malasia y España). Ha sido una experiencia agridulce que espero que pueda resarcir el año que viene visitando el festival en persona.

Tu primera película, ‘Muchos pedazos de algo’, también fue estrenada en este festival, en ZonaZine, en 2015. ¿Qué significa que este reconocimiento llegue precisamente del festival donde empezaste?
Es cerrar un círculo de algún modo. Málaga fue un subidón en 2015. Tenía una película hecha con calderilla, amigos y ganas y, de repente, estábamos en una alfombra roja y viendo nuestra película en los cines y en las televisiones. Volver años después, con una película rodada al otro lado del mundo, y recibir un premio precisamente en esa sección, es como un abrazo de la casa que te vio dar tus primeros pasos. Siento que valida el camino de independencia y tozudez que me llevo abriendo poco a poco con estas películas pequeñitas hechas a mano que me gusta hacer.

‘We are the jungle’ explora la relación entre dos mujeres en un contexto donde la libertad sexual está perseguida por la ley. ¿Cómo te condicionó el proceso creativo y el rodaje?
Rodar en Malasia, donde ser homosexual está perseguido por la ley, y además por la censura, implica tener que hacerlo al margen del margen, con un equipo muy reducido, en localizaciones prestadas y con la constante sensación de estar haciendo algo prohibido. Esa sensación de clandestinidad, paradójicamente, alimentó el clima creativo de la película; el que estaba allí era porque creía en la película no por el sueldo. Como siempre digo, el cine independiente necesita creyentes, no técnicos.

¿Qué querías explorar con esta película?
Quería explorar una idea que me atormenta desde que cumplí los 40: cómo decisiones que en su momento nos parecen insignificantes han terminado cambiando toda nuestra vida. Quería construir un rompecabezas con piezas que no encajaran del todo, porque así es como yo percibo la vida. Y, sobre todo, quería indagar en ese momento íntimo y doloroso en el que uno se hace adulto, que para mí se resume en la frase con la que empecé el proyecto: “La niña se hace mujer cuando se decepciona a sí misma”. Es el instante en que aceptas que eres el resultado de decisiones en las que no siempre acertaste.

¿Cómo se refleja esa idea, “la niña se hace mujer cuando se decepciona a sí misma”, en Amber y Jun?
Ambas acarrean esa carga. Amber, porque en un arrebato de miedo dejó atrás a Jun, y ha vivido diez años con esa culpa. Jun, porque ha construido una vida basada en la negación. Niega incluso su identidad. El reencuentro las obliga a ambas a enfrentarse a ese punto de giro de sus vidas, a esa herida que las hizo adultas.

¿Qué importancia tiene la ciudad de Kuala Lumpur en la dinámica del gato y el ratón de las protagonistas?
Kuala Lumpur es una ciudad construida en medio de la jungla. El hormigón y la jungla están en perpetua lucha. Al igual que lo están en presente que las protagonistas se han construido y su pasado, que levanta las baldosas para rebrotar. La dualidad refleja el conflicto interno, y a la vez también el externo, de las protagonistas. Los espacios públicos, fríos y bajo la atenta mirada de los otros, son los lugares de la mentira, de la representación social. En cambio, los callejones, los márgenes donde la jungla avanza, se convierten en los únicos espacios donde pueden ser quienes verdaderamente son, aunque sea por un instante. La ciudad las observa, pero también les ofrece escondites para reencontrarse con el fantasma de lo que fueron.

Desde 2016 eres coordinador de la Licenciatura en Producción de Cine Digital en Sunway University. ¿Qué te aporta dedicarte a la enseñanza?
Disfruto la chispa que se enciende en los alumnos cuando descubren lo amplio que es el cine. La enseñanza te empuja, además, a mantenerte fresco, a buscar y a seguir aprendiendo. He terminado siendo profesor porque me gustaba mucho ser alumno. Llevo una década siendo también director de fotografía para otros cineastas malasios, y eso me ha dado una visión muy práctica del oficio que intento transmitir en las aulas. Ver sus primeros cortos, su entusiasmo, me recuerda constantemente por qué me tiré a la piscina con mi primera película.

El Festival de Málaga también te ha concedido el Premio Escuelas de Cine. ¿Qué significa para ti ese reconocimiento a tu labor docente?
Este premio me llega al corazón de una manera especial. El reconocimiento a la dirección es maravilloso, pero el Premio Escuelas de Cine reconoce una parte más invisible de mi vida, pero también muy importante para mí a nivel personal, la de profesor. Significa que mi forma de entender el cine como un espacio de intercambio y de búsqueda personal sigue conectando con la gente joven a la que le apasiona el cine.

Por último, ¿estás trabajando en algún proyecto nuevo?
Por suerte o por desgracia siempre tengo dos o tres proyectos a medias. Justo antes del festival terminé de rodar la que será mi nueva película, ‘How to get lost’ (‘Cómo perderse’). Una historia sobre cómo los secretos pueden destrozarnos o salvarnos de nosotros mismos.

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