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El testamento de Francisca Pérez Martín (Kika)

El testamento de Francisca Pérez Martín (Kika)
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Aquel día, mes de agosto de 1996, los vecinos de Gargantilla, un hermoso pueblo enclavado en una de las laderas del Valle del Ambroz, al norte de la provincia de Cáceres, eran convocados por su alcalde, Félix Becedas, en la plaza del pueblo para dar lectura pública al testamento de Francisca Pérez Martín, ‘Kika’ para todos los que la conocían.

Para algunos “la cosa no iba bien”, pensaban, ya que se especulaba: “que si a mí me ha dejado este o aquel huerto”, “la casa del pueblo”, “las acciones del monte”, “la cuarta parte de la fábrica de aceite”, “las joyas y el dinero del banco”, etc.

Félix, el alcalde, micrófono en mano, manda callar; la expectación es enorme; comienza: “Instituye herederos universales de todos sus bienes, derechos y acciones, a todos los niños menores de 10 años que en cada momento se encuentren cursando estudios en la Escuela Municipal de Gargantilla (con especial énfasis en el estudio de la biografía de personajes extremeños, de sus poesías y obras en general)”. No hace falta mirar las caras de unos y otros, las reacciones y comentarios de todo tipo que en ese momento ‘bullían’ en aquella pequeña plaza.

El alcalde, el cura, dos profesores y dos vecinos son los albaceas testamentarios de un capital cifrado en más de 100 millones de las antiguas pesetas (diversas acciones en el monte, ocho prados, cinco cercados, huertos, olivos, solares, la casa y una cuarta parte de una fábrica de aceite).

“Ruega que no sean vendidos ninguno de los bienes por ella dejados, misas y velas que no le falten al Santísimo de su pueblo, ser enterrada en la sepultura familiar que posee en el Cementerio de la Almudena de Madrid, mandar 5.000 pesetas todos los años a las Siervas de Jesús, Madrid, para que limpien y cuiden de la sepultura familiar de la testadora, haciendo responsable al Sr. Alcalde de que se cumplan todas sus voluntades”.

Dinero y joyas no deja Francisca, durante 30 años se gasta toda su fortuna en intentar esclarecer la muerte, por disparo de arma, de su hermano Lucas, conductor de la Policía Armada, ocurrida el 13 de marzo de 1966, en extrañas circunstancias, cuando se encontraba en el Cuerpo de Guardia del Parque Móvil, sito en Cea Bermúdez, 5, en Madrid, junto a otros cinco compañeros.

Dolor, sufrimiento, engaños de abogados, detectives e inclusos compañeros de su hermano, continuos viajes a Madrid, juicios, Defensor del Pueblo… Francisca tuvo siempre el alma partida porque al culpable de la muerte de su hermano nunca se le castigó.

En su juventud fue una mujer hermosa y cuidada; vivió siempre en Gargantilla salvo cuando se trasladó a Madrid para cursar estudios de Magisterio, profesión que no llegó a ejercer. Nunca se casó, aunque tuvo una breve relación en Madrid. Su amor por los niños pequeños, su frustración al no haber podido ejercer como maestra en su pueblo… son las diversas opiniones, piensan los vecinos del pueblo, que quizás llevaron a Francisca para nombrar a los niños menores de 10 años sus herederos, olvidándose de su familia.

Se recuerda su figura, siempre vestida de negro, protegiéndose del sol con un gran paraguas, en las ferias de ganado de Casas del Monte, Abadía, Hervás…

Francisca no se cuida, vive sola en la más absoluta de las miserias, en compañía de dos perros, algunos gatos y las fotografías de sus padres y su hermano; su aspecto es lastimoso, no para de trabajar en sus tierras y en su ganado; sabedora de que está enferma, ya no cierra la puerta de su casa por las noches; pasa todos los días por delante de la escuela con sus vacas y rodeada de perros; siempre tiene alguna palabra cariñosa para los niños más pequeños, dándoles alguna golosina o algún dinero. Una mañana, un vecino la encuentra muerta en las escaleras de su casa; tiene 79 años, con una herida en la cabeza que ella se tocaba con las manos, y en las escaleras hay huellas de sus manos ensangrentadas.

Han pasado 21 años desde la muerte de esta singular mujer que fue capaz de dejar sus cosas a los más débiles, los niños. El 29 de noviembre de 2017, dentro de la programación cultural del Otoño Mágico, organizado por DIVA, la Mancomunidad que agrupa a los municipios del Valle del Ambroz, se celebró en Gargantilla ‘La jornada solidaria’, con la actuación de Matías Simón, ‘La voz de la montaña’, en el Pabellón Municipal; pabellón que se construyó en un solar propiedad de esta extraordinaria mujer. La entrada fue gratuita y los asistentes llevaron productos no perecederos para el Banco de Alimentos del Valle del Ambroz.

Si solidaria fue la jornada, solidaria fue también esta gran mujer a la que este cantautor rindió un pequeño homenaje, recordándola. Mis versos para ella:

Siendo yo muy niño
en la feria de Casas del Monte
una mujer de negro
venia montada, sentada en la yegua.
Sus vacas junto a las nuestras
sus palabras hablaban con mi padre el poeta.
Recia como ninguna, solitaria, solidaria y apretada contra la tierra.

En la plaza del pueblo el Alcalde leyó
el testamento de Francisca
las palabras de la Kika
sus casas, sus prados y huertos dejó
a los niños de la escuela , menores de diez años.

Matías Simón Villares
Multiplicador de ilusiones

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