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Javier de Navascués estudia la figura del conquistador extremeño Pedro de Valdivia

Javier de Navascués estudia la figura del conquistador extremeño Pedro de Valdivia
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Javier de Navascués, catedrático de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Navarra, ha publicado ‘Pedro de Valdivia, conquistador de Chile’, una obra editada por Sekotia que recorre la vida del conquistador extremeño, fundador de Santiago de Chile, en la que analiza cómo su figura se ha transformado desde las crónicas del siglo XVI hasta los debates actuales.

El libro aborda la figura de Pedro de Valdivia desde una doble perspectiva. Por un lado, reconstruye su biografía como soldado formado en Europa, capitán que invirtió su fortuna en una empresa incierta y protagonista de la fundación de varias ciudades en territorio americano. Por otro lado, analiza cómo su memoria fue transformándose con el paso del tiempo hasta convertirse en un símbolo histórico, político y cultural en Chile.

Su obra se detiene en episodios clave de su trayectoria, como la conquista de Arauco, la fundación de Santiago de Chile y su muerte en Tucapel. A partir de estos acontecimientos Javier de Navascués analiza también los rastros que Pedro de Valdivia dejó en la cultura y en el espacio público, desde las crónicas y la literatura hasta los monumentos, billetes o nombres de ciudades.

Esa lectura permite abordar a Pedro de Valdivia no solo como personaje histórico, sino también como una figura sometida a interpretaciones cambiantes. Su papel, durante siglos asociado al relato fundacional de Chile, ha sido revisado en el contexto de los debates actuales sobre la conquista, la memoria colonial y la construcción de identidades nacionales.

El libro añade el interés de acercarse a un personaje nacido en Extremadura cuya trayectoria quedó ligada a la historia de América; para ello plantea una mirada sobre Pedro de Valdivia desde su dimensión biográfica, su proyección simbólica y las distintas formas en que ha sido recordado a ambos lados del Atlántico.


Javier de Navascués ha publicado numerosos libros y artículos académicos; ha sido profesor visitante en universidades de Europa y América; además, ha recibido el Premio Juan Rulfo de ensayo otorgado por la Unesco y es miembro de la Real Academia Hispanoamericana. Hemos tenido la oportunidad de hablar con él para conocer mejor su nueva publicación.

Javier de Navascués estudia la figura del conquistador extremeño Pedro de Valdivia
Javier de Navascués. Foto: Cedida

¿Qué le llevó a centrar este libro en Pedro de Valdivia y no en otro personaje histórico?
Siempre me llamó la atención el alto lugar que la memoria oficial en Chile ha reservado a Valdivia. Esto rompía los esquemas sobre los lugares comunes que se tienen sobre los conquistadores en América. Creo que este fue el primer motivo de mi curiosidad, al que quizá haya que añadir mi costado materno de sangre extremeña. Me llamó la atención también que el máximo representante de la épica culta en castellano, ‘La Araucana’ de Alonso de Ercilla, ningunease la figura de Valdivia. Esto tampoco me encajaba, más que nada por ignorancia mía. Así que quise saber más sobre el personaje y sobre el mito que circuló en torno a él. Finalmente, me movió el hecho de que hay biografías solventes sobre Cortés o Pizarro, pero no tantas sobre Valdivia.

¿Qué lugar ocupa este libro dentro de su trayectoria investigadora y de su interés por la América hispánica?
Mi trayectoria investigadora se ha centrado en el siglo XX, pero desde hace más de una década vengo ocupándome preferentemente de la literatura histórica del periodo virreinal. De ahí al estudio de la épica americana y las crónicas de Indias hay un paso. Es un corpus ingente lleno de tesoros por descubrir.

El libro sitúa a Pedro de Valdivia entre la historia y el mito. ¿Dónde termina el personaje histórico y empieza la leyenda?
He tratado de separar el Valdivia histórico del que se ha recreado después. Por eso mi libro empieza con un repaso de las principales referencias biográficas del personaje y sigue con las lecturas interesadas que se hicieron de él. Básicamente hablo de tres mitos: el hispanófilo, el comunista y el feminista, todos ellos pergeñados desde la literatura y las artes visuales en el siglo XX.

¿Cómo ha sido el proceso de documentación del libro y qué fuentes han sido más relevantes para reconstruir la biografía de Pedro de Valdivia y la evolución de su memoria histórica?
Disponemos de tres crónicas contemporáneas de soldados que conocieron personalmente a Valdivia: Alonso Góngora Marmolejo, Pedro Mariño de Lobera y Jerónimo de Vivar. Me he basado en estas tres, muy especialmente en la última, muy poco conocida, pero la que más datos aporta del personaje. Luego están, por supuesto, las cartas que escribió el propio Valdivia; y el material de archivo, principalmente recogido por un gran erudito, José Toribio Medina. Me he basado, sobre todo, en este material. Luego he tenido en cuenta otras crónicas posteriores, el gran poema épico ‘La Araucana’ y todo tipo de libros, desde ensayos sobre escultura a manuales escolares chilenos de historia.

Como catedrático de Literatura Hispanoamericana, ¿Qué aporta la mirada literaria al estudio de un personaje histórico como Pedro de Valdivia?
En primer lugar, la literatura chilena podría decirse que se inaugura con las cartas que el propio Valdivia escribe al emperador, de la misma forma que las letras hispanoamericanas empiezan con las de Colón. Esto quiere decir que la Literatura y la Historia han ido de la mano en la América hispana, del mismo modo que el testimonio político y literario han sido inseparables hasta el siglo XXI. No estoy equiparando las disciplinas, naturalmente, sino haciendo notar que pueden dialogar entre sí, sobre todo cuando se trata de hablar de los mitos que ha generado la memoria histórica, mitos que las novelas, por ejemplo, han contribuido poderosamente a forjar. Pienso, por ejemplo, en la novela ‘Inés del alma mía’, un best seller de Isabel Allende que tiene muchísimas licencias históricas pero que ha engendrado una determinada imagen de los protagonistas de la conquista de Chile (y hasta hoy con una versión televisiva de la misma novela).

Recientemente muchas figuras vinculadas a la conquista han sido revisadas desde nuevas perspectivas. ¿Cómo se debe estudiar hoy a Pedro de Valdivia sin caer ni en la idealización ni en la simplificación?
Gran pregunta. Creo que la respuesta estriba en la lectura atenta del contexto en el que se gestó la conquista, que no era en absoluto el nuestro. Valdivia no era diferente en esto de otros conquistadores. Ellos no se veían a sí mismos como héroes de la nación española, sino como leales súbditos de Su Majestad que merecían del rey una recompensa a la altura de sus méritos. Esta era la tarjeta de visita con la que se presentaban, porque la idea de nación en el siglo XVI se supeditaba a un principio político superior, que era el de la sujeción a la monarquía católica. Eso sí, estos principios políticos heredados de Europa llegaron a chocar con los propios intereses personales de conquistadores y encomenderos. Valdivia murió antes de enfrentarse a la autoridad virreinal (a diferencia de Cortés o de los hermanos Pizarro), porque se encontró con un territorio indómito del que no se podía sacar tanto partido como Perú o Nueva España. De hecho, el sur de Chile nunca se sometió definitivamente al poder español.

¿Ha encontrado diferencias entre la percepción de Pedro de Valdivia en España, en Extremadura concretamente, y en Chile?
Sin duda hay diferencias. En Extremadura Pedro de Valdivia es una figura más dentro de los conquistadores que han otorgado una identidad histórica a la comunidad. En Chile es el padre fundador de la patria desde el discurso oficial que se instaura en la segunda mitad del siglo XIX. ¿Sabía que, a finales del siglo XX, había 12 estatuas de Valdivia repartidas por todo Chile? No se puede decir lo mismo de un solo conquistador en España. Todo esto cambió con el derribo y vandalización de estatuas ocurrido durante el estallido social de 2019. Pero ahora parece que los vientos políticos vuelven a cambiar. De todo esto hablo al final del libro.

Para un lector que no sea especialista en historia, ¿Qué espera que descubra al acercarse a Pedro de Valdivia?
Para mí es fundamental que la Historia se lea desde la amenidad. El rigor no está reñido con la voluntad de estilo. He tratado de escribir un libro entretenido que aproxime la figura de Valdivia a un lector no especializado, pero que a la vez pueda interesar a los historiadores de la cultura.

Después de estudiar su vida y su legado, ¿Qué imagen personal le queda de Pedro de Valdivia?
Es evidente que fue un gran líder; tenía un potente carisma y una capacidad casi sobrehumana de resistencia. Es verdad que triunfó en numerosas escaramuzas, pero él no tiene detrás la toma de un gran imperio; más bien, su hazaña es menos vistosa: resistir durante años en medio de penurias sin cuento, con muy pocos medios, en un espacio hostil y remoto para los medios de que se disponían. Aprendió de los errores de su antecesor Diego de Almagro y, en lugar de llegar a Chile por los Andes, debió atravesar el desierto de Atacama. Era la opción menos mala, pero es fácil imaginar cuánto costó hacerlo.

Ahora bien, no se trataba del personaje inmaculado que cierta iconografía nos haría creer. Era taimado, se movía en un territorio de frontera donde las leyes las dictaba él, aunque a la vez debía simular una obediencia sin límites a la lejanísima autoridad del emperador. Por eso no dudó en aplicar el engaño cuando le convenía, tanto entre los españoles como en los indígenas, a los que trató con notable crueldad en ocasiones. Por cierto, esto último no lo dicen sus enemigos, lo dice el propio Valdivia en carta al emperador después de haber derrotado a los mapuches en Andalién.

De otro lado, como tantos personajes que entran en la Historia por su actuación exterior, nos quedan muchas lagunas ¿Qué hizo, por ejemplo, en Italia en su juventud como soldado? ¿Cuán profunda fue su relación con Inés Suárez? ¿Y con su esposa, Marina Ortiz de Gahete? ¿Tuvo amantes indígenas? ¿Por qué perdonó tantas veces a quienes tramaban contra su vida? ¿Por qué, en cambio, fue tan implacable con otros traidores? Y, sobre todo, ¿cómo murió realmente a manos de sus enemigos? Sobre su muerte circularon múltiples versiones, algunas fantasiosas, como también explico en el libro.

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