El artista placentino Emiliano José, residente en Cáceres, ha publicado su primer sencillo, ‘La encina’, una canción disponible en plataformas digitales que combina música de raíz y sonidos urbanos para cantar al amor entre dos hombres y reivindicar la identidad extremeña a través de la dehesa, la encina y el uso del castellano junto a la fala.
El tema sitúa su historia en un pueblo extremeño durante las fiestas de verano. La canción relata el enamoramiento entre dos chicos en un entorno rural, con referencias a camisas blancas, encinas y al calor de agosto. La propuesta presenta esa relación desde la naturalidad, sin dramatizarla, y plantea el amor entre dos hombres como una historia cotidiana y digna de ser cantada.
Uno de los elementos centrales de ‘La encina’ es la presencia de la fala, lengua romance minoritaria del Valle de Xálima, en el norte de la provincia de Cáceres. La canción incorpora palabras de esta lengua y las combina con el castellano, reflejando la convivencia lingüística que se produce en esta zona del norte extremeño.
Emiliano José plantea esta mezcla como una forma de visibilizar una parte de la identidad cultural extremeña que rara vez aparece en la música contemporánea. El artista señala que quería retratar a alguien que no elige entre sus lenguas, sino que las utiliza a la vez porque forman parte de su identidad.
“La fala no está en peligro porque nadie la hable, está en peligro porque nadie la escucha fuera del valle”, afirma el artista, que defiende que hacerla sonar en una canción es una manera de recordar que existe y que forma parte del patrimonio lingüístico de Extremadura.
El título del sencillo toma como referencia la encina, árbol característico de la dehesa extremeña. En la canción, este elemento funciona como símbolo del territorio y como espacio íntimo donde se encuentran los protagonistas de la historia.
‘La encina’ supone el debut musical de Emiliano José. Su propuesta parte de la música de raíz, pero incorpora una producción actual con elementos urbanos. El resultado es una canción que vincula territorio, lengua, diversidad afectiva y memoria rural.
El sencillo está disponible en plataformas digitales como Spotify, Apple Music, YouTube Music y Amazon Music.
Hemos tenido la oportunidad de hablar con Emiliano José sobre su debut en la música.
¿Cómo nace ‘La encina’?
La historia de la canción ya estaba ahí. Quería hablar de dos chicos que se enamoran en las fiestas de un pueblo, pero sentía que todavía le faltaba algo. Me preguntaba cómo conseguir que quien la escuchara pudiera trasladarse de verdad a Extremadura, que no solo entendiera la historia, sino que sintiera el paisaje, la forma de hablar y la identidad del lugar.
Entonces me vino una imagen que llevaba años guardando. Tengo unos amigos, Jorge y Patri, y sus hijas, Vera y Candela. Jorge es de Valverde del Fresno y siempre me quedaba embobado escuchando a las niñas hablar con él; les hablaba en fala y ellas le respondían mezclando castellano y fala con una naturalidad y una musicalidad que me parecían preciosas.
Ahí entendí que esa era la pieza que le faltaba a la canción. No quería que la Fala apareciera como una curiosidad, sino como parte de la vida cotidiana de quien protagoniza la historia. Jorge me ayudó a transcribir las partes en fala y, de alguna manera, la canción terminó encontrando su propia voz. Creo que fue entonces cuando ‘La encina’ dejó de ser solo una historia de amor y empezó a sonar realmente a Extremadura.
¿Qué importancia tiene para ti situar una historia de amor diversa en un contexto rural extremeño?
Tiene toda la importancia, porque estoy escribiendo desde mi propia identidad. Soy extremeño y soy gay. Durante mucho tiempo he escuchado canciones de amor preciosas, pero muy pocas hablaban de alguien como yo y, menos aún, en un paisaje que también siento como mío.
Con ‘La encina’ no quería hacer una canción sobre la diferencia, sino una canción donde esa diferencia no necesitara explicarse. Quería que dos chicos pudieran enamorarse en las fiestas de un pueblo extremeño con la misma naturalidad con la que tantas canciones han contado historias entre un chico y una chica. A veces parece que las historias diversas solo pueden suceder en las grandes ciudades, y eso no es verdad. En nuestros pueblos también hay amor, deseo, primeros besos y recuerdos que merecen ser cantados. Con esta canción quería aportar una de esas historias. Me parecía bonito aportar esa mirada y hacerlo desde la ternura.
La encina es uno de los símbolos más reconocibles de la dehesa extremeña. ¿Qué representa dentro de la canción?
La encina representa refugio y hogar. En la canción es el punto de encuentro de los protagonistas. Es un árbol que lleva siglos formando parte del paisaje extremeño y me gustaba pensar que ha sido testigo silencioso de miles de historias de amor. Para mí también simboliza las raíces.
He tenido la suerte de que mi padre y mi madre, mis abuelos y abuelas, también mis tías, me han enseñado a amar mi tierra y todo lo que simboliza la identidad extremeña. He sentido la necesidad de trasladar lo que quiero contar al contexto y entorno que conozco y del que me siento profundamente orgulloso. La encina, forma parte del ideario extremeño y quería que, también, solo con el título de la canción, la gente pudiera trasladarse a un entorno concreto, a Extremadura.
‘La encina’ mezcla castellano y fala. ¿Cómo trabajaste ese equilibrio para que las dos lenguas convivieran de forma natural en la canción?
No quería que la fala apareciera como un adorno o como una curiosidad. Quería que sonara igual que la escuché por primera vez: mezclándose con el castellano de forma espontánea. Esa fue la inspiración desde el principio. Escuchar a Vera y Candela hablar con su padre me hizo entender que no estaban eligiendo una lengua u otra; simplemente utilizaban las dos porque forman parte de su identidad. Quise trasladar exactamente eso a la canción. El protagonista habla en fala porque es su lengua, y cambia al castellano porque también forma parte de él y porque quiere que quien llega de fuera pueda entenderle. Jorge me ayudó durante todo el proceso para que esa mezcla fuera auténtica y respetuosa con la realidad del Val de Xálima.
‘La encina’ combina música de raíz extremeña con una producción más actual. ¿Cómo encontraste el equilibrio entre tradición y sonido contemporáneo?
Siempre he sentido que la tradición no tiene por qué quedarse congelada en el pasado. Me gusta la música de raíz, pero también escucho mucha música actual. No quería hacer una recreación folclórica, sino una canción que pudiera convivir en una lista de reproducción de hoy sin que dejara de sonar a la raíz. Creo que la tradición sigue viva cuando dialoga con el presente. Por eso hay guitarras, percusiones y elementos que evocan Extremadura, pero envueltos en una producción contemporánea que a mi parecer la hace más atractiva, pero sin renunciar a su esencia.
¿Crees que Extremadura necesita más canciones que hablen de sus lenguas, sus pueblos y sus formas de vivir?
Sí, creo que es muy importante visibilizar nuestras identidades extremeñas (hablo en plural porque considero que somos tierra de una gran diversidad). Creo firmemente que la música también construye memoria e identidad, y es una muy buena herramienta para fomentarla. Tenemos un patrimonio cultural enorme y, sin embargo, muchas veces apenas aparece en la música contemporánea. No creo que haya que hablar de Extremadura por obligación, pero sí me gustaría que hubiera más artistas que sintieran que pueden hacerlo desde una mirada actual y personal.
En mi caso, utilizar la fala era también una manera de darle un pequeño espacio a una lengua que muy pocas veces se escucha fuera del Val de Xálima. Desde que lanzara el tema he recibido muchos mensajes preciosos, pero sin duda los que más me entusiasman son los de las personas que se interesan por conocer más sobre la fala. Me ha sorprendido, que han sido muchos extremeños quienes se han sorprendido al desconocer la existencia de esta lengua nuestra. Por lo que si una sola persona descubre que existe gracias a esta canción, ya habrá merecido la pena hacerla.
¿Qué reacción te gustaría provocar en alguien de Extremadura que escuche la canción?
Me gustaría que quien la escuchase fuera capaz de reconocer los paisajes, el verano, las fiestas, la manera de hablar y esa mezcla entre tradición y presente que forma parte de nuestra vida. Me gustaría que pudieran transportarse a la dehesa extremeña, que la reconocieran. Me sentiría muy orgulloso también si alguien se reconociera en la historia de amor, si la viviera como propia, si se sintiera identificado con ella.
Y si alguien escucha unas palabras en fala por primera vez y siente curiosidad por conocer esa lengua, también sería un regalo. Ojalá ‘La encina’ haga que algunas personas miren su tierra con un poco más de orgullo y con la sensación de que nuestras historias también merecen ser cantadas. Pero sobre todo, quiero que la disfruten, que celebren con ella. ¡Ojalá suene en algunas verbenas este verano!
¿Qué camino musical quieres seguir en tus próximos proyectos?
Me gustaría seguir escribiendo canciones que hablen de Extremadura, de sus paisajes, de sus pueblos y de las personas que la habitan, pero siempre desde una mirada muy personal. También quiero seguir hablando de historias diversas desde mi propia identidad y mis vivencias. Soy un hombre gay y esa forma de mirar el mundo forma parte de quien soy, así que inevitablemente aparecerá en las canciones que escriba. Me gusta pensar que cuanto más honesto soy al contar una historia, más fácil es que otras personas, sean quienes sean, puedan reconocerse en ella.
En breve, además, tendré la suerte de colaborar con el diseñador extremeño JM.Cruz, que también es mi marido, componiendo la banda sonora de uno de sus desfiles inspirado en el folclore y la identidad extremeña. Es un proyecto que me hace mucha ilusión porque vuelve a unir dos maneras de entender la creación con un mismo punto de partida: nuestras raíces y el deseo de reinterpretarlas desde el presente.
Ojalá ese sea el camino de todo lo que venga después; seguir creando desde la honestidad, dando espacio a historias diversas y demostrando que Extremadura tiene un imaginario inmenso que todavía queda por cantar.