Durante muchos años hemos hablado del chinato como memoria, como patrimonio, como forma de vida y como seña de identidad de Malpartida de Plasencia. Pero cuando intentamos escribirlo aparece una pregunta inevitable: ¿Cómo se escribe el chinato?
La respuesta no es tan sencilla como pudiera parecer. El chinato fue durante siglos una lengua fundamentalmente oral. Se aprendía escuchando. Nadie necesitaba conocer reglas para decir jarina, jigo, jadel, farta, ruilla, miujté o er burro. Se hablaba como se había oído hablar en casa, en la calle, en las eras, en el campo o alrededor de la lumbre.
Cuando queremos trasladar hoy esa pronunciación al papel necesitamos establecer algunos criterios.
Los trabajos sobre ortografía del chinato parten de una idea sencilla y muy útil: “procurar escribirlo tal y como suena”. Pero añaden una advertencia importante: la escritura no puede basarse solamente en la pronunciación. También intervienen la etimología y, sobre todo, el uso tradicional. Ninguno de esos tres principios, considerado aisladamente, permite explicar todo el sistema.
Eso es precisamente lo que hace interesante escribir chinato. Veamos algunos rasgos:
La ese, uno de los grandes. Una de las peculiaridades más llamativas es el tratamiento de la ‘s’. En la propuesta tradicional de escritura chinata prácticamente desaparece como grafía. Cuando aparece al comienzo de sílaba, puede representarse mediante ‘c’ delante de ‘e’, ‘i’:
- serio → cerio
- silla → cilla
y mediante ‘z’ delante de ‘a’, ‘o’, ‘u’:
- saludo → zaludo
- solo → zolo
- sujeto → zujeto
Cuando la ‘s’ aparece al final de sílaba o de palabra, suele representarse mediante una ‘j’ aspirada:
- pues → puej
- venimos → venimoj
- más → maj
Se recoge además el llamado dedeo, por el cual determinadas ‘s’ intervocálicas pueden aparecer como ‘d’:
- casa → cada
- mesa → meda
Este comportamiento de las sibilantes constituye uno de los rasgos más característicos del chinato y uno de los que más dificultad plantean a la hora de fijar su escritura.
La antigua ‘f’ latina también deja su huella. Otro rasgo muy reconocible es la conservación de una aspiración histórica que en nuestra escritura representamos mediante ‘j’. Así encontramos:
- harina → jarina
- hierro → jierro
- higo → jigo
La evolución puede explicarse de manera sencilla a partir de formas latinas como farina, ferrum o ficus, que en castellano general dieron lugar a palabras con ‘h’ inicial, hoy muda, mientras que el chinato conservó una realización aspirada.
Otra regla tradicional afecta a la ‘r’ final, especialmente visible en los infinitivos:
- comer → comel
- decir → decil/ didil
El fenómeno aparece también en muchas otras palabras. Pero la relación entre ‘r’ y ‘l’ puede funcionar en sentido inverso. Ante consonante encontramos formas como:
- falta → farta
- salgo → zargo
- resuelto → rezuerto
Y el artículo ‘el’ puede convertirse en ‘er’:
- el mundo → er mundo
- el burro → er burro
No significa que toda ‘r’ se convierta en ‘l’, o toda ‘l’ en ‘r’. La tradición de uso continúa siendo fundamental.
La pérdida de ‘d’ intervocálica constituye otro fenómeno frecuente:
- lavado → lavao
- comido → comío
También puede perderse la ‘d’ final:
- calamidad → calamidá/ calamiá
- seguridad → ceguriá
- superioridad → zuperioriá
La frecuencia de terminaciones en ‘-ao’, ‘-ío’, ‘-á’, son conocidas también en otras variedades populares y extremeñas. Existen además transformaciones de determinados grupos consonánticos. Uno de los ejemplos más conocidos es el paso del grupo ‘dr’ a una realización próxima a ‘ir’:
- padre → paire
- madre → maire
- cuadra → cuaira
Existen otras formas que remiten a la pronunciación tradicional del pueblo, tales como las palabras castellanas que comienzan por ‘hue-‘ suelen escribirse en chinato con ‘güe-‘:
- hueso → güedo
- hueco → güeco
- huevo → güevo
- huerto → güelto
También encontramos la transformación de ‘bue-‘ en ‘güe-‘:
- abuelo → agüelo
- bueno → güeno
El chinato conserva asimismo numerosas metátesis, es decir, alteraciones en el orden de determinados sonidos:
- pobre → probe
- Gabriel → Grabiel
- nadie → naide
Algunas de estas formas no son exclusivas de Malpartida y poseen una amplia historia en el castellano popular, pero su conservación forma parte del habla tradicional chinata.
Ocasionalmente aparece también la sustitución de ‘ni’ por ‘ñ’, como en:
- Antonia / o → Antoña / o
No debe convertirse en una regla automática, pero la tenemos en cuenta porque forma parte de algunas pronunciaciones tradicionales.
El chinato conserva también formas arcaicas o populares como:
- haya → aiga
- nadie → naide
Y expresiones antiguas muy interesantes:
- he aquí → velequí
- he ahí → velaí /veleí
- he allí → velellí
Cuando estas formas incorporan un pronombre enclítico, se produce una fusión gráfica y fónica:
- he le aquí → velequile
- he le allí → velellile
Estas palabras recuerdan que dentro del chinato sobreviven también formas que pertenecieron en otros tiempos a ámbitos mucho más amplios del castellano.
Los infinitivos chinatos terminan frecuentemente en ‘-l’. Cuando van seguidos de un pronombre que empieza también por l, ambas consonantes pueden fusionarse:
- comerlo → comel-lo → comello
- romperlo → rompel-lo → rompello
Es un buen ejemplo de cómo la ortografía intenta reproducir no solamente palabras aisladas, sino también lo que sucede cuando unas palabras entran en contacto con otras.
Hay verbos que parecen extraños y tienen mucha historia. Especialmente características son determinadas terceras personas del plural del pretérito:
- trajeron → trajon / trujon
- hicieron → izon / jidon
- dijeron → dijon
- pusieron → puzon
Estas formas responden a antiguos procedimientos analógicos de formación verbal que sobrevivieron en diferentes hablas occidentales y que el chinato mantuvo dentro de su propio sistema.
También pueden debilitarse determinadas consonantes situadas al final de una sílaba dentro de la palabra. Esa debilitación puede realizarse como una aspiración, representada gráficamente mediante ‘j’:
- admiración → ajmiración
- acto → ajto
- bizco → bijco
La ‘x’ castellana puede recibir igualmente una realización aspirada:
- Extremadura → Ejtremaura
- extraordinario → ejtraoldinario
Son ejemplos muy expresivos de la tendencia del chinato a debilitar ciertas consonantes en posición implosiva.
A veces una palabra modifica a la siguiente. La pronunciación chinata no se detiene necesariamente al final de cada palabra.
Los trabajos cooperativos de la Asociación Cultural de Amigos del Habla Chinata tienen documentados casos en los que una ‘s’ final, ante una vocal de la palabra siguiente, puede reorganizarse y pronunciarse como inicio de esa segunda palabra:
- las alas → la dalaj
- los hijos → lo dijoj
Nuestra recopilación comunitaria conserva también otras realizaciones, como lajalaj para las alas.
No deberíamos apresurarnos a decidir cuál es “la correcta”. Puede que ambas representen variantes familiares, generacionales o contextuales. Precisamente esa variación constituye uno de los aspectos que todavía debemos estudiar.
También desaparecen sonidos finales, por ejemplo la ‘z’ final puede perderse:
- juez → jué
- coz → có
- nuez → nué
Y la ‘y’ final puede desaparecer en palabras como:
- muy → mu
Algunas formas simplemente hay que aprenderlas ya que como ocurre en cualquier lengua viva, no todo puede reducirse a una regla general. Se aprecia más de una opción en determinadas formas verbales particulares:
- oísteis → ogüijtei / uijtij
- oí → ogüí / uí
- vamos → amoj
Son formas cuya tradición de uso tiene tanto valor como cualquier explicación fonética.
Y los diminutivos son muy frecuentes en el uso chinatos. La terminación ‘-ino’ / ‘-ina’ posee una enorme vitalidad: buenina, poquino, chiquinina, chiquirrinino.
No es exclusiva de Malpartida, pues pertenece a una extensa tradición extremeña, pero constituye una parte muy reconocible de nuestra manera de hablar.
Una consecuencia muy visible de esta propuesta ortográfica es que el alfabeto chinato prescinde de las letras ‘s’, ‘x’ y ‘w’. No se trata de que desaparezcan los sonidos que en castellano pueden representarse con esas letras, sino de que el chinato los escribe mediante otras grafías acordes con su pronunciación tradicional: la ‘s’ se resuelve mediante ‘c’, ‘z’, ‘d’ o ‘j’ según el contexto; la ‘x’ puede representarse mediante ‘j’, y la ‘w’ no resulta necesaria dentro del sistema gráfico propuesto. Por eso, en esta ortografía, ‘s’, ‘x’ y ‘w’ no forman parte del alfabeto chinato.
Todas estas reglas permiten aproximarnos a una escritura del chinato, pero deberíamos evitar el peligro de convertirlas en una maquinaria automática.
No podemos pensar que escribir chinato consiste simplemente en cambiar todas las ‘s’ por ‘z’, todas las ‘r’ por ‘l’, eliminar todas las ‘d’ o colocar una ‘j’ donde aparece una ‘h’ castellana. Eso produciría una lengua artificial.
El conocimiento del habla demuestra que existen variantes familiares, generacionales y contextuales y que la tradición de uso debe estar por encima de una regla construida posteriormente.
Por eso quizá el mejor principio ortográfico siga siendo aquel tan sencillo, ”procurar escribirlo tal y como suena”, “procural ejcribillo taricomo zuena”. Quizás habría que matizar ”tal y como realmente sonaba en boca de los chinatos”.
En la situación actual es nuestra responsabilidad escuchar a quienes todavía lo recuerdan, recuperar textos antiguos, comparar formas, grabar voces, distinguir aquello que fue general de aquello que perteneció a determinadas familias, y evitar que nuestro deseo de conservar el habla termine fabricando una variedad que nuestros mayores nunca pronunciaron.
La ortografía chinata debe ayudarnos a conservar la voz, no a sustituirla.
Porque escribir jarina, jadel, farta, ruilla, güeso, dijon, comello o velequí tiene sentido solamente si detrás de esas letras podemos seguir escuchando algo mucho tan importante como la manera en que Malpartida aprendió a hablar.
Carlos Canelo Barrado y Celestino García García
Colaboración de María Florentina Canelo Barrado, Juan José Carlos Martín y Marceliano Clemente Canelo