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Adamuz, gran corazón en la tragedia

Adamuz, gran corazón en la tragedia
Ilustración de Antonio del Barrio Estremera, que hace referencia a la catástrofe de Adamuz y a su gran corazón en la ayuda

Hoy nuevamente me asomo a la ventana que me brinda la revista Grada; hubiera querido hacerlo transmitiendo alegrías, pero una vez más el destino es cruel y caprichoso y la noticia se ha impuesto a mis pretensiones de dar otra información.

Como ya conocéis, la desgracia y el azar se han aliado en unos trágicos instantes para segar la vida de más de 40 personas al descarrilar dos trenes de alta velocidad en el término municipal de Adamuz, en la provincia de Córdoba.

Quiero primeramente dar mi más sentido pésame a las familias de las víctimas, a la vez que deseo la pronta recuperación de los heridos, y que Dios ayude a los familiares a superar lo antes posible el drama, aunque no es tarea humanamente fácil. Vaya mi abrazo y mi solidaridad para todos ellos.

El tren Iryo que circulaba de Málaga a Madrid descarriló e impactó con el tren Alvia que iba de Madrid a Huelva en torno las ocho menos cuarto de la tarde del domingo 18 de enero de 2026; como resultado de este trágico accidente: innumerables heridos, muchos fallecidos, y familias ya destrozadas de por vida.

Es cierto que aún no están claras las causas del accidente, pero no es menos cierto que cuando se produce una catástrofe de estas características se debe hacer un examen de lo acontecido y de lo vivido día a día por los profesionales del sector, y a la vez una autocrítica por los responsables de los factores desencadenantes del suceso.

Es momento de prudencia en el análisis y de aliviar la tristeza de las víctimas, pero también es bueno que en caliente se pongan las cartas en la mesa, porque cuando el ‘ahora’ haya pasado es posible que todo se vaya al olvido y el riesgo de volver a ocurrir lo trágico esté ahí escondido para repetirse.

Todo esto me lleva a pensar que los líderes de la sociedad deben asumir su responsabilidad, en el sentido de que han de dedicarse todos los recursos posibles a solucionar los problemas de lo tangible, de aquello que vemos, tocamos y sufrimos a diario, porque no hacerlo hoy implica que quizás mañana sea demasiado tarde, y experiencias muy recientes así lo corroboran.

Es verdad que hacen falta recursos para innumerables factores en esta sociedad del bienestar, pero entiendo que por justicia y sentido común ha de primar en el reparto la solución de lo tangible, aunque sea en detrimento de aquello que es intangible que ni se ve ni se toca, pero que detrae muchos recursos que quizá deberían estar para salvar vidas, porque las vidas, cuando ya no lo son, tampoco pueden acceder a los bienes inmateriales como el pensamiento y las ideas.

Mi reconocimiento y agradecimiento a la sociedad civil encarnada esta vez en los vecinos del municipio de Adamuz (lugar de la tragedia), que brindaron todo su apoyo material y humano en las labores de rescate de las víctimas y heridos; loable ha sido también la aportación de todos aquellos afectados que han sufrido un impacto menor y han colaborado en el rescate de sus propios compañeros de viaje (familiares en muchos casos).

Como siempre, las ‘gentes de a pie’ dan ejemplo unidas sin fisuras ni colores en su ayuda a las necesidades de la sociedad cuando una catástrofe ocurre.

También hay que manifestar y agradecer la dedicación de los servicios públicos y sanitarios, que permanentemente están ahí para brindar su apoyo y su colaboración en todas las causas; mi agradecimiento por ello como ciudadano.

Además, quiero resaltar que esta vez la coordinación de todas las instituciones del Estado fue ejemplar, ante lo cual solo me queda una reflexión que ya expreso en mi poema: cuando se produce una tragedia todos los poderes del Estado deben de coordinarse de facto desde el primer instante, con independencia de que la norma establezca un protocolo que, en lugar de ayudar, lleve a la agonía de las víctimas por no actuar a tiempo. La emergencia debe estar por encima de la rigidez de la norma, no al contrario; y, si no, el Derecho tiene puertas para normalizar lo excepcional en una situación de catástrofe, pero nunca debe morir nadie porque haya que esperar a cumplir ‘lo escrito’; para ello está el ‘capitán de la nave’, para asumir esa responsabilidad cuando proceda, y en situaciones de urgencia debe hacerlo sin esperar nada ni a nadie.

Un fuerte abrazo a todos los que habéis estado ahí ayudando, en el centro de la tragedia; reitero además mi más sentido pésame a los familiares de las víctimas y mis deseos de una pronta recuperación a los heridos, tanto física como emocional.

Adamuz, gran corazón en la tragedia

¡Rondaban las ocho en la tarde,
municipio de Adamuz!
Ya el sol perdió la luz
y la luna cordobesa
no pudo hacer un alarde
¡Para evitar la sorpresa
de esa tragedia cobarde!
De dos trenes del futuro
en pleno suelo andaluz
¡Que como Cristo en la cruz
recibió tormento duro!

Venían los corazones,
alegres de Andalucía
con sus quehaceres en orden
y repletos de armonía
¡Iban para Madrid
o donde lleven las vías!

Otros partieron de allí
y el rail los devolvía
a esa tierra tan ‘sultana’
¡Que se llama Andalucía!
Llena de tanta vida,
y de España…
¡Buena hija y gran hermana!
Que florece en sus entrañas.

El destino…
de Málaga hacia Madrid
¡El triste y cruel destino!
Quiso…

¡Que un tren de nombre Iryo
diera el beso de la muerte
y con ello su martirio!
¡A otro de apodo Alvia
que partió de la capital!
Para la Onuba,
de la Roma sabía
o la Huelva,
colombina y principal.

En un triste y rápido instante
la radical velocidad
dio con la gente en el suelo
y dejó rotos semblantes
y en el corazón el duelo
de los viajeros sangrantes.

Amasijos de hierro
abrazados a los cuerpos
de personas inocentes
que viajan ya para el cielo
o hacia el hospital doliente
con el llanto sin consuelo.

No debiera la crudeza
sembrarse en mis poemas,
pues en ellos, mi verdad
¡Es embriagar de agua buena
perfumada de sensibilidad!

Pero me dice el corazón
y de la razón, su justicia
que hay que poner este embrión
¡Sangrando sin dar caricias!
Para que la sociedad entienda.

¡Y de ella, quien lidera!
Que si no cuida como debiera
lo tangible y material
tendremos más inmundicia,
esa que mata a los hombres
por no segar la codicia
ni controlar su caudal.

¡Y es de honor y gran justicia!
Alabar el trabajo y la entrega
de las gentes de Adamuz
sin colores ni malicia
¡Que regalaron con fe ciega
sus medios y su pericia!
Para ponerle la luz
a un viaje que no llega
a su fin, porque naufraga
en una noche muy ciega.

¡Y junto a la sociedad civil
que siempre responde!
¡Hay que poner mil estrellas
a los servidores públicos!
Que jamás se esconden
cuando el destino les llama
para dar aire y poner orden.

¡Cuando llega la catástrofe!
Que sea la coordinación
de las fuerzas del Estado
Quien la ponga el corazón
sin el tiempo malgastado
¡Que siempre se actúe de facto
si la tragedia ha llegado
para evitar lo nefasto!

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