El escultor español Antonio León Ortega nació en Ayamonte (Huelva) en 1907. Forma parte del selecto grupo de escultores cuya categoría artística ha sido resaltada por grandes expertos de las Bellas Artes en general y de la Historia del Arte en particular. De orígenes humildes, con el apoyo de las personas que valoraron su maestría artística, logró formarse en Madrid donde destacó en la Escuela Superior de Bellas Artes por sus habilidades en las técnicas de modelado. En su pueblo natal tuvo su primer estudio como escultor en 1933. Pero fue a partir de la Guerra Civil cuando alcanzó mayor renombre, por su obra en el campo de la imaginería religiosa, recibiendo multitud de encargos para restaurar o crear esculturas en aquellos edificios religiosos destruidos durante la guerra. Junto a esta labor artística se debe señalar también la de carácter docente, pues ejerció desde 1971 como profesor en la Escuela de Artes de Huelva que lleva en la actualidad su nombre.
Quizás el mejor conocedor de la obra del escultor sea Alberto Germán Franco Romero, quien en su tesis doctoral realizó un trabajo modélico sobre el artista, profundizando de manera exhaustiva en cada una de sus etapas creativas, analizando la distribución geográfica de sus creaciones y aportando un catálogo de toda su obra siguiendo una secuencia cronológica. Un estudio imprescindible, sin duda, para conocer en profundidad la categoría artística de León Ortega.

León Ortega y su obra en Extremadura
Cuando apenas hace unas semanas que se han cumplido 35 años de su fallecimiento, hemos de dirigir la mirada a su abundante obra escultórica, la cual experimentó la evolución natural que el artista tuvo en el transcurso del tiempo, desde la etapa inicial, pasando por el período de madurez entre los años 50 y 60, hasta el período final de mayor sobriedad y síntesis formal. Una obra que está repartida por buena parte de la geografía española, pues la encontramos en poblaciones muy diversas de las provincias de Pontevedra, Salamanca, Madrid, Cáceres, Badajoz, Sevilla, Málaga, Tenerife y, por supuesto, en Huelva.
Andalucía es la región que acumula la mayor parte de sus esculturas, en especial esta última provincia, pues la capital y un buen número de poblaciones onubenses acumulan el ochenta por cien de todas las creaciones de León Ortega. Fuera de esta región, es Extremadura el segundo espacio geográfico en el que encontramos la mayoría de las obras del imaginero de Ayamonte, en especial en la provincia de Badajoz. Siendo el Cristo crucificado de los Misioneros de la Preciosa Sangre de Cristo, de la Casa del Sol de Cáceres, la primera talla que realiza en la región, en 1955. A partir del año siguiente, el escultor dejó la huella escultórica de mayor importancia en la región, tanto por la cantidad de creaciones como por la calidad artística de las mismas. Así, en Puebla de Sancho Pérez, para la parroquia de Santa Lucía, talló el Cristo atado a la columna en 1966, la imagen de María Santísima del Mayor Dolor en 1968 y un Jesús Orando en el Huerto en 1971. Este último año la iglesia parroquial de San Blas de Bodonal de la Sierra le encargó la imagen del Cristo de las Siete Palabras. Pero si una población destaca por la densidad de las creaciones del imaginero onubense, esta es Jerez de los Caballeros.
La singular obra de León Ortega en Jerez de los Caballeros
En total, el escultor realizó o restauró, entre 1956 y 1986 nada menos que diecisiete obras de contenido religioso. Fueron encargos del Convento de las Hermanas de la Cruz, de la Cofradía de la Virgen del Rosario de la parroquia de San Miguel, de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de la iglesia parroquial de Santa María de la Encarnación y hasta del propio Ayuntamiento de Jerez de los Caballeros.
Una de las razones por las que León Ortega viajó hasta Jerez de los Caballeros se debió a que en el convento de las Hermanas de la Cruz había una religiosa con la que tenía una relación de parentesco. El contacto con las monjas explica que estas hicieran varios encargos al escultor, que quedaron materializados en las cuatro obras que acoge este convento de clausura: una imagen de San José con el Niño en brazos, realizada en 1962; una talla de candelero, la Virgen de la Salud, en 1966; y dos crucificados, esculpidos ambos cuatro años después: el conocido hoy como Cristo de la Misericordia y el Perdón, que ocupa el altar mayor de la iglesia de este convento y el Cristo Crucificado que se sitúa en el vestíbulo principal de entrada al mismo.
La Cofradía de la Virgen del Rosario de la iglesia de San Miguel le encargó el Grupo de la Oración en el Huerto, compuesto por la imagen de Jesús Orando y el Ángel Confortador. Ese mismo año la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de la iglesia de Santa María de la Encarnación le encomendó la realización del Grupo del Sagrado Descendimiento, compuesto por las imágenes del Cristo del Descendimiento, la Virgen de las Lágrimas, María Magdalena, San Juan Evangelista, José de Arimatea y Nicodemo. A finales de 1965 ya había realizado otro importante trabajo en Jerez, de nuevo para esta cofradía de Jesús Nazareno: la talla de la Virgen de la Encarnación.
Por su parte, el ayuntamiento de esta ciudad le encargó en 1966 la estatua del Corazón de Jesús que habría de rematar la Torre del Reloj, situada en el lienzo de muralla de la Alcazaba jerezana, para sustituir al anterior, de barro cocido. Modelado en piedra artificial, presenta largos cabellos, los brazos en cruz con sus manos abiertas y gran túnica hasta los pies.
León Ortega tuvo dos importantes encargos de restauración artística en esta ciudad. En 1972 la Real y Pontificia Cofradía del Santísimo Sacramento de la parroquia jerezana de San Bartolomé le encomendó la restauración de la imagen del Cristo de la Piedad. En 1986 la ya citada Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, le contrató para restaurar la talla de su imagen titular, Jesús Nazareno.



‘El grupo escultórico del Descendimiento de la Cruz una tarde cualquiera de Viernes Santo en Jerez’. El Descendimiento procesiona la tarde del Viernes Santo dentro del desfile del Santo Entierro. En este misterio se representa el momento en el que el cuerpo muerto de Jesús es bajado de la cruz por José de Arimatea y Nicodemo, mientras observan la escena San Juan, de pie, y María Magdalena y la Virgen, arrodilladas. Fue un encargo realizado a León Ortega en 1956 para la Cofradía de Jesús Nazareno de la parroquia de Santa María de Jerez de los Caballeros. Las seis imágenes que lo integran poseen gran equilibrio formal, son muy proporcionadas y mantienen el mismo estilismo creativo. De todas ellas debemos destacar las esculturas del Cristo, conocido como Cristo del Buen Fin, y de la Virgen de las Lágrimas. Para el profesor Márquez Franco, Antonio León Ortega volvió a imprimir su particular sello en unas tallas que poseen una suavidad de formas que se alejan del barroquismo andaluz, pues el artista logró otorgarles unos formidables rasgos de modernidad.


