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‘Belleza andaluza’, de Gustavo Bacarisas. Grada 144. Inmaculada González

‘Belleza andaluza’, de Gustavo Bacarisas. Grada 144. Inmaculada González
Foto: Galería de Arte Ansorena
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Elegí hace tiempo este autor para hacer un guiño en este mes de abril a la Feria de Sevilla. Y aunque las actuales circunstancias no permiten el evento, yo continúo con la idea inicial y les presento a un artista muy sevillano, no de cuna, sí de adopción.

El apellido Bacarisas proviene de la isla de Menorca. Sus ascendientes emigraron a Gibraltar en el siglo XVIII. Él nace allí, en el peñón.

Desde muy niño demostró excelentes cualidades para el dibujo. Su padre era pintor.

A los 20 años comenzó sus estudios como becario en Roma. Su estancia en Italia le posibilitó relacionarse con el mundo artístico europeo. Vivió en París. La formación adquirida en Roma, el conocimiento de la pintura romántica inglesa, del impresionismo y de las nuevas vanguardias, sobre todo el fauvismo, constituyeron las bases sobre las que el artista creó su propio estilo.

Viajó a tierras americanas y llegó a Sevilla, ciudad a la que quedó ligado hasta el día de su muerte, y de la que fue nombrado hijo predilecto.

Fue un maestro del retrato y la figura. En su obra paisajística prevaleció siempre el denominado colorido bacarisiano y ciertos toques fauvistas. Buscó inspiración en los pueblos de la serranía onubense y gaditana.

Cultivó la pintura preferentemente, pero también la escultura, la azulejería, la ornamentación cerámica y la escenografía, realizando diseños de vestuario y decorados para óperas.

Se integró paulatinamente en la vida artística y cultural sevillana. Ingresó en su Ateneo, donde presidiría la sección de Bellas Artes. Adaptó su estilo a la capital andaluza, a la luz, al color y a sus gentes.

Combinó el impresionismo con el cuidado preciso de las formas, con rigor en el dibujo, el amor a la construcción de las cosas, el deseo de que estas, iluminadas, acariciadas por el aire, no perdieran su estructura propia. Un artista en el amplio sentido de la palabra, un hombre bondadoso y humilde que acogía con tímida reserva los honores que le tributaban. Cuantos le conocían sucumbieron al hechizo de su personalidad carismática. Su refinamiento artístico y humano causaron sensación.

Fue polifacético. Su estilo aportó un toque moderno a la pintura andaluza del momento; su obra de estilo figurativo se caracterizó por el empleo de colores a ‘brochazos’.

Gustavo Bacarisas fue una de las figuras más destacadas en el panorama de la pintura sevillana de la primera mitad del siglo XX; supo superar los convencionalismos de la pintura decimonónica, creando un estilo muy personal de claras influencias modernistas e impresionistas. Tuvo predilección por los cuadros de ambiente nocturno y supo pintar la belleza de la mujer andaluza al igual que lo haría su contemporáneo Julio Romero de Torres.

Sevilla siempre tuvo palabras de elogio y afecto para el que consideraba su maestro.

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