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Descubriendo a la poesía y a los poetas

Descubriendo a la poesía y a los poetas
Vital Aza. Foto: Cedida
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Vamos invernando, caminando y soñando por estos albores de 2026, con las últimas hojas otoñales que han ido poco a poco carnavaleando para convertirse en lluvia, presentando sus colores ocres, cobrizos y térreos.

Por cierto hay que ver cómo llueve; llevamos encadenadas ocho borrascas seguidas y parece que vendrán más.

“Queda la lluvia por caer, queda la lluvia“, como bien dice el profesor Ramón Pérez Parejo en su poemario ‘Gremios’.

También, desde el año pasado, el anuncio y difusión del ‘tiempo meteorológico’ lo han revestido de todo un ‘santoral’ poniéndole nombres a las borrascas: ‘Filomena’, ‘Efrain’, ‘Herminia’, ‘Kristin’, ‘Joseph’, ‘Ingrid’, ‘Harry’, etc.

Hemos dejado atrás y celebrado el pasado 6 de enero de 2026 el centenario de la colocación de la Estatua de Gabriel y Galán en el paseo cacereño de Cánovas, y con el inicio del año las promesas y los libros aguantan más entre las manos y el leer crece, ya que la lectura nos hermana con la cultura y esta nos hace soñar, que seamos más libres y más felices.

En aquellos días azules de mi infancia, en las tierras altas del Valle del Ambroz, en la localidad de Segura de Toro, mi padre, Matías Simón como yo, nos solía leer poemas y nos hablaba de sus poetas favoritos. Recuerdo que aquel verano de 1973, con 13 añitos, descubrí a Vital Aza, el gran poeta asturiano, nacido a mediados del siglo XVIII; resulta que este recibió una carta de Sinesio Delgado, reconocido poeta palentino, para que le resolviera la siguiente situación. Mi padre nos leía.

Le escribe Don Sinesio: “Tengo enfrente una vecina cuyo talle esbelto, erguido, me seduce y alucina. ¡Es la chica más divina de todas las que he querido! Yo creo de veras que de ella quiso hacer Dios una de esas trincheras (que tiene mucho de atractivo) morenitas sandungueras que nos gustan a los dos. Pero ¡Ay! Señor don Vital, que el fuego horrible me abrasa de los celos por mi mal. Y lo gordo es que el rival vive con ella, en su casa. Ni un punto la encuentro sola; no va donde no lo lleve, y hasta duerme entre su cola (es un gatito de Angola, tan blanco como la nieve). Esto aminora su encanto, pues no me equivoco si juro por tal o cual santo que quiere al de Angola tanto, por lo menos como a mí. Supongamos que mato al gato, por ver si a broma lo toma y disculpa mi arrebato; más, de fijo, si lo mato, me sale cara la broma. Porque siendo tan sensible mi vecina, yo adivino que, en presencia del horrible crimen va a ser imposible que perdone al asesino. Si la vida le concedo, los celos y la pasión harán mayor el enredo, puesto que reinar no puedo yo solo en su corazón“.

Vital Aza le responde desde Gijón y le da la solución a este enredo gatuno-amoroso, deleitándonos con su respuesta en quintillas, como no podía ser de otra forma: “Muy señor mío: he leído su carta con atención, y allá va la solución que al pronto se me ha ocurrido: Ante todo, faltaría a un deber de cortesía no diciendo aquí, inter nos, cuánto agradezco los piropos que usted me envía. Y en pago a tanta bondad tan sólo a usted le diré una cosa que es verdad y es que versifica usted con mucha facilidad. Mas basta ya de floreros y pues logré merecer su atención, sin más rodeos satisfará sus deseos como Dios me dé a entender. Me asegura usted, formal, que idolatra a una vecina y que tiene, por su mal, un rival, y ese rival es de raza felina. Permita usted que me asombre, pero le juro en mi nombre que el asunto me anonada. Si ese rival fuera hombre la cosa estaba arreglada. ¿Quién no sabe lo que es eso? Dos testigos, sitio y hora, y ¡Andando a romperse un hueso! y aquel que saliera ileso cargaba con la señora. Pero ¿Con un gato? ¡Horror! La situación es terrible, muy terrible, sí, señor. ¿Quién tiene un lance de honor con un gato? ¡No es posible! Si ella olvida sus deberes serán vanas intrigas. ¡Se amarán estos dos seres! Siempre han hecho buenas migas los gatos y las mujeres. Sólo hallo una solución contra esa gatuna unión y en que lo apruebe confío. Es forzoso, amigo mío, que haya una separación. Con esta receta sola se arreglan estos asuntos que traen larga cola. ¡Ni un día más estarán juntos, la vecina y el de Angola! Cuando no se puedan ver se dejarán de querer. ¡Nada de muertes, por Dios! Lo que hace falta es poner mucha tierra entre los dos. Y si es verdad el retrato y es la vecina divina, yo de protegerlo trato: ¡Quédese con el gato y mándeme a la vecina!“.

Que tengan ustedes un feliz y poético año de 2026.

Matías Simón Villares
Profesor, cantautor y presidente de la Asociación Cultural Amigos de la Estatua del Poeta José María Gabriel y Galán en el Paseo de Cánovas de Cáceres

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