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‘El Júcar’, de Fernando Zóbel. Grada 146. Inmaculada González

‘El Júcar’, de Fernando Zóbel. Grada 146. Inmaculada González
Foto: Cedida
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A Zóbel, artista de origen filipino, un viaje a España le marcó su trayectoria. Este artista recorrió mundo, escribió, pintó, estudió idiomas, Medicina y Filosofía y Letras. Se enriqueció personal e intelectualmente, amó el arte y la cultura hasta sentir que debía protegerlos y retenerlos para que no perdiesen su valor.

Fruto de este pensamiento fundó el Museo de Arte Abstracto Español en las Casas Colgadas de Cuenca en 1966. Quiso que fuera un rincón donde abundara el silencio para poder uno perderse en la intimidad con la poética plástica.

Su pintura se caracteriza por la ausencia de improvisación y la búsqueda permanente de la expresión del movimiento. La depurada concepción de la abstracción, unida al cromatismo intenso, recuerda a veces a los pintores venecianos.

El protagonismo de sus obras se encontró siempre en los colores proyectados sobre las grandes extensiones blancas del cuadro. Había trazos que creaba ya no con un pincel, sino con una jeringuilla. Expandía manchas de pintura en el lienzo, en el que dejaba la mitad en blanco, vacío, sin materia y sin vida.

Fue un pintor que escribió cientos de miles de páginas en diarios y cuadernos de apuntes. Supo rodearse de múltiples lenguajes para al final crear uno propio.

Sin embargo, si hay un tema concreto que le obsesionó a lo largo de su trayectoria fue el río Júcar. Lo contemplaba de todas las maneras posibles: con nieve, con sol, con lluvia, con gente, sin gente, y lo plasmaba en apuntes. Luego empezaba a crear, y a mirar por la luz y el color que se reflejaba en el agua. Mientras experimentaba con una estética de impresión vaporosa, difusa y dinámica, iba apuntando en sus ‘Diarios de cuadros’ las transformaciones con las que jugaba. El tema del río y sus diversas visiones se instaló en la personalidad del pintor durante los largos períodos de su apasionado amor por Cuenca y sus rincones encantados.

Zóbel recorría infatigable parajes tras el rastro de ciertas palabras oídas en sus charlas con lugareños o cazadores, o al azar, tras captar al vuelo un dato sugerente, de posible interés para su mirada de artista.

Una vez que un paisaje le seducía por su luz, sus colores, sus relaciones espaciales, su rareza, o por algo que solo él entendía, lo contemplaba largamente a distintas horas del día, como hacía Monet, hasta que descubría los elementos de la realidad y su representación pictórica.

En su célebre frase “Estoy buscando con verdadero interés los resortes de la belleza” reflejaba la búsqueda de la praxis, del oficio, del método que hiciera producir la belleza.

Creo que fue una persona profundamente contemplativa y activa, y que consideraba que la abstracción en sus cuadros estaba en manos del público y no en la obra.

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