Hace poco he estado en casa de un amigo muy querido. Ha ido perdiendo la visión con el paso del tiempo, como una lámpara que pierde fuerza. Aún conserva un pequeño resto, pero ya no le permite leer como antes. Durante años, su estantería fue un refugio de libros, de conocimiento, de entretenimiento… formaban parte de su identidad.
Me contó que su vista no le permitía sumergirse en las páginas como antes, y por eso vació la estantería.
Al oírlo, no pude evitar sentir una punzada en el pecho. No por los libros que ya no estaban, sino por lo que representaban: una despedida forzosa, una renuncia inevitable. La estantería, que antes rebosaba letras, parecía ahora una herida abierta.
Pero también pensé que, tal vez, no todo está perdido. No debía ser el final. Sino ser el principio.
Una estantería vacía no tiene que ser solo ausencia; también es promesa. Puede ser un espacio donde puede acoger algo nuevo. Le dije que la podía llenar con otros proyectos que le ilusionaran. No tenían por qué ser libros: podrían ser fotografías ampliadas, piezas que se disfrutan con el tacto, notas de voz organizadas en cajas, pequeñas obras manuales, recuerdos en formatos accesibles. Con cosas que pudiera disfrutar con la vista que aún tiene, o sin ella.
No se trata de reemplazar lo que se ha perdido; nuestra alma no necesita letras pequeñas para que este viva. Sino de imaginar nuevas formas de llenarla, de mantenerla entretenida y viva. Necesita ilusión. Con lo que queda, con lo que aún se puede. Porque siempre hay algo que se puede.
Al salir de su casa, me quedé con esa imagen en la cabeza: una estantería vacía que, más que tristeza, empezaba a sugerir futuro. Un lugar donde el polvo no debería acumularse, sino la esperanza. En la vida, hay estanterías que se vacían. Pero eso no significa que se acabe todo. A veces, es solo la señal de que toca empezar de nuevo, con otras herramientas, otras luces.
Lo importante es no dejar que el polvo de los pensamientos tristes lo cubra todo. Pensar más en positivo. Y apartar de una vez por todas las estantonterías.