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Fotos en versión digital. Grada 146. Tobias Büscher

Fotos en versión digital. Grada 146. Tobias Büscher
Romería vikinga de Catoira. Foto. Tobias Büscher
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Érase una vez una foto que saqué en la costa atlántica española. Tema: la romería vikinga de Catoira. Entonces estudiaba en la Universidad de Gießen. Friedrich, mi profe de fotografía, era un chaval del diario sensacionalista Bild.

Esto pasó en 1991, el mismo año en que la empresa alemana Springer de Bild intentó lanzar un diario sensacionalista también en España, con el nombre ‘Claro’. Después de pocos meses cerró. Casi nadie de vosotros quería leer prensa rosa. Vaya fracaso. Claro que sí.

Friedrich era un hombre con los dos pies en el suelo en comparación con mis profes intelectuales de Historia. Era alto y antipático. Yo era su alumno preferido. Preferido en el sentido de que casi nunca le gustaban mis fotos, realizadas con una Nikon FE2: “Buena cámara Tobias, pero tus fotos son todas cobardes, guapo; tienes que acercarte a una persona con tu cámara como si fueses a dar un beso a tu novia”.

Cuando volví con la foto de los chicos besándose en España fue la única vez que vi contento a Friedrich. Su única palabra: “vale”.

Poco después murió en un accidente de coche. Friedrich quería hacerle una foto al entonces joven político del Partido Verde Joschka Fischer. Tenía prisa. Era invierno, se salió de la carretera y le frenó un árbol.

La verdad es que Friedrich me enseñó algo para toda la vida, al menos hasta que empezó la época de los selfies. Para exagerar un poco: antes Egon Erwin Kisch, hoy ‘fakenews’; antes Cristina García Rodero, hoy Photobox; antes fotos buenas, hoy ‘ego-selfies’.

Mi mujer, Silke, se niega a enviar fotos vía WeTransfer. Y me dice que no debo acercarme demasiado a la gente con mi cámara digital. Podrían tener un abogado. O un virus. Silke es de la ex-RDA. Para ella la Stasi de hoy es la Word Wide Web.

Por cierto, para ver la foto que acompaña este artículo tuve que volver al laboratorio de la Universidad de Gießen. Necesitaba rollo de película Kodak y papel fotográfico Ilford. Y desde que saqué la foto en la costa atlántica hasta verla en la Universidad de Hesse pasaron dos meses.

La misma foto la he enviado a Grada en dos segundos. Una foto antigua, vale. Pero estoy seguro de que la preferís a un selfie mío, porque mi hija Marie (7) acaba de cortarme el pelo.

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