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‘La vendedora de frutas’, de Olga Costa. Grada 169. Inmaculada González

‘La vendedora de frutas’, de Olga Costa. Grada 169. Inmaculada González
Foto: Museo de Arte Moderno. Ciudad de México
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Olga Kostakowsky, conocida como Olga Costa, fue una importante pintora alemana que, sin haber nacido en México, dejó huella en dicho país a través de su arte, de su fascinación por su cultura y de su significativa labor, al haber fundado galerías, sociedades artísticas y espacios de conjunción para los creadores de su tiempo.

La obra de Costa se caracteriza por una extensa gama cromática y por la integración de elementos de la naturaleza, como plantas, frutas y flores. Entre sus obras destacan los géneros de paisaje, naturaleza muerta y retrato. Fue pintora durante más de 60 años, en los que su numerosa producción fue cambiando no solo de estilo, sino también de ideología.

Sus padres, originarios de Ucrania, huyeron a Alemania durante la Primera Guerra Mundial. La familia emigró a México después de que su padre, músico y actor, fuera liberado de la cárcel en 1925, cuando Olga tenía 12 años. Entonces Olga ya contaba con una gran cultura y un bagaje plástico muy desarrollado.

Se establecieron en Ciudad de México y la familia rápidamente se relaciona con la élite cultural mexicana, por medio de la cual Olga Costa conoce a Diego Rivera. Tal es su admiración por el trabajo del muralista que decide dejar la música, ámbito en el que se había desarrollado hasta entonces, y dedicarse a la pintura.

A los 20 años Olga ingresa en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, aunque meses más tarde abandonó sus estudios pues no estaba de acuerdo con el sistema de enseñanza.

A la obra de Costa se le considera más bien de origen autodidacta, porque nunca termina su formación plástica en ninguna academia. Su pintura más conocida es ‘La vendedora de frutas’ y data de 1951; también es su cuadro más grande.

Las obras de dos pintoras de origen alemán establecidas en México en la década de 1930, Olga Costa y Frida Khalo, se relacionan. Pero, aunque ambas tuvieron características similares, sus pinturas muestran una mirada diferente, tanto de sí mismas como de la que fue su tierra. Aunque la rivalidad entre sus esposos no permitió que floreciera entre ellas una amistad, sus fuertes afiliaciones a partidos de izquierda y comunistas las acercaron en la distancia que mantuvieron en vida.

La pintura de Frida Kahlo fue totalmente autobiográfica, mientras que Olga Costa trató de vislumbrar el exterior de sí misma. En cualquier caso, Olga parece estar condenada a vivir bajo la sombra de Frida. Resulta prácticamente imposible, al mirar las pinturas de Olga, no pensar en el trabajo de Frida, quizás por su marcada mexicanidad y, claramente, por su inmenso talento y uso del color.

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