La tradición no se detiene, pero sí se adapta. Ante las condiciones meteorológicas adversas previstas para los días 31 de enero y 1 de febrero, el colegio Ortega y Gasset ha decidido trasladar al interior del centro escolar las actividades de su popular celebración de Las Candelas del Ortega 2026, una fiesta que cada año reúne a familias, alumnos y vecinos en un ambiente festivo, solidario y profundamente comunitario.
Como explicó Juan Marcial, padre y miembro activo de la organización, “Con el tema de la lluvia se adelantan las barras de las Candelas al sábado. En nuestro centro normalmente se hacen fuera, al aire libre, pero este año como excepción, a cubierto.”
Así, y por primera vez en su historia reciente, las barras, la tómbola y los espacios de ocio se instalarán dentro del edificio escolar (en patios techados y salas habilitadas) para garantizar la comodidad y seguridad de todos los asistentes, tanto adultos como niños.
Programa actualizado
- Sábado 31 de enero y domingo 1 de febrero, desde las 12.00 horas:
- Apertura de barras y zona de tómbola
- Sorteo de premios: PS5, paleta de jamón, botas de fútbol firmadas por el CD Extremadura, y más sorpresas
- Participación especial de Ángel Ortiz, jugador del Real Betis Balompié, quien apoya la iniciativa con su presencia y donaciones
- Domingo 1 de febrero, a las 20:00 horas:
- Encendido de la Pantaruja (la gran hoguera simbólica) en el parking de tierra, en el mismo lugar habitual, bajo el cielo abierto, ya que esta parte del acto se mantiene al aire libre, como es tradición
La actividad se celebra en beneficio de la excursión fin de etapa del alumnado de 6º de Primaria, una iniciativa que busca cerrar su etapa escolar con una experiencia formativa y memorable
Más allá del entretenimiento (música, comida, rifas y sorpresas), Las Candelas del Ortega son un ejemplo de participación ciudadana y trabajo en red: padres, madres, profesores, exalumnos y comercios locales colaboran para hacer posible esta jornada. El lema de este año, ‘Siempre toca’, refleja esa esperanza y alegría colectiva que caracteriza a la comunidad educativa.
Y aunque el fuego de la pantaruja seguirá iluminando el campo, este año también brillará el calor humano dentro del centro: en las risas de los niños jugando a la tómbola, en las conversaciones junto a las barras, en la entrega de premios y en la mirada de quienes ven cómo su pueblo sigue siendo un lugar donde se cuida lo común.