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Los nombres de nuestros antepasados: Cadaro. Grada 170. Julio Esteban Ortega

Los nombres de nuestros antepasados: Cadaro. Grada 170. Julio Esteban Ortega
Foto: Cedida
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Presentamos en estas breves líneas el testimonio epigráfico de otro de los antiguos nombres que proliferó en tierras de la antigua provincia romana de la Lusitania. Me refiero al antropónimo Cadaro, y lo hacemos a partir de una inscripción hallada en la localidad cacereña de Madroñera, cuya fotografía se acompaña, y que fue dada a conocer recientemente por el que suscribe.

Sin duda, es un bello testimonio de los ambientes más modestos de la sociedad indígena local. El monumento corresponde a una gran laja de pizarra de la zona, de elaboración muy tosca, en la que se esculpió el epitafio de una mujer, de nombre Boutia y que dice ser hija de un tal Arabo. La difunta, que murió a la edad de 25 años, es conmemorada por su esposo, Cadaro, hijo de Cantono. Por la paleografía y el formulario el monumento se fecha a finales del siglo I o en el II d.C. El texto dice así: “Boutia, hija de Arabo, de 25 años, aquí yace, que la tierra te sea leve. Cadaro, hijo de Cantono, a su esposa procuró hacerlo”.

Los textos funerarios de la época son todos muy similares, y suelen estar plagados de abreviaturas que hacían referencia a la edad del difunto, a los buenos deseos para con el mismo, a la relación familiar que unía al fallecido con el dedicante que solía aparecer en el epitafio, etc. Algo muy parecido a los textos que veíamos en nuestros cementerios hasta hace pocas fechas, en los que aparecían también no pocas abreviaturas en latín, como el típico R.I.P. (descanse en paz), que se repetía, y todavía se repite, en la mayor parte de ellos.

Los nombres que aparecen en la inscripción de Madroñera eran muy comunes hace 2.000 años en la parte occidental de la Península Ibérica, y están suficientemente constatados en la epigrafía extremeña, que manifiesta una vez más la abundante onomástica conservada de nuestros ancestros.

Con el radical ‘Cad-’ se conocen varios nombres que muestran esta misma dispersión, como Cado, Cadi, Cadarna, Cadano, Cadabre, Cadilla, etc., algunos de ellos constatados por una sola inscripción. Restos de la onomástica indígena que poco a poco se fue perdiendo, pero que la ciencia epigráfica se ha encargado de recuperar.

Aunque hay que tener presente lo circunstancial de los hallazgos, el nombre de Cadaro se concentró principalmente en la región extremeña, donde conocemos cinco inscripciones que lo mencionan, procedentes de Oliva de Plasencia, Valverde del Fresno, Zarza de Granadilla o esta de Madroñera, en la provincia de Cáceres; y un ejemplar hallado en Monterrubio de la Serena, en la provincia de Badajoz.

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