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‘Mujer con niño muerto’, de Käthe Kollwitz. Grada 143. Inmaculada González

‘Mujer con niño muerto’, de Käthe Kollwitz. Grada 143. Inmaculada González
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Käthe Kollwitz fue una pintora alemana pacifista, muy comprometida socialmente y obsesionada con la muerte, puesto que la visitaría varias veces. Tuvo una formación religiosa muy fuerte, su familia la enfocó basándola en la caridad hacia los seres humanos más necesitados.

Se casó con un médico militante socialista y tuvieron dos hijos. La muerte le arrebatará al menor en la Primera Guerra Mundial. En la Segunda Guerra Mundial los nazis consiguieron que abandonara su puesto como académica y su obra fue prohibida. Es arrestada por la Gestapo con su marido con la intención de enviarlos a un campo de concentración. El suicidio pasó por sus cabezas, pero consiguen salvarse.

El padre de la artista estimuló sus habilidades para el dibujo desde su infancia. Estudió en Berlín en la Escuela de arte femenina. Inicialmente fue pintora, pero más tarde empezó a cultivar el dibujo y el grabado ya que ambas técnicas le permitieron desarrollar sus obras, de profundo contenido social, con mayor expresividad y dramatismo.

La destrucción de su estudio durante los bombardeos aliados, el fallecimiento de su marido en 1940 y de su nieto en el frente hace que se refugie en Dresden, donde vivió hasta el final de la guerra.

La calidad de su dibujo supo representar la cruda realidad de la guerra y sus víctimas: madres desconsoladas, niños enfermos, huérfanos, padres angustiados y, en general, gente que sufrió escasez y penuria. La crueldad de la guerra, la vulnerabilidad de los más débiles, el dolor terrible de las madres que perdían a sus vástagos, la angustia atroz de tantos niños y niñas bajo la sombra del conflicto, acosados por la miseria, por el hambre del cuerpo y del alma, por la siempre presente cercanía de la muerte: “La obra de Käthe Kollwitz lo ha abrazado todo, ella encarna la voz silenciosa del pueblo sacrificado”.

En 1903 dibujó ‘Mujer con hijo muerto’. He querido mostrar esta obra en la que su pequeño Peter posa, una obra premonitoria; la mujer representada será Kollwitz, que sentirá el dolor por la pérdida de su propio hijo. La desolación de esa pobre mujer sería la suya.

A los momentos de aceptación de que su hijo cumplió con su deber le siguieron los de la certidumbre de lo absurdo de toda guerra: “He terminado un dibujo: la madre que deja deslizar en sus brazos a su hijo muerto. Podría hacer 100 de esos dibujos y ni siquiera así podría aproximarme más a él. Le busco. Como si tuviera que encontrarlo en el trabajo. Peter está en el trabajo y yo demasiado destruida, debilitada, exhausta”.

Al menos mientras trabajaba ahuyentaba a la muerte, esa a la que siempre tuvo tan cerca.

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