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Pasado con memoria (XLIV)

Pasado con memoria (XLIV)
'Fuga del Diablo'. Foto: Ayuntamiento de Jerez de los Caballeros

No sé si ya lo he soñado otra vez, pero como ha vuelto a mí, lo expreso de nuevo: “Sonríe cada día y vive cada instante. Ama cada hora y disfruta cada segundo”.

Supersticiones extremeñas sobre el diablo
Cuantas veces nombremos al diablo en nuestra vida, las mismas aparecerán a la hora de nuestra muerte.

Mirarse al espejo de noche es ver al demonio.

Cuando una persona invoca al diablo, las que la escuchan deben pronunciar tres veces “Jesús aquí”, evitando así que él aparezca.

Si bostezamos debemos hacer la señal de la cruz sobre nuestros labios para evitar que entre el demonio por ella.

Es malo bailar solo si la propia sombra se proyecta en la pared, porque entonces se baila con el diablo.

Si una persona habla sola es que está hablando con el diablo.

El día de San Bartolomé anda suelto el demonio. El santo lo tiene amarrado a sus pies con una cabeza y lo libera ese día. Para procurar que no entre en las casas deben ponerse cruces en todas partes y rezar mucho.

Cuando corren vientos muy fuertes es que se ha escapado el demonio, formando así una gran ventolera.

Cuando se cortan las uñas de noche las corta el diablo.

Soñar con el diablo es siempre un mal augurio, menos cuando se sueña que se lucha con él y que se le derriba, asegurando así un éxito feliz.

Un gato negro simboliza al demonio y es un mal presagio encontrarse con él o que haya uno en la casa.

Extremadura, nuestra tierra
Como escribía el poeta de Carcaboso Ceferino Carpintero Prieto en su poema ‘Tierra de la Extremadura’:

Tierra que me sabi a jigu,
a alcornoquis y a jigueras,
a los vinos de pitarra
y a morcilla patatera.

Y volviendo al vino de pitarra con unos brindis populares:

Este vino de pitarra
nacido de las verdes matas,
tú me rindes, tú me matas,
tú me echas a perder…
Pero vale más un beso tuyo
que ciento de una mujer.

O:

Naciste de buena madre
y si estás bueno y sano,
aunque no estés bautizado
te acepto como cristiano.

Aunque no se haga mención específica al pitarra, también se suele brindar diciendo:

Ese vino vinillo,
hijo de la cepa tuerta,
él se quiere colar
y yo le abro la puerta.

Pachanga
Se trata de una fiesta o reunión bulliciosa y ruidosa con baile y bebidas, que en España se usa también para referirse a un partido de fútbol, baloncesto o cualquier otro deporte que se ejecuta solo por diversión, sin buscar beneficios deportivos o lucrativos.

Aunque este sustantivo se originó en América Latina (especialmente en Cuba y Méjico) en realidad la palabra tiene raíces africanas, concretamente de la religión yoruba, donde ‘Chango’ o ‘Changó’ hace referencia a un orisha o deidad de esa religión, dios importante asociado con las grandes fiestas, que en su forma derivada de ‘fiesta p’Changó’, resultó en el sustantivo ‘pachanga’.

Celia Cruz, cantante cubana de música tropical apodada la ‘Reina de la salsa’ y ‘La Guarachera de Cuba’, en ‘La Pachanga’ canta:

Señores qué pachanga,
vamos pa la pachanga,
qué buena la pachanga,
mamita que pachanga…

Por todo lo cual puede decirse que la expresión popular “Ay señores, ¡Qué pachanga!”, como recoge la Real Academia de la Lengua, “se usa para manifestar asombro, admiración o desconcierto ante una fiesta, diversión, o situación bulliciosa y festiva, que se sale de lo común y provoca una reacción de sorpresa o exageración”. Implica, pues, que algo es muy animado o que hay un gran alboroto, similar a una celebración importante.

Poemario de amor
A esa mujer que allí viene
déjala pasar de largo,
es una liebre corrida,
mordida por muchos galgos.

Si la Inquisición supiera
lo mucho que te he querío
y el mal pago que me has dao
te quemarían por judío.

Si en ti quisiera vengarme
bien sabe Dios que lo hiciera,
pero es mi querer tan grande
que el pensarlo me da pena
y lloro gotas de sangre.

Primero que yo te olvide,
¡Mira tú qué disparate!,
han de echar peras las parras
y los olivos tomates.

¿En qué jardín te has criao,
linda maceta de llores,
que no tienes quince años
y ya robas corazones?

Tengo una manola nueva1
con cuatro jacas castañas
y la novia más bonita
que calienta el Sol de España,
sevillana y morenita.

Refranero coloquial
¡Vete a la porra!
Se dice cuando se desea un mal a alguien. Según escribió Manuel Barrios en ‘Modismos y coplas de ida y vuelta’, página 172, se trataba de un andalucismo cuyo origen se debía a las periódicas avenidas del Guadalquivir, que inundaban la vega y el barrio de Triana, en Sevilla. “Había en dicho lugar un corral, llamado de la Porra, construido a un nivel muy superior al del río, por lo que todas las familias, al ver amenazados sus hogares por las aguas, se iban ‘a la Porra’. De ahí que ‘mandar a la Porra’ (al Corral de la Porra) suponga desear un mal a alguien, salvando en cambio la vida”.

Según otra versión del Diccionario ilustrado de frases célebres y citas literarias, de Vicente Vega, página 108, su origen se halla en el gran bastón (terminado en una gran bola de plata, conocido como porra) que el tambor mayor de los antiguos regimientos portaba precediendo a la banda de música en los desfiles militares. Mientras no se usaba, la porra se tenía en el cuerpo de guardia, próximo a la prevención o lugar donde los soldados arrestados por faltas leves cumplían su castigo. Una vez impuesto el arresto –y como mofa -, el mando castigador sentenciaba: -¡Vete a la porra! Y el soldado ya sabía adónde debía de ir.

Esta segunda versión parece más razonable.

Luna de miel
Parece ser que esta frase se acuñó como consecuencia de que, en la antigüedad, los pueblos anglosajones bebían, durante los primeros 30 días de su matrimonio, miel diluida en agua.

Según algunos estudiosos hay que buscar el origen de esta expresión en el proverbio árabe “La primera luna después del matrimonio es de miel, y las que la siguen, de amargura”; o, también entre los árabes, “La primera luna después del matrimonio es de miel, y las que le siguen de absinto, o amargas, como el acíbar”; entendiendo ‘luna’ como período de 28 días, que es como cuentan los musulmanes, y no por meses.

Se aplica, pues, al primer mes de matrimonio, en el que todo es dulce y agradable para los esposos.

Reza un cantar popular:

Dicen que casar, casar;
yo también me casaría
si la vida de casado
fuera como la del primer día.

Es (o eres) la pera
Beyoglu, barrio de Estambul, Turquía, en la orilla norte del Cuerno de Oro (ramal del Bósforo que alguien, recientemente, en una excursión calificó o rebautizó como el Cuerno Fétido), que desde el siglo XVI fue residencia permanente de las colonias extranjeras de la ciudad, se llamaba entones Péra. En aquellos tiempos, este barrio era el centro económico-social de Estambul, de donde partían para toda Europa barcos con especias, perfumes, sedas, etc., que hicieron las delicias de la nobleza y de la adinerada burguesía occidentales. En España, la chispa popular no tardó en señalar estos artículos exóticos como que “eran la pera”. Y con ese apelativo se quedaron como sinónimo de cuanto era lujoso y principesco. Hoy se emplea la expresión más para indicar que algo o alguien se sale de lo común, de lo corriente.

Conocer bien el percal
Percal (del francés ‘percale’ y este del persa ‘pargāle’, trapo) es una tela de algodón blanca o pintada, más o menos fina de escasa calidad, formada con la mezcla de varios tejidos diferentes y de escaso precio; de ahí que se populariza entre las clases sociales con menos recursos económicos cuando llegó a Europa entre los siglos XVII y XVIII a través de Francia, procedente de la India, país donde se originó.

Conocer el percal o conocer bien el percal es una expresión coloquial que significa estar bien enterado, conocer de primera mano un asunto o una situación o conocer bien a alguien, sabiendo así a qué atenerse ante una situación o una persona, entendiendo sus verdaderas motivaciones y cómo se comporta.

1 Coche de caballos de cuatro asientos, con dos puertas laterales.

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