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Pasado con memoria (XLV)

Pasado con memoria (XLV)
Bar Benito. Foto: Cedida
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No tengáis prisa, queridos amigos del mundo mundial, que los sueños no caducan.

Algunos toreros extremeños y sus alias
Los apodos toreros pueden tener diferentes orígenes, pues mientras unos son referencia a su lugar de nacimiento otros lo son a su nombre de pila seguido de alguno de sus apellidos (generalmente el primero), y otros alusivos a la zoología, a su aspecto físico o incluso a un objeto cotidiano, aspectos que podrán apreciarse en los taurómacos que se mencionan a continuación.

El Cartujano. Juan Manuel Reinoso, natural de Puebla de la Calzada (Badajoz), es conocido en el mundo taurino con ese nombre, que no se trata de un apodo, sino del nombre de una estirpe de caballos de pura raza española que fue criada por los monjes de la Cartuja de Jerez de la Frontera.

Clemente de Coria. El novillero Clemente Ramos Méndez, aunque nacido en Torrejoncillo tomó el sobrenombre ‘de Coria’, donde se formó como diestro.

Emilio de Justo. Emilio Elías Serrano Justo era natural del cacereño pueblo de Torrejoncillo, pero se formó como torero en Cáceres.

Antonio Ferrera. Aunque nacido en Buñola (Mallorca), José Antonio Ferrera San Marcos, más conocido como Antonio Ferrera, con 7 años se trasladó con su familia a la pedanía badajocense de Villafranco del Guadiana, donde comenzó su vocación por la tauromaquia.

Fini. Jesús Díez Larios, natural de Badajoz, de cuya escuela taurina formó parte. El sobrenombre artístico, según él mismo confiesa, le viene porque de pequeño era muy gordito y le decían de broma que era finito, “y de ahí lo de ‘Fini’”.

Gallito de Zafra. Ángel Navas Castañón nació en la localidad de Zafra, donde también murió. Lo de ‘Gallito’ le vino por la valentía que demostraba ante el toro. De él dijo el poeta:

Sufrió más de un cornalón
y como en su lucha lenta,

además de ser cruenta,
no ganó ni el oro ni el moro,
contendiendo con el toro
no le salió bien la cuenta.

En Jerez de los Caballeros nació Francisco Regajo Rico, también conocido con igual nombre.

José Garrido. José Manuel Garrido Santos, nacido en Badajoz, es más conocido como ‘José Garrido’, sobrenombre taurino que tomó, como puede verse, de su primer apellido.

El Jato. Julián Calderón Guerrero, natural de Badajoz. Según parece el sobrenombre le vino por las diversas alusiones que hacía a su ‘jato’ (hato, mochila) donde los antiguos novilleros, toreros y otros personajes relacionados con la tauromaquia llevaban a las espaldas con los útiles personales para desempeñar su trabajo.

Julio Parejo. Julio Parejo Fernández, Julio nació en Badajoz, de cuya Escuela Taurina fue alumno. Debutó sin picadores en Santa Marta de la Comarca de Tierra de Barros.

Lancho. Israel Lancho García se formó como torero en la escuela taurina de su ciudad natal, Badajoz, desde su adolescencia. Su nombre artístico lo tomó de su primer apellido.

Luis Alviz. Natural de Cáceres, Luis Alviz Cerro a los 15 años recién cumplidos debutó en Valverde del Fresno, localidad cacereña del Valle de Jálama, ubicada entre Sierra de Gata y la frontera portuguesa. Pasó a ser conocido como ‘Capichull’.

Mirabeleño. José Gutiérrez Izquierdo, novillero natural del pueblo cacereño de Mirabel. También conocido como ‘Pepe Mirabeleño’, tomó ese remoquete en su primera parte del hipocorístico de su nombre de pila y la segunda del pueblo donde nació.

Morales. Daniel Morales Cerrato nació en la badajocense Higuera de la Serena y se aficionó a los toros desde que empezó a ver las corridas por televisión. Y, aunque en su familia no tenía antecedentes taurinos, ingresó en la Escuela Taurina de Cáceres. Este torero, como otros, tomó su nombre artístico de su primer apellido.

El niño de las letras. Manuel Vadillo Castelló nació y murió en Mérida. El sobrenombre artístico le vino porque era tipógrafo de profesión.

El niño del matadero. Antonio Moreno, emeritense. Su primera actuación tuvo lugar en un espectáculo cómico-taurino-circense en cuyos carteles aparecía con ese sobrenombre porque a los 15 años había entrado a trabajar en el matadero de la ciudad.

Paco Robles. Francisco Castellano Robles, más conocido como ‘Paco Robles’, quien fuera primero matador de toros y después banderillero, nació en el pueblo cacereño de Jarandilla. Su remoquete artístico lo tomó del hipocorístico de Francisco (Paco) y de Robles, su segundo apellido.

El pato. Emilio Rey Corrales, natural de Cáceres, en sus primeras corridas utilizó este apodo, que ya utilizara su padre, modesto novillero, en su juventud. En cuanto al origen del sobrenombre nada se sabe, aunque bien pudo referirse a él por tener sobrepeso o por su forma particular de caminar.

Manuel Perera Matos. Natural de Villanueva del Fresno, perteneció a la Escuela Taurina de Badajoz, donde se formó. Otro ‘Perera’, Miguel Ángel Perera Díaz, nació en la badajocense Puebla del Prior.

El platanito. Blas Romero González nació en Castuera y, según alguien le dijo su padre, que al parecer fue novillero, tenía un almacén de plátanos; “de ahí mi apodo”.

El poli. Francisco García Galván, natural de Mérida, tomó su nombre artístico del hipocorístico del nombre de su padre, Hipólito. Su hijo Antonio Manuel adopto este sobrenombre.

El pollito. Vicente Gallardo de la Cruz nació en Mérida y actualmente regenta un
local llamado ‘El Capote’. Según él mismo cuenta, desde su bisabuelo la familia era conocida como ‘Los Pollitos’ y él, como era el más joven, ‘El Pollito’. Su afición al mundo del toreo le vino porque su padre arrastraba los toros muertos en la plaza de Mérida.

Miguel Ángel Perera. Miguel Ángel Perera Díaz, de Puebla del Prior. Badajoz.

Alejandro Talavante. Alejandro Talavante Rodríguez, profesionalmente conocido como ‘Talavante’, nació en Badajoz y se aficionó a los toros desde muy pequeño.

En fin, una buena relación que podría ampliarse con los más de 20 toreros, rejoneadores, banderilleros, etc. que nacieron en Badajoz y su provincia, tal vez la región española que más nombres ha aportado a tauromaquia en nuestro país.

El lenguaje de los novios. Cuento extremeño
En Garrovillas de Alconétar contaban que una criada estaba sirviendo en una casa del pueblo y citó al novio a una hora que ella creía que los amos no estarían en casa. Pero volvieron antes de lo previsto y ella puso un vaso de vino entre dos luces en la escalera. Vino el novio y al ver aquel montaje, se dijo: “Entre dos luces vino”. Y se marchó. Volvió otra vez y ocurrió lo mismo, y como los amos estaban en la casa la criada echó en las escaleras malvas. Y al verlas él se dijo: “Mal vas”. Y se fue también. Y cuando lo citó una tercera vez, los amos no estaban. Entonces ella colocó en las escaleras un corazón entre dos peras. Vino el muchacho y al ver el montaje, se dijo: “Y las dos mi corazón te espera”, con lo cual pudo acudir a la cita.

Tomemos el diccionario como referente
Ser un/a castaña. Según la Real Academia, castaña es un sustantivo que hace referencia preferentemente al color marrón oscuro del fruto del castaño. Aunque coloquialmente, pueda aludir en algunas regiones, como la extremeña, a una borrachera, a un golpe o puñetazo (léase castañazo), a alguien aburrido o fastidioso o a algo de mala calidad; una castaña pilonga.

Hacerse un mundo. Esta expresión (o “hacer un mundo de algo”) significa presentar una situación como más difícil o ardua de lo que realmente es, o darle a algo una importancia que no tiene. Se refiere a exagerar o complicar una tarea o un asunto innecesariamente, haciendo que parezca un gran obstáculo. Según la Real Academia su origen exacto es incierto, aunque tal vez derivase de la idea de que una persona crea “un universo o algo tan grande y complejo como un problema”.

Poner los puntos sobre las íes. Se trata de un dicho con el cual se pretende expresar una opinión de modo firme, claro y preciso, de modo que no deje lugar a dudas lo que se manifiesta, poniendo así fin a una confusión o malentendido. También suele aplicarse a las personas que son muy detallistas y cuidadosas en lo que dicen o hacen. Y su origen parece ser que se remonta al siglo XVI, cuando en la escritura gótica los copistas comenzaron a poner tildes sobre la letra ‘i’ para diferenciarla de la ‘u’, evitando así confusiones en la caligrafía, tilde que con el tiempo se convirtió en el actual punto.

Mañana será otro día. Frase que expresa cierta resignación, a la par que firme confianza. Sobre su origen se cuenta que un tuerto salió de noche para buscar espárragos y así estuvo hasta que decidió abandonar la búsqueda, diciéndose: “Mañana será otro día”.

Por su parte, Gonzalo Correas, natural de Jaraíz de la Vera, recogió en su ‘Vocabulario de refranes y frases proverbiales’ “Amanecerá Dios y verá el tuerto los espárragos”. La frase se difundió en el idioma castellano utilizada incluso por algunos autores como José Zorrilla en su ‘Tenorio’ en boca de Don Juan:

Hoy no es mañana, Lucía;
yo he de estar hoy con doña Ana,
y si se casa mañana,
mañana será otro día.

Y en el poema narrativo argentino ‘El Gaucho Martín Fierro’ se lee:

… que lo que es. Amigo
yo hago ansí la cuenta mía:
Ya lo pasado pasó,
mañana será otro día.

Como pedrada en ojo de boticario. Esta frase se aplica ordinariamente por antífrasis cuando se consigue o adquiere una cosa conveniente. Se le atribuyen dos orígenes: Una hace referencia a que algunos tratados de farmacia antiguos tenían en su portada una viñeta con una mano abierta y en cada dedo un ojo para indicar la vigilancia y celo del boticario; y otra, que antiguamente había en las boticas un pequeño estante de forma ovalada, llamado vulgarmente, ‘ojo de boticario’, donde se guardaban los ingredientes más valiosos, a los que el boticario más estimaba.

Quedarse como el gallo de Morón. Refrán español que se utiliza para describir a una persona que, habiéndolo perdido todo, sigue protestando o mostrando jactancia, es decir, cacareando. Según una leyenda local de la sevillana Morón de la Frontera, allá por el siglo XVI los moronenses dieron una soberana paliza a un recaudador de impuestos que llegó a la localidad con un comportamiento grosero y abusivo. Los moronenses, cansados de su comportamiento, le golpearon y despojaron de sus ropas, provocando su huida de la ciudad.

El suceso dio lugar a esta popular copla:

Anda que te vas quedando
como el Gallo de Morón,
sin plumas y cacareando
en la mejor ocasión.

Quién te conoció, Ciruelo. El dicho se completa con “… cómo te tendrá devoción?”. Cuenta la historia popular que el sacerdote de cierto pueblo andaluz andaba buscando un árbol con que tallar una imagen de San Isidro (otros dicen que de San Pedro) y al fin encontró a un campesino que se quejaba de las ciruelas amargas que daba un ciruelo que tenía en su huerto, de ahí que el sacerdote no encontrara inconveniente para que se lo vendiera. Y así, con la madera del árbol, esculpieron al Santo. Cuando la talla estuvo concluida el campesino se acercó a ver cómo había quedado, y debido a que conocía su humilde origen le pareció demasiado ornamentada, así que se encaró a la imagen y le dijo:

Glorioso San Pedro,
yo te conocí ciruelo
y de tu fruto comí;
los milagros que tú hagas,
que me los cuelguen a mí.

Y folkloristas hay que dicen que, acompañando a la imagen en una procesión, exclamó:

¡Quién te conoció ciruelo
en la vega del Colmenar,
con las amargas que daba
ahora te tengo que rezar!

La frase alude a los personajes que, conocidos en una posición más humilde, pretenden aparentar que descienden de nobles linajes por haber accedido a un alto cargo.

Ser un ‘Viva lavirgen’. Antiguamente, al formar la marinería en la cubierta del buque y cantar el número de la guardia que correspondía a cada cual, el último cerraba la cuenta con un “¡Viva la Virgen!”. De ahí que, esta guardia, por más penosa, se le reservaba al más indisciplinado, quedando la frase para definir al que hace lo que quiere sin preocuparse de sus consecuencias.

Poemas de amor

Si dispone de vender,
señora, usted ese lunar,
por dineros que otros den,
yo estoy en primer lugar.

Los ojos tienen sus niñas,
las niñas tienen sus ojos
y los ojos de las niñas
son las niñas de mis ojos.

Tienes unos ojitos
de chipichape,
que me chipi chapean
cuando los abres.

A tu puerta me senté
a divertir mis pesares,
por ver si puedo sacar
los mandamientos en cantares.

Y para concluir, unos versos sobre el vino y las mujeres, que por algo son regalo del Señor.

¡Qué bonita está la parra
con los racimos colgando;
más bonita está la niña
con catorce o quince años.

Pobrecitas las borrachas
que están en el camposanto
que Dios las tenga en su gloria
por haber chupado tanto.

Capitán, aguardiente;
teniente, un frasco;
sargento, un vaso;
que no faltará un amigo
que pague el gasto.

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