Rodrigo Parejo, nacido en Don Benito en 1981, es un flautista, compositor, improvisador e investigador que ha construido su carrera entre Europa y Asia, siempre en movimiento entre Oriente y Occidente.
Formado en los conservatorios de Don Benito y Mérida y graduado en el Royal Conservatory de La Haya, ha ampliado su aprendizaje en centros de referencia como el Banff Centre for the Arts de Canadá, la Norwegian Academy of Music de Oslo o la School for Improvisational Music de Nueva York. Su trayectoria le ha llevado a actuar en más de 20 países y a colaborar con figuras internacionales del jazz, el flamenco y las músicas del mundo, tejiendo puentes entre escenas tan diversas como la improvisación libre, la danza contemporánea o la música orquestal.
Su nuevo álbum, ‘Nomads’, grabado entre Extremadura e Indonesia, condensa esa vida en tránsito y su visión de la música como lenguaje universal sin fronteras. El disco fusiona jazz contemporáneo, flamenco, músicas asiáticas y elementos de música de cámara, con colaboraciones como el cantaor Francisco Escudero ‘El Perrete’, un cuarteto de cuerdas formado por músicos de la Orquesta de Extremadura y el percusionista Javi Mojave, y propone un viaje sonoro que va de lo cinematográfico a lo meditativo.
¿Cómo empezó tu vínculo con la música y qué te llevó a convertirla en tu forma de vida?
Comencé siendo pequeño, casi inconscientemente y de forma natural, en la Banda Municipal de Música de Don Benito. Mientras estudiaba en los conservatorios de Don Benito y Mérida fui descubriendo otras músicas, así como otras personas relacionadas con esas músicas (flamenco, rock, jazz…), tanto en Extremadura como en todos los lugares que fui visitando mientras seguía estudiando, en Madrid, La Haya, Nueva York, Canadá, Noruega, Indonesia… Disfrutaba colaborando y aprendiendo de las diferentes culturas musicales con todo tipo de músicos, artistas y personas creativas, también de la danza, de las artes visuales…
¿Qué significa para ti improvisar, algo esencial en tu estilo artístico?
Para mí es componer o crear una historia en tiempo real; la forma más ‘desnuda’ de ver a una persona y poder conocerla (además de conocerse a uno mismo) y ver qué lenguaje habla, cómo reacciona o responde ante lo desconocido, cuál es su capacidad para gestionar una situación o reto a resolver, etc. Estamos constantemente improvisando en la vida, y esto no se acaba. El arte de la improvisación dura hasta el último minuto, y en la música hay grandes improvisadores que aún siguen creciendo y aprendiendo aunque tengan 80 o 90 años.
Viajas constantemente y colaboras con artistas de diferentes culturas. ¿Qué te ha enseñado este proceso sobre la música y sobre ti mismo?
Me hace ver que somos muy pequeños e insignificantes en un mundo tan grande y amplio. En tu lugar de origen puede que te conozcan muy bien, pero cuando sales ves que hay que empezar de cero a crear tu familia y tu red de contactos. No todo el mundo conoce lo que es una tortilla de patatas, aunque aquí pensemos que todo el mundo debería conocer la tortilla de patatas y todo lo que forma parte de nuestra realidad. Ni siquiera todo el mundo conoce el flamenco, y hay lugares donde piensan que su nombre es ‘Flamingo’ y lo relacionan con los Gipsy Kings, o incluso lo confunden con la salsa, por su relación con el idioma español.
Por otro lado, veo muchas semejanzas humanas y muchas diferencias culturales entre los diferentes lugares del mundo. Eso sí, la música es un lenguaje universal que todos podemos usar para expresar emociones y esa danza intercultural que conecta personas. Yo sigo aprendiendo constantemente a desenvolverme y a poder comunicarme e interactuar con todas esas músicas y personas de otros lugares del mundo, lo cual enriquece mi lenguaje musical y personal. Además, la música es medicina para alma.
Tu sonido mezcla influencias de distintas tradiciones. ¿Cómo logras mantener una identidad personal en medio de tantos lenguajes y estilos?
A veces me escucho y me planteo algunas cuestiones musicales, aunque intento no juzgarme demasiado. Creo que todo lo vivido suma, y todas esas influencias musicales van apareciendo inconscientemente durante los procesos de creación, las improvisaciones, etc. En general, creo que nuestra personalidad se va forjando en base a las experiencias que vivimos, lo que leemos, lo que integramos, lo que pensamos… y lo mismo ocurre con la música.
‘Nomads’ es un título muy sugerente. ¿Qué representa para ti y cómo se traduce en la música del disco?
‘Nomads’ es un término con el cual me sentí muy reflejado durante los últimos años de constantes viajes entre Oriente y Occidente. Estar de gira durante varios meses es una experiencia en la que vives solo tú mismo, con tus instrumentos musicales y tu maleta, nada más. Aprender a vivir por un tiempo con lo mínimo indispensable y transportable, y a través de la música vivir todas estas aventuras de conexión con otras culturas, gentes, músicas, etc., te hace ver que la música es el medio y el instrumento para conectar personas.
El proyecto se ha desarrollado entre Extremadura e Indonesia. ¿De qué manera han dejado estos lugares su huella en el álbum?
Extremadura es mi lugar de origen, la familia, papá y mamá, la raíz, la infancia, los grandes amigos, la belleza de la región, el carácter de las personas, y la comida. Aunque en los últimos 20 años he estado fuera de España siempre ha sido mi casa. Todo eso tiene un valor incalculable. Por otro lado, Indonesia es un lugar que descubrí en 2012, y desde entonces sigo viajando, o incluso viviendo algunos años allí, para hacer mis giras, y continuar disfrutando la vida del archipiélago de Nusantara. Es un país mágico también, que me mantiene atado y me aporta mucha inspiración, sensibilidad, ideas y experiencias vibrantes.
En ‘Nomads’ hay sitio para el flamenco, la música asiática, el jazz contemporáneo y la música de cámara. ¿Cómo nació esa fusión y qué te interesaba explorar?
Siempre tengo una gran cantidad de melodías sonando en mi cabeza, y a veces pueden tener cierta relación con algunas de estas culturas musicales. A lo largo de los años he hecho desde performances en solitario con un enfoque meditativo y minimalista hasta colaboraciones con orquestas de free jazz con un carácter explosivo o con grupos de rock. No es fácil plasmar todo en un solo disco, y en este caso tomé la decisión de incluir algunas de las piezas más relacionadas con este viaje intercultural.
Entre las colaboraciones del disco vemos a un cuarteto de cuerdas de músicos de la Orquesta de Extremadura, ‘El Perrete’ o el percusionista Javi Mojave. ¿Qué aportó cada uno de ellos al sonido del disco?
El cuarteto formado por Stefania Michalicova, María Miecznikowska, Małgorzata Dzięcioł y Zsuzsanna Brezovai, ‘El Perrete’ y Javi Mojave han contribuido a darle esa forma e identidad del flamenco, la música de cámara y la música orquestal, en concreto a la composición ‘Samsara (Requiem)’, una de las piezas más intensas del álbum. Fue inspirador trabajar con todas estas personas.
Precisamente sobre ‘Samsara’ es una pieza casi cinematográfica, por su estructura y duración. ¿Qué historia encierra esta composición?
Surgió hace un par de años para un proyecto extremeño llamado ‘Bloom’, para el cual compuse toda la música. Tiempo después pensé en llevarla a este formato de cuarteto de jazz más cuerdas y cantaor flamenco. La pieza está dividida en tres partes: Samsara, recapitulación de todos los acontecimientos vividos hasta el momento de la muerte, con la melodía como una especie de escalera progresiva hacia arriba y cada momento que aparece es siempre más intenso hasta el momento de caos, confusión, y fin de la vida terrenal; momento de esperanza, luz, claridad, nirvana; y seguiriyas flamencas, como momento trágico e intenso, con el cante flamenco, las cuerdas y la percusión.
¿En qué proyectos estás trabajando o te gustaría embarcarte próximamente?
Sigo grabando para artistas de diferentes partes del mundo, por ejemplo para el legendario percusionista Steve Thornton, que trabajó con Miles Davis o Michael Jackson. También presento el álbum ‘Nomads’ en Don Benito y Madrid y luego tengo algunas giras esta primavera por Asia, Italia y el norte de España con diferentes proyectos.
Más allá de la música, ¿Qué te inspira o te ayuda a conectar con nuevas ideas?
Viajar es una forma muy directa de inspirarse, incluso para recibir otro tipo de información de carácter sonoro o energético. Escuchar música, ver cine, jugar con las matemáticas, etc. Por otro lado, en cuanto a la música, creo que la música de raíz, el folklore, es algo que aporta una gran cantidad de información e inspiración de una forma muy orgánica. Escuchar nuevos instrumentos, ritmos o melodías abre los oídos a uno mismo y despierta la curiosidad, aunque sean ritmos o melodías milenarias o ancestrales.
