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Violencia sexual contra mujeres con parálisis cerebral. “Soy una mujer. Respétame”

Violencia sexual contra mujeres con parálisis cerebral "Soy una mujer. Respétame"

Anuncia Maján

El tema de hoy, lo reconozco, me toca muy de cerca, como mujer con discapacidad. La violencia ejercida contra quien no puede defenderse me parece una enorme lacra social; y en especial la violencia de tipo sexual, donde la mujer lleva todas las de perder.

La violencia sexual tiene un fuerte componente machista. No lo decimos nosotros, sino los fríos datos. En 2024 se denunciaron en España 22.846 delitos sexuales, un 4’68% más que en 2023. El 85,69% de las víctimas fueron mujeres y niñas. De ellas, el 41,2% fueron menores de 18 años, la mayoría niñas y adolescentes. El 93,13% de los agresores eran hombres. La evolución en el primer trimestre de 2025 fue aún peor, con un aumento del 3,68% de delitos sobre igual periodo del año anterior.

Si fijamos la mirada en las mujeres y niñas con discapacidad veremos que son víctimas propiciatorias. Las mujeres con discapacidad sufren violencia sexual con mayor frecuencia, con porcentajes que superan el 40%. Un 7,8% de mujeres adultas con discapacidad sufrió violencia sexual en la infancia.

¿Qué entendemos por violencia sexual? Centrándonos en las mujeres con parálisis cerebral, la Confederación Aspace la define como “toda acción de intimidación, coerción o invasión no consentida sobre su cuerpo, su sexualidad o su autonomía decisional con fines sexuales, aprovechando una situación de poder, dependencia o vulnerabilidad”. En mujeres y niñas con parálisis cerebral esta violencia se agrava debido a la dependencia, las barreras de comunicación y el capacitismo social, siendo víctimas además de una doble invisibilizacion: por ser mujeres o niñas y por su discapacidad.

Las formas de violencia sexual más frecuentes son las violencias por ausencia de consentimiento explícito y accesible, las violencias en el ámbito de los cuidados y la dependencia, y las violencias simbólicas y estructurales, institucionales y médicas, por abuso en situación de vulnerabilidad o violencias en el ámbito digital. En este último caso, un 52% de las mujeres con discapacidad ha sufrido ciberacoso, y un 47% ha recibido propuestas sexuales online. El 84,74% de la violencia ejercida contra mujeres con parálisis cerebral y grandes necesidades de apoyo fue de carácter sexual, pero solo el 5,9% de las víctimas llegó a denunciar.

La vulnerabilidad aumenta por una serie de factores que es preciso conocer si queremos combatir esta violencia sexual. En una enumeración rápida podemos decir que son:

  • La infantilización; la sociedad las percibe como ‘niñas eternas’, anulando su condición de mujeres adultas, y esta negación las invisibiliza como víctimas potenciales
  • La dependencia de terceras personas; la dependencia en las tareas diarias genera una fuerte relación de poder que puede ser aprovechada por cuidadores, familiares o profesionales
  • Las barreras de comunicación; la falta de sistemas alternativos y aumentativos de comunicación limita su capacidad para nombrar, reconocer y denunciar la violencia, y la ausencia de canales de comunicación accesibles las mantiene en silencio
  • La falta de credibilidad sistémica; sus testimonios son frecuentemente cuestionados, malinterpretados o directamente desestimados y los sistemas de justicia, salud y servicios sociales, las revictimizan
  • El aislamiento social derivado de la combinación de barreras físicas, de transporte y actitudinales que limitan su participación en la comunidad
  • El capacitismo social, que puede ser internalizado por las propias mujeres, con la consiguiente merma de autoestima y de su derecho a una vida digna, haciendo que normalicen el abuso y crean que no merecen algo mejor

Otros factores de vulnerabilidad son la falta de accesibilidad en los sistemas de protección, como comisarías, casas de acogida, juzgados o el teléfono 016, que suelen carecer de ajustes razonables de accesibilidad y convierten la búsqueda de ayuda en una barrera más; también los entornos altamente medicalizados o institucionalizados. Y es que la frecuente intervención médica y la vida en residencias o centros de día pueden normalizar la invasión de su cuerpo, aumentar el riesgo de violencia y dificultar la creación de vínculos protectores fuera de esos entornos.

La Confederación Aspace ha editado un manual para luchar contra estas violencias, en el cual se recogen testimonios de víctimas y se suministra amplia información para luchar contra los abusos, comenzando por visibilizar la violencia sexual contra mujeres con parálisis cerebral, garantizar su acceso a la justicia en igualdad de condiciones, ofrecer pautas para evitar la revictimización y mejorar la coordinación entre administraciones y las entidades Aspace.

Actualmente el acceso a la justicia presenta una serie de dificultades que deben ser eliminadas, tales como los obstáculos en la interposición de denuncias por desconocimiento de los sistemas de comunicación alternativa y aumentativa, el estrés y la ansiedad que empeoran la inteligibilidad del habla, la inadmisión de declaraciones por no aceptar la comunicación aumentativa y alternativa como medio válido, y los retrasos en la denuncia que dificultan la prueba física.

Las propuestas de intervención son principalmente pautas generales que implican trato directo, respeto, evitar la infantilización y garantizar los apoyos, además de una serie de recomendaciones específicas según sean las necesidades: físicas, comunicativas, intelectuales o conductuales.

El documento también proporciona una serie de claves para la detección, como que los profesionales sanitarios se dirijan a la mujer afectada, revisen los posibles signos físicos y no asuman necesariamente la virginidad. Los profesionales educativos han de observar cambios conductuales y trabajar el consentimiento. Por su parte, las administraciones deberán formar equipos, adaptar los recursos necesarios y crear cuadernos de comunicación con pictogramas, entre otras medidas.

Las claves para la prevención pasan por campañas de sensibilización para romper mitos sobre sexualidad y discapacidad, crear programas de educación sexual para mujeres y familias y talleres de empoderamiento para mejorar la autoestima y la capacidad de identificar abusos.

El documento también incluye una serie de pictogramas para identificar agresores potenciales, señalar lugares de agresión, expresar tipos de agresión sexual, indicar zonas del cuerpo y facilitar la comunicación mediante comunicación aumentada y alternativa.

Recuerde que, si tiene conocimiento de cualquier acto de violencia contra una niña o mujer, el teléfono 016 funciona las 24 horas del día. Solo tendrá que borrarlo, si es necesario, del registro de llamadas de su teléfono. Su ayuda puede ser vital.

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