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Qué significa entrar en una Denominación de Origen. Grada 167. Jesús Dorado

Qué significa entrar en una Denominación de Origen. Grada 167. Jesús Dorado
Foto: Unsplash. Rodrigo Abreu
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Darle la vuelta a la botella en busca de esa etiquetita alargada que figura abajo, casi tocando el culo de la botella, es un gesto que solemos ver repetido o que incluso repetimos nosotros mismos muchas veces sin tener claro del todo lo que vamos buscando.

Tomando como ejemplo las de nuestra tierra, en esas tiras o precintas de garantía encontramos básicamente una información acerca de la zona de producción del vino en concreto (en nuestro caso, Ribera del Guadiana); un año, que nos permite saber cuándo se vendimiaron las uvas con las que está hecho; el tipo de vino (joven, roble, de guarda, crianza, reserva y gran reserva); puede aparecer la comunidad autónoma donde se enmarca esa zona de producción; y una numeración supercomplicada que ahora nos podemos saltar.

El año de vendimia y el tipo de vino son importantes porque nos permiten calcular si la botella que vamos a comprar está en su mejor momento de consumo, si merece la pena guardarla un tiempo para que ‘mejore’, o si es un vino que pasó su momento óptimo y puede darnos alguna sorpresa desagradable. Entrecomillo lo de que ‘mejore’ porque cuando una bodega saca al mercado un vino se supone que ya ha terminado de afinarse lo suficiente si lo necesitaba y está en un buen momento de consumo. Además, la zona de producción nos permite saber de dónde procede el producto, y también cuáles son los métodos de elaboración establecidos.

¿Qué hace una Denominación de Origen? Exige y controla el cumplimiento de unos requisitos durante la producción para asegurar que el producto va a gozar de unos mínimos de calidad garantizados al consumidor final.

¿Qué requisitos hay que cumplir para obtener la certificación de Denominación de Origen Protegida? Se controla que la procedencia de las uvas sea de la propia región; que la materia prima y el producto tengan un tratamiento y elaboración ‘adecuados’ así como un reconocimiento comercial demostrable.

Todo esto es bueno ¿no? En principio sí, aunque es inevitable que si no se actualizan algunas normativas que pueden tener más de 20 años queden obsoletas, o simplemente se demuestren mejorables con el paso del tiempo. Quizá el mejor ejemplo es que en Ribera del Guadiana encontramos agrupados bajo un mismo paraguas dos subzonas tan diferentes como Cañamero y la Ribera Baja del Guadiana; una a 850 metros de altitud y suelos de pizarra y la otra a 290 metros y un suelo calizo.

Por eso, ¿cómo se puede regir con unas mismas exigencias de elaboración las uvas de un sitio que las de otro tan ‘lejano’? En mi opinión son aspectos que se deben ir puliendo, simplemente porque la elaboración de los vinos y la evolución en la forma de consumo así lo pide.

Es una difícil y elogiable labor la de velar por que esta calidad mejore y nos proporcione los mayores placeres, pero mientras tanto, si nos informamos bien antes, no siempre tiene por qué asustarnos consumir un producto sin esa etiqueta de calidad, ya que simplemente puede que hayan optado por renunciar a ella para poder hacer un mejor producto con otros medios. ¡Salud!

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