Mientras España se emborrachaba de grandes éxitos futbolísticos y tenísticos, cinco mujeres morían en 48 horas a manos de sus maltratadores. La lista es insoportable e inasumible un año tras otro.
Diría que va “in crescendo”, a pesar de las políticas aplicadas para paliar esta desgracia que tenemos encima. Me pregunto si no habría que dar un giro radical en los planteamientos adoptados hasta ahora; no puedo entender que, con tantas iniciativas, tantas personas, tantos presupuestos dedicados a intentar evitar los asesinatos que nos afligen, sigamos sumando víctimas inocentes que no han encontrado una tabla de salvación frente a su enemigo.
Las sonrisas con Alcaraz y ‘la Roja’ contrastan con las lágrimas derramadas por las mujeres de Buñol (Valencia), Salou (Tarragona), Sabadell (Barcelona), Carabanchel (Madrid) y Alicante.
Corremos el riesgo de normalizar estos hechos, a fuerza de verlos en los titulares de prensa, televisión y redes sociales. Tenemos una asignatura pendiente como sociedad. Estemos atentos a nuestro alrededor, no seamos indolentes, empaticemos con los que sufren esta lacra. Está visto que nuestros políticos no encuentran la piedra filosofal.
La segunda etapa, el sábado 13, une la Finca El Toril de Caja Rural de Extremadura, junto a El Carrascalejo, con Santiago del Campo, para completar un recorrido de 179,4 kilómetros. Es la etapa más larga de la historia de la Vuelta a Extremadura y presenta un perfil favorable para una llegada al sprint.
La última etapa, el domingo, considerada la etapa reina, se disputa entre Casares de las Hurdes y Baños de Montemayor, sobre 154,9 kilómetros. Lo más probable es que se decida la clasificación general e incluye los puertos más exigentes de la edición: El Robledo (1.126 metros), techo de la carrera, y Lagunilla (940 metros), además de las ascensiones finales a Casas del Monte y Gargantilla.
Participan en la Vuelta