Somos una fiesta si entendemos que el olvido y los malos momentos han formado parte de un pasado y no los traemos al presente por capricho.
La Navidad nos sirve para reencontrarnos con nosotros mismos, para reencontrarnos con viejas personas, con viejos amigos y amigas y con personas que han simbolizado momentos de alegría y también momentos de tristeza.
La tristeza, la desilusión, la desesperanza y los problemas ocasionados por nuestro día a día forman parte también de estos momentos y de estos reencuentros, pero solo depende de nosotros que podamos saltar con alegría estos obstáculos, hacer de la fiesta de la Navidad un reencuentro con la festividad, con la armonía, con la paz que nos regalan las luces y los reencuentros familiares, y poder celebrar el reencuentro es siempre motivo de poder celebrar una regeneración que se produce siempre que volvemos a encontrarnos con la fiesta de la vida que es, en el fondo, lo que celebramos en estas fiestas, las fiestas de la vida.
Aparte, reconciliarse con la vida es encontrar en el alma de las cosas sencillas una ocasión perfecta para celebrar la propia Navidad.
¡Felices fiestas!