La iglesia de San Miguel Arcángel de Torrejón el Rubio ha acogido una jornada de particular significación cultural cuando los vecinos llevaron a escena la novena edición del Auto Sacramental de la Navidad.
Ubicada en el corazón del Parque Nacional de Monfragüe, esta pequeña población de unos 540 habitantes situado en la confluencia del Tajo y el Tiétar reunió un equipo de 16 participantes entre actores, actrices y técnicos que transformaron el espacio sagrado en una experiencia visual y sonora de notable intensidad.
Los autos sacramentales conforman un género dramático característico del barroco español, obras de índole religiosa que fueron representadas especialmente durante la festividad del Corpus Christi entre los siglos XVI y XVIII. La recuperación de esta tradición teatral en Torrejón el Rubio constituye un ejercicio de continuidad cultural realizado con recursos propios y sin financiación ajena alguna.
La representación arrancó en la más completa oscuridad con el comienzo del evangelio de San Juan, momento en el cual fue llevado un cirio lentamente por el centro del templo mientras sonaban los acordes del ‘Ave Verum Corpus’ de Mozart. Las escenas siguientes recrearon fielmente el relato evangélico desde la Anunciación hasta el regreso de la Sagrada Familia desde Egipto. Cada pasaje recibió un tratamiento visual específico: tonalidades azuladas bañaron la iglesia durante la aparición del ángel a María, mientras que la Visitación contó con el acompañamiento del himno del Magníficat. El viaje a Belén y el empadronamiento se narraron mediante cambios graduales de iluminación que preparaban el momento capital.
El nacimiento de Jesús adquirió una dimensión especialmente metafórica mediante tres calderos dorados que, formando una cruz de luz, recorrieron todo el templo hasta el punto donde José y María aguardaban iluminados apenas por un contraluz tenue. Un velo desplegado en el espacio generó una sombra chinesca que desveló el alumbramiento manteniendo la pregnancia simbólica del evento. La aparición del ejército celestial vino acompañada del ‘Gloria in Excelsis Deo’ mientras los intérpretes trasladaban la palabra ‘paz’ hasta el figurado pesebre.
Las escenas posteriores incluyeron la circuncisión del Niño, el encuentro de los Magos con Herodes, y finalmente la adoración de los Reyes Magos al recién nacido, con la música del ‘Oratorio de Navidad’ de Bach.
El desenlace resultó dramático en su luminosidad. Tras la advertencia del ángel sobre la amenaza de Herodes, la Sagrada Familia emprendió la huida hacia Egipto mientras una iluminación fucsia oscureció el templo, generando una atmósfera inquietante que subrayaba la orden de matar a los inocentes.
El cierre llegó con el retorno de la familia al completarse el viaje, momento en que todos los intérpretes, portando velas, iluminaron gradualmente el espacio. Tras intercambiar felicitaciones navideñas, los participantes apagaron simultáneamente sus luces, devolviendo la iglesia a la oscuridad total con la que había comenzado la función.
Esta iniciativa ha sostenido su actividad durante diez años de trayectoria, aunque dos ediciones no pudieron celebrarse durante el periodo de pandemia. Persiste como propuesta singular que narra los sucesos navideños mediante la potencia combinada de la iluminación simbólica, la fuerza de la palabra dramática y la música clásica, envolviendo a los asistentes en una experiencia de naturaleza tanto artística como espiritual.