A mediados de septiembre del año 2000 recibí una carta de la Asociación Cultural Placentina Pedro de Trejo, a la que yo pertenecía y pertenezco desde mi infancia, allá desde la década de los 50 del siglo pasado. Al abrir el sobre me encontré un Saluda y una estampita; el Saluda con membrete de la Pedro de Trejo era de nuestro presidente, don Manuel Díaz López, y el contenido estaba dirigido a los señores miembros de la Asociación con el siguiente texto:
“…y tiene el honor de invitarles a la ceremonia de bendición y entronización de la nueva imagen adquirida por la Asociación para sustituir a la desaparecida el pasado año del antiguo Cristo de los afligidos, en el humilladero público de la calle del Borrego. La ceremonia tendrá lugar en dicho humilladero el sábado día 30 de septiembre a la una de la tarde”.
Y la pequeña estampa de 3’2×2’1 centímetros tenía en su anverso una fotografía de un Cristo y en el reverso se leía:
“Stmo. Cristo de los Afligidos (Plasencia). Imagen en talla de madera policromada, encargada por la A.C.P. Pedro de Trejo, a instancias del vecindario, al escultor D. Antonio Dorrego. Entronizada solemnemente en su humilladero el 30 de septiembre del año 2000 para sustituir a la del siglo XVI robada el 9 de junio de 1999. (Fotografía: Palma)”.
¿Por qué, por qué has hecho esto?
Y él contestaba, agresivo,
Con voz de aquellas que llegan
de un alma justa a lo vivo;
¿Porque sí, porque le pegan
sin hacer ningún motivo.
(‘La pedrada’, Gabriel y Galán)
Y allí estuve aquel sábado 30 de septiembre a las 13.00 horas reponiendo en su hornacina la nueva imagen del Cristo de los Afligidos en el vacío que por su robo había dejado la antiquísima imagen del Cristo, popularmente conocido como el ‘Cristo de la enagüilla’.
Sobre este Cristo y su ubicación en una hornacina en el muro del patio de lo que fue el Colegio de San José, que se fundó en 1584 por el maestrescuela de la S.I. Catedral don Juan de Belvis en la esquina de la calle Borrego con la calle Cartas, se ha escrito mucho, y solamente con buscar en internet encontraremos muchos artículos de diversos autores contando su historia. Yo resumiré esa historia al tiempo que corregiré algún dato mal expresado por los distintos autores al copiarse los unos a los otros.
Al parecer la talla del Cristo albergado durante siglos en esa hornacina ha tenido mala fortuna, por haber sido ultrajado en varias ocasiones.
Comenzaremos por el origen de su historia, hacia 1790. Unas personas que pasaban por la calle Borrego escucharon unos lamentos, quejidos que parecían venir de una persona moribunda; pero no veían a nadie, solamente oían unos gemidos, hasta que descubrieron que procedían de entre la basura y desperdicios acumulados en un rincón de la calle, donde encontraron una pequeña talla de un Cristo, que era quien exhalaba los quejidos. Ante tan palpable milagro decidieron construir una pequeña capilla donde colocar la milagrosa talla. Dicho y hecho, el 7 de mayo de 1799 el Ayuntamiento de Plasencia dio permiso para excavar un hueco en el muro para hacer la capillita al Cristo, ya llamado de los Afligidos.
Tenemos también la versión de cómo ese Cristo llegó al suelo de la calle, donde lo encontraron los viandantes. Versión, digo yo, perversa, por describir profanaciones a la imagen del Cristo por una familia judía, en venganza por la represión que sufrían. Resultado de aquel mal trato al pequeño crucifijo el Cristo comenzó a lamentarse con fuertes gritos, por lo que fue arrojado a la calle. Era una pequeña talla del siglo XVI con una falda que le cubría, rematada con grandes puntillas, por lo que se le conoció también como el ‘Cristo de las enagüillas’.
En 1932 consta que una noche sufrió un apedreamiento la hornacina, rompiendo el cristal y derribando la imagen del Cristo, pero no se rompió.
Y la noche del 9 de junio de 1999 rompieron el cristal y se llevaron la centenaria imagen, que no ha vuelto a aparecer. Fue entonces cuando la Asociación Pedro de Trejo encargó una nueva talla al escultor don Antonio Dorrego (ahí está el error repetido por varios autores, al decir que el escultor tiene de apellido Borreguero, en lugar de Dorrego, mimetizando así el apellido del escultor con el nombre de la calle), como puede leerse en la estampita que se reproduce en este artículo.
En el lugar del ‘Cristo de la enagüilla’ está ahora el moderno crucifijo del conocido y afamado escultor don Antonio Fernández Dorrego, protegido porque la hornacina tiene un marco de hierro con un cristal blindado resistente a golpes y pedradas, gracias a la Asociación Cultural Placentina Pedro de Trejo, que tan generosamente hizo frente a todos los gastos, comenzando por el encargo de la talla, realizada en el prestigioso taller de Antonio Fernández Dorrego, en Arganda de Rey, y terminando por el blindaje de la hornacina y la restauración de los dos farolillos eléctricos que flanquean la capillita.
Don Antonio Fernández Dorrego a lo largo de su dilatada vida (cuenta en la actualidad con 95 años) ha realizado una labor escultórica inmensa de cristos repartidos por todo el mundo. Y se han cumplido 25 años desde que su obra llegó a Plasencia para ser contemplada por todos los que pasen por la calle Borrego, esquina calle Cartas.
Paco Valverde
Presidente de Honor de la A.C.P. Pedro de Trejo
