El Hospital-Centro Vivo de Badajoz ha acogido la jornada ‘Igualdad en acción: asociaciones que transforman territorio’, organizada por la Diputación de Badajoz, que ha servido como altavoz para visibilizar el papel clave del tejido asociativo en la construcción de sociedades más igualitarias, especialmente en entornos locales y rurales.
Durante el encuentro, la presidenta de la Diputación de Badajoz, Raquel del Puerto, subrayó la importancia de las políticas públicas como herramienta para garantizar la igualdad de oportunidades, pero insistió en que estas solo son efectivas cuando se apoyan en el trabajo cercano de las asociaciones. También defendió la necesidad de avanzar “sin dar pasos atrás” y reforzar el compromiso colectivo frente a los desafíos actuales en materia de igualdad, una línea que ya ha mantenido en otros foros donde ha definido la acción institucional como motor de transformación social.
Por otra parte, puso en valor el papel de las entidades sociales como aliadas estratégicas de la administración, especialmente por su capacidad para actuar directamente sobre el territorio, detectar necesidades reales y acompañar a la ciudadanía en procesos de cambio social.
Por su parte, la coordinadora del Área de Igualdad de la institución provincial, Emilia Parejo, centró su intervención en la experiencia práctica de las organizaciones sociales, destacando su cercanía con la población y su capacidad para generar impacto desde lo local. En ese sentido, defendió que las asociaciones no solo ejecutan proyectos, sino que construyen comunidad, promueven la participación y contribuyen a transformar la realidad cotidiana de muchas personas.
Asimismo, incidió en la importancia del trabajo en red y en la necesidad de dotar de mayor reconocimiento y recursos a estas entidades, señalando que su labor resulta esencial para avanzar hacia una igualdad efectiva y sostenible en el tiempo.
El acto central de la jornada estuvo protagonizado por Ana de Miguel, profesora titular de Filosofía Moral y Política en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, que en su intervención puso el foco en lo que definió como “dobles verdades” históricas: sistemas de valores que han establecido normas distintas para hombres y mujeres, muchas de las cuales siguen presentes en la sociedad actual bajo nuevas formas.
En este sentido, defendió que, aunque se han producido avances legales en materia de igualdad, persisten mecanismos culturales que continúan reproduciendo desigualdades. Según explicó, estos patrones no siempre son visibles, ya que se integran en discursos sociales aparentemente normalizados, lo que dificulta su identificación y cuestionamiento.
Uno de los ejes de su intervención fue el análisis del aprendizaje cultural de la desigualdad, una línea de trabajo habitual en su trayectoria académica, en la que examina cómo determinadas conductas y percepciones se transmiten socialmente y contribuyen a consolidar relaciones de poder desiguales.
Asimismo, incidió en la necesidad de reforzar la educación crítica como herramienta fundamental para desmontar estos esquemas, apelando a una ciudadanía más consciente y capaz de identificar las contradicciones presentes en algunos discursos contemporáneos sobre igualdad.
Su intervención, de carácter más teórico, complementa las iniciativas centradas en la acción social desarrolladas por asociaciones e instituciones, subrayando la importancia de combinar el trabajo sobre el terreno con una reflexión profunda sobre las raíces culturales de la desigualdad.
El acto concluyó con un llamamiento a no dar por alcanzada la igualdad real, insistiendo en que el reto actual pasa por abordar no solo las estructuras visibles, sino también aquellas formas más sutiles que siguen condicionando la vida de mujeres y hombres.
El encuentro dejó como principal conclusión que la transformación social requiere una alianza sólida entre instituciones y sociedad civil, donde el conocimiento técnico y la acción comunitaria se complementen para dar respuesta a las desigualdades persistentes.
La jornada se enmarca en un contexto en el que expertos coinciden en que las políticas de igualdad deben apoyarse en el territorio y en la participación activa de la ciudadanía para lograr cambios estructurales duraderos.