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Comer sin barreras. Cuando la comida también se adapta

Comer sin barreras. Cuando la comida también se adapta
Foto: Aspace Badajoz
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Comer es mucho más que alimentarse. Es compartir, disfrutar y formar parte de la vida social. Sin embargo, para muchas personas con dificultades para masticar o tragar, sentarse a la mesa puede convertirse en un reto diario. Con el objetivo de cambiar esta realidad Aspace Badajoz ha organizado una jornada formativa dirigida a profesionales de la hostelería, centrada en la comida texturizada y su aplicación en el ámbito de la restauración.

La formación, impartida por las logopedas Ana López y Lorena García, ha permitido acercar este tipo de alimentación adaptada a cocineros y restauradores interesados en ofrecer una gastronomía más accesible. La iniciativa se enmarca en el proyecto ‘TexturizartEX’, que promueve la inclusión a través de propuestas culinarias adaptadas, sin renunciar al sabor, la calidad ni a una presentación cuidada. El proyecto cuenta con la colaboración de la Escuela Superior de Hostelería y Agroturismo de Extremadura.

¿Pero qué es exactamente la comida texturizada? Se trata de adaptar los alimentos que consumimos habitualmente para que resulten más seguros y fáciles de ingerir para personas con dificultades de deglución. El proceso respeta el valor nutricional de los alimentos y busca mantener su sabor y, siempre que es posible, su aspecto original. El objetivo es que todas las personas puedan disfrutar del mismo menú, sin diferencias ni exclusiones.

Aspace Badajoz trabaja para mejorar la calidad de vida de personas con parálisis cerebral y otras discapacidades, impulsando la inclusión social, la alimentación adaptada, la formación profesional y el apoyo a las familias. Desarrolla proyectos innovadores, colabora con la hostelería y promueve la accesibilidad, la autonomía, el bienestar y la participación plena en la vida cotidiana.

Y aunque Aspace Badajoz trabaja principalmente con personas con parálisis cerebral y trastornos afines, la alimentación texturizada beneficia a un perfil mucho más amplio. Personas que han sufrido daños neurológicos, enfermedades degenerativas o dificultades al masticar pueden mejorar su seguridad y calidad de vida gracias a este tipo de adaptación. En muchos casos, además, se trata de una medida preventiva fundamental para evitar problemas graves como atragantamientos o aspiraciones.

El interés por esta forma de entender la cocina inclusiva ha llegado también al ámbito educativo. El proyecto ‘TexturizartEX’ surge tras el contacto con la Escuela Superior de Hostelería y Agroturismo de Extremadura, interesada en conocer cómo aplicar la texturización en sus elaboraciones. Más allá de la teoría, el trabajo continuará con visitas a sus instalaciones para asesorar sobre procesos de elaboración y presentación de los platos.

Durante la jornada los profesionales de la hostelería aprendieron nociones básicas sobre la deglución, los riesgos asociados a una alimentación no adaptada y el uso de la escala IDDSI (‘Iniciativa internacional de estandarización de la alimentación para la disfagia’ por sus siglas en inglés), el sistema que clasifica los diferentes niveles de textura de los alimentos. También se abordaron aspectos prácticos como el tiempo necesario para la elaboración, la importancia de trabajar cada alimento por separado y la necesidad de comprobar siempre que la textura sea la adecuada.

Más allá de los aspectos técnicos, la comida texturizada tiene un impacto directo en la vida social de las personas. Poder acudir a un restaurante, celebrar un cumpleaños o participar en una comida familiar sin sentirse diferente supone una mejora notable en la autoestima y el bienestar emocional. Para quienes han dejado de consumir determinados alimentos a causa de una enfermedad, recuperar sabores olvidados puede ser una experiencia profundamente gratificante.

A pesar de sus beneficios, la comida texturizada sigue siendo una gran desconocida. En muchos contextos se confunde con una simple dieta de purés, cuando en realidad es una forma de cocinar que respeta la identidad de cada plato. Iniciativas como esta demuestran que la restauración inclusiva no solo es posible, sino necesaria.

Extremadura tiene ante sí una oportunidad para avanzar hacia una gastronomía más accesible, donde nadie quede al margen. Porque comer, además de una necesidad, es una forma de participar plenamente en la vida.

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