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Catalina García reivindica en Portugal el papel de la mujer rural y reclama rentabilidad para la agricultura extremeña

Catalina García reivindica en Portugal el papel de la mujer rural y reclama rentabilidad para la agricultura extremeña
Foto: Cedida
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La voz de la agricultura extremeña ha cruzado la frontera para llegar hasta Montemor-o-Novo, en Portugal, de la mano de Catalina García Reyes, agricultora y presidenta de la Sociedad Cooperativa de Olivareros y Viticultores de Ribera del Fresno.

Su intervención en el coloquio ‘Mujeres agricultoras: voces, experiencias y desafíos’, celebrado en el marco de Expomor 2026, puso sobre la mesa el papel creciente de las mujeres en el mundo rural, pero también las dificultades económicas que afrontan las explotaciones agrícolas.

Catalina García participó en una iniciativa organizada por la Asociación de productores de Montemor-o-Novo (Apormor) en uno de los principales encuentros portugueses vinculados a la ganadería extensiva y al mundo rural. La organización ha situado este año la experiencia de las mujeres agricultoras en el centro de uno de sus espacios de debate, reuniendo testimonios de emprendedoras de diferentes sectores y territorios de Portugal y España.

El encuentro reunió experiencias procedentes del vino, la horticultura ecológica, el pistacho, la ganadería bovina y ovina y la actividad forestal, entre otros ámbitos. También contó con testimonios internacionales y con la participación de representantes institucionales y del sector agrario portugués.

Para Catalina García la invitación supone además una oportunidad para establecer vínculos entre las mujeres que trabajan en el medio rural a ambos lados de la frontera. “Creo que estamos en el comienzo de una alianza fuerte entre mujeres rurales en Extremadura y Portugal”, señaló en su mensaje dirigido a Apormor y a las agricultoras portuguesas.

Catalina García presentó durante su intervención la realidad agrícola de Ribera del Fresno, municipio de unos 3.500 habitantes cuya economía mantiene una estrecha relación con el campo. La Sociedad Cooperativa de Olivareros y Viticultores de Ribera del Fresno cuenta con tres secciones productivas: vino, aceite y aceituna de mesa, una estructura que convierte a la entidad en uno de los principales agentes económicos de la localidad.

La propia agricultora conoce las tres vertientes desde dentro, tanto por su responsabilidad al frente de la cooperativa como por su actividad como productora. Su explotación familiar, situada en la finca ‘El Endrinal’, comprende 31 hectáreas de olivar de regadío por goteo y diez hectáreas de viñedo también de regadío y cultivado en espaldera. Una explotación que, según explicó, parte del trabajo desarrollado durante generaciones por sus padres y que posteriormente ha ido evolucionando con nuevas inversiones y mejoras. “Si no es a partir de una explotación familiar, es muy difícil que un joven o una mujer empecemos con una explotación”, afirmó, en referencia al elevado coste que supone actualmente incorporarse al sector agrario.

Uno de los ejes centrales de su intervención fue la incorporación de las mujeres a los órganos de decisión de las cooperativas. Considera que la legislación cooperativa que impulsa una representación femenina proporcional a la presencia de mujeres entre las personas socias supone un punto de inflexión para el campo extremeño: “Es un antes y un después de la entrada de las mujeres dentro de las cooperativas”.

A su juicio, la llegada de más mujeres a los consejos rectores no debe contemplarse únicamente desde la perspectiva de la igualdad formal, sino también desde la incorporación de nuevas maneras de entender la gestión. “Las mujeres dirigimos de otra manera, pensamos de otra manera y trabajamos de otra manera”, sostuvo.

En su opinión, esta transformación puede acabar modificando progresivamente el panorama agrícola extremeño, al permitir que las mujeres que ya trabajan en las explotaciones y forman parte de las cooperativas tengan también una participación efectiva en las decisiones estratégicas. La propia Apormor ha venido reivindicando en sus publicaciones el creciente protagonismo de las mujeres agricultoras y ha señalado la presencia femenina en posiciones de liderazgo como una transformación social relevante para el desarrollo rural.

La presidenta de la cooperativa ribereña puso también de relieve la dimensión territorial de la agricultura local. El término municipal de Ribera del Fresno cuenta, según los datos manejados en el encuentro, con unas 18.000 hectáreas dedicadas principalmente al viñedo y al olivar, dos cultivos que constituyen una parte esencial de la actividad económica y del paisaje agrícola de la localidad. De esas tierras salen vinos, aceites y aceitunas de mesa que García reivindica por su calidad.

En el caso del aceite, la cooperativa produce aceite de oliva virgen extra y embotella una parte de su producción, aunque reconoce que el grueso continúa comercializándose a granel. Precisamente la dependencia del mercado a granel constituye uno de los problemas que preocupan al sector: la capacidad del agricultor para influir sobre el precio final del producto es muy limitada frente al resto de la cadena de comercialización.

La intervención de Catalina García permitió conocer también la evolución de la nueva bodega de la cooperativa ribereña. La instalación afronta actualmente su tercera campaña, una etapa que, según la presidenta, ha supuesto un cambio significativo en la calidad de los vinos elaborados. La cooperativa mantiene su apuesta por las variedades tradicionales de la zona, especialmente Parda y Cayetana, al tiempo que trabaja en una progresiva recuperación de variedades autóctonas tintas. Catalina García explicó asimismo que desde la Denominación de Origen Ribera del Guadiana se estudia la incorporación de variedades portuguesas con el objetivo de conseguir vinos “más redondos”, una posibilidad que adquiere especial significado en un encuentro celebrado precisamente en Portugal.

La valoración de Catalina García sobre la campaña actual es especialmente positiva; asegura que el viñedo llega en unas condiciones sanitarias excepcionales, sin los problemas fitosanitarios que han afectado a otras campañas, y con una uva que presenta una graduación elevada. Por ello, sus previsiones apuntan a una campaña especialmente buena desde el punto de vista de la calidad.

Sin embargo, detrás de una campaña que puede ser excepcional desde el punto de vista productivo continúa existiendo una preocupación fundamental: la rentabilidad de las explotaciones. Catalina García puso el foco en el incremento de los costes de producción, desde los fertilizantes hasta el gasóleo, y recordó que la evolución del precio del aceite durante la campaña anterior tuvo un impacto especialmente negativo sobre las cuentas de los productores. “Echas las cuentas y no salen las cuentas directamente”, resumió.

La situación no es exclusiva de Ribera del Fresno. Las organizaciones agrarias extremeñas vienen denunciando durante los últimos meses el incremento de los costes y reclamando precios que permitan cubrir los costes de producción. APAG Extremadura Asaja, por ejemplo, ha alertado recientemente de las subidas del gasóleo y ha reclamado medidas específicas para contener su impacto sobre las explotaciones.

En el ámbito vitivinícola, las organizaciones agrarias también han reclamado precios que permitan afrontar los costes reales de producción y han advertido de la crisis estructural que atraviesa una parte del viñedo extremeño. Para Catalina García, el problema fundamental reside en una característica estructural del sector: “Creo que somos el único sector donde no podemos poner el precio a nuestro producto”.

La agricultora ribereña vinculó esta problemática con una cuestión de mayor alcance: la soberanía alimentaria. A su juicio, las crisis recientes han demostrado la importancia estratégica de que los países mantengan capacidad suficiente para producir sus propios alimentos. “Hasta que se den cuenta de que la soberanía alimentaria es tan importante, que cada país tenga su propia soberanía alimentaria…”, señaló.

No es un asunto ajeno al debate desarrollado por Apormor en los últimos años. La asociación portuguesa ya había dedicado uno de sus coloquios a la soberanía alimentaria, vinculándola expresamente a la capacidad de producción y abastecimiento de alimentos y a la independencia de un país. Ahora, en Expomor 2026, esa preocupación vuelve a aparecer vinculada a la situación concreta de quienes trabajan la tierra. Porque para Catalina García defender la soberanía alimentaria implica también garantizar que quien produce los alimentos pueda seguir viviendo dignamente de su trabajo.

La presidenta de la cooperativa ribereña tampoco ocultó su preocupación ante el futuro de la Política Agraria Común (PAC). Tras recordar las recientes movilizaciones agrarias, advirtió de que el sector podría volver a las carreteras si las próximas reformas no responden a las necesidades reales de los agricultores. “Me temo que con la nueva PAC volveremos a las carreteras y ya a tener huelgas y manifestaciones, por desgracia”, afirmó.

La preocupación por el futuro de la PAC también ocupa un lugar central en los debates de Apormor. La organización ha advertido en anteriores ediciones de Expomor sobre el riesgo de recortes y sobre la necesidad de mantener una política agrícola común suficientemente fuerte para garantizar el futuro de la actividad.

La presencia de Catalina García en Montemor-o-Novo tiene, por tanto, una doble dimensión. Por un lado, representa a Ribera del Fresno, a su cooperativa y a un territorio agrícola en el que el viñedo y el olivar continúan desempeñando un papel fundamental. Por otro, incorpora al debate portugués la perspectiva de una mujer agricultora extremeña que además ocupa un puesto de responsabilidad dentro del movimiento cooperativo.

El coloquio se planteó precisamente con esa vocación: reunir a mujeres de diferentes territorios y sectores para compartir experiencias, dificultades y estrategias. El proyecto había comenzado meses antes con un recorrido periodístico por Portugal y España que recogió las historias de 14 mujeres vinculadas al mundo rural, entre agricultoras, investigadoras y responsables de la Administración. La iniciativa se desarrolló además dentro de las actividades vinculadas al Año Internacional de la Mujer Agricultora, poniendo el foco en la contribución de las mujeres al presente y al futuro de la agricultura.

Apormor, cuya actividad se ha ampliado desde su fundación en 1990 para integrar distintos sectores relacionados con el mundo rural, organiza anualmente Expomor; el certamen está considerado por la propia asociación como una referencia nacional de la ganadería extensiva y reúne exposiciones, concursos y subastas de ganado.

La intervención de Catalina García terminó mirando más allá de las dificultades inmediatas. Su mensaje final fue de agradecimiento a Apormor y, sobre todo, de esperanza en que el encuentro no quede reducido a una jornada puntual. “Muchas gracias por pensar en las mujeres rurales extremeñas, por pensar en mí”, manifestó. Y añadió un deseo que resume el espíritu de su participación en Expomor: “que este encuentro sea un comienzo de una alianza fuerte entre mujeres rurales en Extremadura y Portugal”. Un puente entre dos territorios vecinos que comparten cultivos, problemas y paisajes, pero también una misma preocupación por el futuro de quienes mantienen vivo el medio rural.

Desde la viña y el olivar de Tierra de Barros hasta el Montado alentejano, el mensaje de la agricultora ribereña fue claro: sin mujeres en los espacios donde se decide el futuro del campo, sin precios que permitan vivir de la producción y sin una agricultura capaz de garantizar la soberanía alimentaria, el mundo rural difícilmente podrá afrontar el futuro con garantías. Y, en esa defensa, Catalina García quiso dejar claro que las mujeres extremeñas tienen ya voz, experiencia y capacidad para ocupar el lugar que les corresponde.

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