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Acogimiento familiar. Somos tres, llegó la alegría. Grada 151. Primera Fila

Acogimiento familiar. Somos tres, llegó la alegría. Grada 151. Primera Fila
Somos tres y más fuertes. Foto: Javier Meléndez
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Anuncia Maján

“Tenemos que hacerlo ya; si no, no vamos a poder hacerlo”, comentamos una noche tranquilamente mi marido y yo. Era una conversación que venía de lejos, pero que por un motivo o por otro no había tenido la fuerza necesaria para ponernos en marcha y hacer realidad nuestro sueño. Nunca era el momento, pues unas veces por trabajo, otras por no tan buena posición económica o porque era una decisión tan importante que nos daba miedo, no dábamos el paso. O sea, estábamos haciendo lo que tantas veces habíamos criticado de otras parejas, dejar de tener un hijo por motivos materiales. Además, en nosotros había otras peculiaridades, como que yo soy paralítica cerebral, y no estaba segura de que fuese posible el acogimiento.

Tras el primer impulso toca comenzar a informarse y preparar la documentación. El proceso para realizar un acogimiento familiar no es difícil, pero sí algo complejo. Hemos de tener en cuenta que nos enfrentamos a un cambio radical en nuestras vidas y en la de otra persona que vendrá a compartir nuestro hogar y a integrarse en nuestra familia. El acogimiento familiar se define como una medida de protección por la que se integra un niño o adolescente en una familia que no es la constituida por sus progenitores biológicos, con la finalidad de proporcionarle un ambiente familiar adecuado que le garantice una atención correcta. Teniendo en cuenta las posibilidades reales de retorno con la familia de origen o la entrega en adopción, el acogimiento puede ser de urgencia, temporal o permanente y realizarse en familia extensa (abuelos, tíos, primos, hermanos, etc.) o ajena. Nosotros optamos por solicitar acogimiento permanente en familia ajena.

Acogimiento familiar. Mensajeros de la Paz
Acogimiento familiar. Mensajeros de la Paz

En Extremadura es la Consejería de Sanidad y Servicios Sociales la competente en protección de menores. En su web se contiene toda la información necesaria para comenzar el proceso, así como los documentos que hay que presentar. Algunos pueden obtenerlos de oficio en la Consejería si se le indica, y el resto puede conseguirse por vía telemática.

Por experiencia propia podemos contaros que, cuando decidimos dar el paso de intentar ser familia de acogida, se iniciaron, además del proceso administrativo-formativo, otros dos procesos igualmente interesantes y necesarios: el que supone replantearte toda tu vida futura con esa persona que puede llegar, con todas las dudas, ilusiones y, por qué no decirlo, temores que acompañan a un cambio tan radical y definitivo en nuestras vidas; y el proceso enriquecedor de comenzar a adaptar tu casa, tu día a día, hacer partícipe a la familia y amigos de tu proyecto, etc.

Es en este punto cuando se pone a prueba la fortaleza de las intenciones. A veces, las opiniones ajenas, sin duda alguna bienintencionadas, quieren erigirse en directrices de tu vida, olvidando que se trata de tu propia vida, de planificar tu futuro. Nuestra experiencia nos permite aconsejar que se escuchen todas las opiniones, pero que se tomen como lo que son, solo opiniones. Hemos de decir que en nuestro caso encontramos mayoritariamente entre nuestro circulo familiar y de amigos apoyos incondicionales y auténticos que se mantienen, pero no siempre sucede así.

Somos tres y más fuertes. Foto: Javier Meléndez
Somos tres y más fuertes. Foto: Javier Meléndez

Tras la presentación de la documentación, y una vez admitida la solicitud, al poco tiempo comenzó el proceso de formación, un periodo para conocer todo más a fondo y cuánto significa, y en el que nosotros pudimos compartir nuestras ilusiones, conocer realmente cómo es una acogida familiar, compartir experiencias de familias ya acogedoras y de otras aspirantes a acoger, además de tomar contacto con el equipo de profesionales que nos acompañarán y guiarán durante toda la acogida. Durante todo este tiempo queda meridianamente claro que es un proceso que se rige por el interés legítimo del menor. Si nos quedaba alguna duda, que no era nuestro caso, tomamos definitivamente conciencia de nuestro objetivo al conocer las terribles cifras de niños y menores tutelados por las administraciones en nuestro país y más concretamente en Extremadura. Una familia, un hogar, un entorno adecuado es básico y vital para una correcta formación de la personalidad y para permitir al menor desarrollar plenamente todas sus capacidades personales. Y nosotros queríamos compartir nuestro hogar y nuestros medios con uno de esos niños.

Tras la formación llegaron las entrevistas, necesarias para conocer y ajustar el perfil de familia acogedora que podríamos ser. Son entrevistas intensas, donde debemos estar dispuestos a ‘vaciarnos’ y dar a conocer nuestras raíces, nuestro entorno familiar y social, capacidades, gustos, inquietudes, formación, personalidad, etc. En definitiva, para demostrar que estamos preparados para afrontar los múltiples retos a los que nos enfrentamos. En nuestro caso, nos sentimos tan a gusto durante las entrevistas que estas se prolongaron bastante más allá de lo previsto. Fue una experiencia increíblemente positiva, en la que, durante una charla relajada, nosotros mismos pudimos reflexionar sobre aspectos de nuestra vida que teníamos, digamos, olvidados. Una experiencia muy valiosa para mejorar nuestro autoconocimiento. Las entrevistas son realizadas por el equipo técnico de valoración de acogimientos que corresponda a la provincia de residencia de la familia. También los servicios sociales han de valorar el entorno familiar y social de la familia aspirante al acogimiento.

... y cogería la luna. Foto: Javier Meléndez
… y cogería la luna. Foto: Javier Meléndez

Finalizado todo el proceso de entrevistas y valoración llega la espera. Días que a veces se hacen interminables, y en los que la imaginación corre libre. Las preguntas y dudas brotan por doquier: ¿Seremos declarados aptos? ¿Tendremos que pasar más entrevistas? ¿Cómo será el menor? ¿Dónde habrá vivido?, ¿Qué gustos tendrá? Y la eterna pregunta sin respuesta: ¿Si llega el momento, lo haremos bien? Dudas, eternas, necesarias y maravillosas dudas.

Y, por fin, llegó la carta. Esa carta que esperas con ilusión, aunque intentes mantener los pies en la tierra, aunque te digas a ti mismo que qué más da, que al menos lo has intentado; que si es que sí, vale, pero que si es que no, no pasa nada, estás deseando que llegue. En nuestro caso la carta con la resolución de adecuación para ser familia acogedora llegó un inolvidable 1 de julio de 2019. Seamos sinceros, la emoción nos embargó con la lectura de aquel documento que venía a decir que íbamos por el camino correcto, que nuestro proyecto estaba más cerca de cumplirse. A partir de ese momento comenzamos a vivir un verano diferente, las vacaciones se olvidaron para dar paso a pensar cómo, de un momento a otro, podíamos recibir el ofrecimiento de acogida de un o una menor que pondría nuestra vida patas arriba, que demandaría nuestra atención 24 horas al día, y que colocaría del revés toda nuestra escala de valores, abriéndonos un mundo nuevo y trayendo consigo una experiencia vital que debíamos encajar para continuar adelante.

Hemos de aclarar que, según el perfil que se defina de familia acogedora y la existencia o no de menores que puedan ser acogidos adecuados a las características de la familia acogedora, el ofrecimiento de acogida puede tardar más o menos tiempo. Nuestro perfil de familia acogedora hizo posible que el ofrecimiento llegase muy pronto. Ella, que para nosotros aún no tenía nombre, ni cara, ni edad, esperaba una familia, y esa familia podíamos ser nosotros.

Cuando llega un ofrecimiento de acogimiento de un niño la familia dispone de 48 horas para confirmar la aceptación o desistir de esta. El documento de aceptación ha de recogerse tras una nueva entrevista en la cual la Administración facilita a la familia un perfil somero del menor, sus características personales, gustos, formación, circunstancias vitales, etc., cuidando en todo momento de mantener el absoluto anonimato y evitando facilitar datos que puedan permitir identificar al menor.

Vienen los Reyes. Foto: Javier Meléndez
Vienen los Reyes. Foto: Javier Meléndez

Nosotros firmamos la aceptación del ofrecimiento al día siguiente, y unas horas después llegaron las primeras fotos. La niña ya tenía para nosotros nombre y cara reconocibles, y la emoción nos ganó. Ya no era anónima. Pasó a ser alguien que vendría a integrarse en nuestra familia. La primera llamada de teléfono que mantuvimos tenía una duración prevista de 10 minutos y se prolongó hasta 26. La primera visita la hicimos nosotros a su vivienda hasta entonces, y allí nos enteramos de que ella misma se había encargado de dejar muy claro a sus educadores que quería tener una nueva oportunidad de vivir en familia. Quería y quiere sentirse una más, como es justo. La segunda visita, ya en nuestra casa, comenzó con “¿Dónde está mi dormitorio?” y “Yo quiero quedarme aquí ya”. Algo para lo que aún habría que esperar unos días.

Días que fueron pocos, pues el 29 de agosto, cuando la niña entró en casa y en nuestras vidas para quedarse, nos cambió para siempre. Desde entonces, el día 29 de cada mes es un momento para celebrar que vamos construyendo una vida juntos, que hay momentos de todo tipo cada día, pero que nada ni nadie, salvo las circunstancias imponderables de la vida, podrá separarnos de ahora en adelante.

Ella llegó, y con ella sus ganas de vivir, su alegría, sus ilusiones, miedos, dudas, experiencias vitales, emociones, su inmensa capacidad de querer y ser querida. Y trajo a nosotros un mundo nuevo de sensaciones, de cómo ver y vivir la vida a través de alguien que a sus 11 años estaba, y aún está, despertando a la vida.

Desde nuestra experiencia personal invitamos a nuestros lectores a plantearse la oportunidad de ofrecer a un menor la posibilidad de compartir una vida en familia. Todos lo merecemos, y los pequeños especialmente.

Somos tres y más fuertes. Foto: Cedida
Somos tres y más fuertes. Foto: Cedida

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