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Amortización contable y amortización financiera

Amortización contable y amortización financiera
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Los conceptos de amortización financiera y amortización contable son términos que, en el ámbito empresarial y personal, a menudo generan confusión.

A lo largo de nuestra vida muchos de nosotros realizamos amortizaciones financieras, como cuando devolvemos el capital de la hipoteca que hemos utilizado para comprar nuestra vivienda o el préstamo para la compra del coche. Sin embargo, es menos común que llevemos a cabo amortizaciones contables, a menos que tengamos una empresa o una actividad empresarial.

Cuando obtenemos un préstamo, hipotecario o no, se fijan unas condiciones que nos obligan a devolver la cantidad prestada mediante una serie de cuotas, que incluyen tanto este reembolso del capital como el pago de los intereses acordados. A la parte de la cuota que hace referencia a este reembolso periódico del capital y que reduce la cantidad adeudada es a lo que llamamos amortización financiera.

La peculiaridad consiste en que la amortización financiera conlleva un flujo de caja negativo, pero no es un gasto; es decir, implica una salida de dinero (flujo de caja negativo). Al igual que la concesión del préstamo no fue considerada como ingreso, aunque supusiera un flujo de caja positivo, la devolución del importe no se considera un gasto. Por lo tanto, no aparece en nuestra Cuenta de Resultados y sí en nuestra tesorería.

La amortización contable, por otro lado, es un concepto contable que se genera para repartir un ‘gasto’ entre varios años. Esto aplica cuando el bien que se adquiere va a ser utilizado en distintos ejercicios. Ejemplos de este tipo de bienes serían una silla, un ordenador, software… El coste del bien se distribuye como ‘gasto’ a lo largo de los años durante los cuales se espera que el bien pueda ser utilizado (vida útil del bien).

A diferencia de la amortización financiera, la amortización contable no implica un flujo de caja; es decir, no genera entradas ni salidas de dinero, por lo que no afecta directamente a nuestra tesorería. Sin embargo, sí se considera un gasto y, por lo tanto, aparece en nuestra Cuenta de Resultados.

¿Conocías esta diferencia?

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