Primera ola: la abundancia. Aunque su equivalente en inglés ya venía utilizándose desde los años 70, el término ‘infoxicación’ se acuño en España en 1996 por el consultor Alfons Cornella. Se trataba de una especie de contracción entre las palabras información e intoxicación. En ese momento, finales de los 90, ante la ingente cantidad de información disponible, ya se describía como una dificultad para “seleccionar, procesar y convertirla en conocimiento útil”. La aparición de internet había multiplicado el acceso a fuentes y documentos; el resultado: había más información de la que podíamos consultar y procesar.
Segunda ola: la interrupción. El boom de las redes sociales y la aparición de los teléfonos inteligentes aceleraron la circulación de la información, allá por 2010 y 2011. En esta ocasión el término infoxicación viene dado no solo por la cantidad de información disponible, sino porque ahora es la información la que nos encuentra a través de algoritmos de recomendación y reacciones sociales. Aparecen las interrupciones en forma de notificaciones y las redes sociales compiten entre sí por nuestra atención. La información comienza a diluirse con las opiniones, la publicidad, el entretenimiento…
Tercera ola: la infoxicación sintética. Esta ola comienza a hacerse visible en 2022 y 2023. La inteligencia artificial generativa automatiza la creación de contenidos. La oferta informativa deja de estar limitada por las horas o personas necesarias para crear, editar, diseñar o grabar.
En esta tercera ola de la infoxicación nos encontramos con las siguientes dificultades:
- Pérdida de la trazabilidad y de la autoría de los artículos, que automáticamente se varían ligeramente para no parecer copias
- Respuestas excelentemente argumentadas en apariencia, pero que no son exactas y que bien podrían pertenecer a la sección de ciencia ficción de una librería
- Suplantación de identidad visual y de voz
- Generación automática de tendencias
¿Cómo sabemos qué información procede de una fuente real, cuál ha sido generada y en qué podemos confiar? Parece que la aplicación de la duda metódica a todo lo que llegue a nuestros ojos y oídos es la única solución.
