La escritora pacense Carmen Clara Balmaseda ha publicado ‘El peso de la púrpura’, su nueva novela negra editada por AdN, en la que combina una investigación policial con la influencia de la literatura en la vida de los personajes. La obra, ambientada entre Madrid y Extremadura, parte del asesinato de un escritor cuya muerte reproduce un crimen narrado en una de sus novelas y conduce hasta un caso sin resolver desde 1959.
La investigación está protagonizada por Blanca Sayago, una inspectora de policía que, pese a su inteligencia y meticulosidad, encuentra dificultades para hacerse respetar en comisaría. El caso la lleva hasta Torre de Don Miguel, en el norte de Extremadura, donde deberá reconstruir el pasado de Guzmán Preciado, el escritor fallecido, y esclarecer los vínculos entre su vida y el crimen cometido décadas atrás.
La novela desarrolla un juego entre realidad y ficción que constituye uno de sus ejes narrativos. Las referencias a obras como ‘El Lazarillo’, ‘Guzmán de Alfarache’, ‘Don Quijote de la Mancha’ y ‘Pedro Páramo’ contribuyen a definir la identidad de los personajes y su forma de interpretar el mundo. A través de estas influencias, Carmen Clara Balmaseda explora cómo las lecturas y las experiencias personales pueden condicionar la percepción de la realidad.
La autora también aborda el peso de las decisiones, los secretos y las consecuencias de los actos pasados. En el caso de Blanca Sayago, la investigación se cruza con un trauma de su infancia: fue secuestrada junto a su hermana por un hombre al que todavía busca. Esta experiencia condiciona su carácter y su forma de relacionarse con los demás, un perfil con el que la autora se aleja del arquetipo de inspectora fuerte y segura habitual en parte de la novela policiaca.
La escritora explica que, al construir a la protagonista, quiso explorar las dificultades que afrontan las mujeres para obtener un respeto que a menudo se da por supuesto en los hombres. Por ello, presenta a una inspectora apocada y con problemas para establecer límites, cuya vulnerabilidad convive con su capacidad para investigar. La obra también invita a reflexionar sobre las decisiones personales y sobre cómo las circunstancias pueden poner a prueba la imagen que cada uno tiene de sí mismo.
Con este título, Carmen Clara Balmaseda regresa a la colección Noir de AdN tras la publicación de ‘Donde se queman los hombres’ en 2024. La autora señala que su objetivo ha sido reunir el componente social y literario de esa novela con el ritmo de thriller de ‘La crisálida’, su debut narrativo en 2021. Su intención, explica, es seguir mejorando su escritura y construir personajes complejos, alejados de una división simplista entre buenos y malos.
Carmen Clara Balmaseda, nacida en Badajoz, es graduada en Filología Hispánica por la Universidad de Extremadura, trabaja como profesora de Lengua y Literatura y escribe para el diario Hoy, donde firma la columna ‘El espejo cóncavo’. Su novela ‘Donde se queman los hombres’, centrada en cuestiones como la justicia, la culpa y la redención, fue finalista del Premio a la Mejor Novela VLC Negra y del Premio a la Mejor Novela Cubelles Noir, además de ganar el Premio Tinta y Pluma.

Hablamos con la escritora para conocer mejor su nueva obra, sus personajes y su evolución literaria.
En ‘El peso de la púrpura’, la muerte del escritor reproduce un asesinato narrado en una de sus propias novelas. ¿Cómo surgió esta premisa y qué le interesaba explorar al difuminar las fronteras entre lo que ocurre en la ficción y lo que sucede en la realidad?
Cuando se me ocurrió la idea para escribir la novela me encontré con un problema: no podría empezar a escribirla hasta varios meses más tarde. Soy profesora de Lengua Castellana y Literatura, y en 2023, cuando se concibió esta novela, estaba preparando las oposiciones de Secundaria. Para mí resultaba muy frustrante saber que tenía la novela cociéndose en mi mente pero que no podía dedicarme a ella. Tras darle muchas vueltas, logré encontrar en el propio problema una solución que me permitiría, además, cambiar por completo el enfoque de la novela: podía emplear el tiempo de estudio como tiempo dedicado al proceso de documentación al mismo tiempo, si introducía un componente metaliterario que funcionara como motor de la trama y como elemento fundamental a la hora de definir la identidad de ciertos personajes. La propia naturaleza de la novela lo permitía, al ser la premisa el asesinato de un escritor. Así surgió la idea de escribir una novela en la que la vida y la personalidad del escritor protagonista estuvieran influidas por sus lecturas. A partir de ahí, me pareció que sería genial utilizar como punto de partida el asesinato de un escritor que muere en las mismas circunstancias que un personaje de una de sus novelas. Para alguien como Guzmán Preciado, que narra su biografía a partir de una visión del mundo condicionada por sus lecturas, podía ser muy significativo el que su muerte la condicionara uno de los libros escritos por él. Sobre todo teniendo en cuenta que este estaba basado en un crimen real.
Me gusta explorar estas fronteras entre realidad y ficción porque nuestra forma de ver el mundo puede llegar a ser, a veces, muy relativa. Cervantes decía que la realidad puede ser objeto de múltiples lecturas y, García Márquez sostenía que “la vida no es la que uno ha vivido sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”. Esto es, precisamente, lo que se explora en la novela: cómo la visión de Guzmán Preciado y la forma en la que él entendió su vida, tal vez puede estar alejada de una visión objetiva de la misma y, no por ello, deja de ser menos válida o cierta. Como Guzmán, todos condicionamos nuestra interpretación del mundo a nuestra cultura y nuestras vivencias.
¿Cómo incorporó el crimen ocurrido en 1959 en Torre de Don Miguel a la trama y qué aspectos de la memoria y del pasado le interesaba explorar a través de él?
Uno de los libros principales que sustentan la trama de la novela es ‘El Lazarillo de Tormes‘, por cómo afecta en la personalidad de Guzmán, a quien sus vecinos de Torre de don Miguel apodan ‘Lázaro de Torre‘ en su infancia. Quería reproducir la estructura del ‘Lazarillo‘: una narración en primera persona estructurada de forma circular; es decir, se empieza desde el final (los momentos antes a su asesinato, en este caso) y se retrocede hasta la infancia y juventud para después volver a a la situación inicial y explicarla (o justificarla) a partir del relato previo de las memorias. Así que, regresar al pasado de Guzmán en los años 50, no solo nos sirve para seguir la estructura típica de ‘El Lazarillo de Tormes‘, sino para conocer el pasado de Guzmán y entender mejor cómo llegó a convertirse en el reconocido escrito que era cuando fue asesinado. Como en ‘El Lazarillo de Tormes‘, lo que este personaje pide es que entendamos sus motivos y empaticemos con él, a pesar de mostrar, en ocasiones, una moral cuestionable. Como veremos al leer la novela, a menudo Guzmán cometerá actos poco éticos y, después, se cuestionará la moralidad de los mismos, como ocurre en el ‘Guzmán de Alfarache‘.
El pasado de Torre de don Miguel, sin embargo, no solo conecta con la infancia de Guzmán Preciado, también conecta con la inspectora Blanca Sayago, que fue secuestrada de niña y encontrada posteriormente vagando por la Sierra de Gata. Así que, como ya hice en mi novela anterior, el pasado sirve para conectar con el presente, ver cómo evolucionan los personajes, que consecuencias arrastran y qué influencia tienen las decisiones que tomaron años atrás.
Blanca Sayago es una inspectora que, pese a su inteligencia y capacidad investigadora, tiene dificultades para hacerse respetar y establecer límites. ¿Qué le interesaba explorar a través de esta protagonista y por qué decidió alejarse del perfil más habitual de heroína de novela negra?
Una de las cosas que me propuse al escribir la novela fue diferenciarme de la protagonista prototípica que se ha impuesto en el género negro en los últimos tiempos. Quise cambiar la inspectora con carácter y segura de sí misma por alguien que, como Blanca, tuviera un carácter más apocado y dócil. Por supuesto, me encanta que las mujeres hayan abandonado los roles pasivos o supeditados a un personaje masculino en la ficción. Sin embargo, creo que ahora se nos exige demasiado. No hay términos medios, o mostramos genio y fortaleza o se nos vuelve a relegar a personajes secundarios. Parece como si imponerse y hacer alarde de un carácter hosco fuera necesario para ganarnos un respeto que en los hombres se da por sentado. No obstante, creo que también tenemos el derecho a mostrar debilidades y a mostrar nuestra verdadera personalidad sin que ello sea una excusa para que los demás se salten nuestros límites. No solo las mujeres con carácter o con una personalidad tradicionalmente atribuida a los hombres son aptas para ser policías o para ocupar cargos relevantes.
Un personaje como Blanca me permitía explorar todo esto y, sobre todo, reflexionar sobre la tendencia de algunas personas de aprovecharse de aquellos que se muestran retraídos o dóciles. Ella, ya de por sí, al ser una mujer en un mundo de hombres, tiene una gran dificultad a la hora demostrar su valía, pero esta dificultad acrecienta por su forma de ser, ya que tiene muchos problemas para relacionarse y para marcar límites. Además de todo esto, Blanca Sayago es una persona traumatizada porque, de niña, fue secuestrada junto a su hermana. Aunque ella logró escapar, su hermana sigue desaparecida 30 años después, y la inspectora está obsesionada con encontrarla a ella y a su captor. Este incidente acentuó aún más su personalidad introvertida.
Creo que, aunque he sido un poco cruel con ella, ver a Blanca crecer, aceptarse a sí misma y dejar el rol secundario que ha adoptado en su vida para, poco a poco, convertirse en la protagonista de su propia salvación, puede dar al lector un bonito mensaje de aceptación y esperanza al lector.
La literatura tiene un peso importante en la identidad de Guzmán Preciado. ¿Cómo influyen las lecturas en nuestra forma de entender la realidad y hasta qué punto pueden condicionar nuestras decisiones?
En la novela aparecen referencias a diversas obras que no funcionan solo como un homenaje literario, sino que, en muchos momentos, sirven como motor de la trama. Como bien comentáis, la literatura es fundamental para Guzmán Preciado, porque es la que le impone la identidad. De niño es bautizado por el cura del pueblo como ‘Lázaro de Torre’ y eso condiciona la forma en la que lo verán los vecinos y en la forma en la que se ve él mismo. Desde que lee ‘El Lazarillo de Tormes‘ escapar del determinismo que persigue al pícaro será una obsesión que lo perseguirá toda su vida. Tras la lectura inconclusa de ‘Guzmán de Alfarache‘, además, que este objetivo es posible y tomará a Guzmán como una nueva referencia. Otros libros, por supuesto, como don Quijote o, sobre todo, Pedro Páramo, marcarán su forma de entender el mundo y de entenderse a sí mismo. Lázaro se trasladará a Madrid y cambiará su nombre por Guzmán Preciado, pero la suya será una constante búsqueda fallida de la propia identidad.
Con respecto a cómo nos pueden influir las lecturas, la verdad es que siempre se ha dicho que el arte imita la vida, pero tal ver también pueda ser al contrario. Todas nuestras vivencias nos construyen como personas. En ‘El peso de la púrpura‘ decidí plantearme si esas vivencias que van definiendo nuestra personalidad a lo largo de la vida podrían estar también en los libros que hemos leído, las películas que hemos visto o, en general, las historias que siempre nos han acompañado. Exploraremos esto a través del personaje de Guzmán, quien encuentra un refugio y una pasión tan potente en los libros que incluso condicionan su forma de interpretar el mundo. Por eso, en la novela, haremos un recorrido por la historia de las letras castellanas de la mano de Guzmán, quien en algunos momentos llega a concebir a Pepe el Portugués con un ‘Gigante‘, a su enamorada con Susana San Juan o a él mismo como a una especie de Pedro Páramo, eternamente amenazado por los murmullos y los ecos de un pueblo fantasma.
Tanto en ‘Donde se queman los hombres’ como en ‘El peso de la púrpura’ el pasado condiciona el presente de los personajes. ¿Qué le interesa de las consecuencias que pueden tener las decisiones tomadas años atrás y de los secretos que permanecen ocultos?
Me gusta mucho comprobar cómo el tiempo cambia la vida y cómo afecta a las relaciones humanas. Las novelas me permiten explorar estos aspectos de la vida: amistades que se rompen o se construyen con los años; amantes que terminan convertidos en desconocidos, y personas a las que creíamos conocer, pero un día muestran una cara oculta.
Por supuesto, el peso que pueden ejercer las decisiones, porque son precisamente estas las que condicionan el rumbo que toman nuestras relaciones y nuestras vidas. ‘El peso de la púrpura‘, en concreto, creo que es una novela de malas decisiones. Los personajes cometen errores que a menudo, no tienen vuelta atrás y cuyas consecuencias los perseguirán durante años. Muchos eligen el éxito, el poder o el dinero antes que la ética o la honestidad, y tendrán que cargar con esas elecciones y pagar las consecuencias.
Con ‘El peso de la púrpura’ regresa a la colección Noir de AdN después de su anterior novela. ¿Qué ha cambiado en su manera de escribir y qué aspectos se propuso mejorar en esta nueva obra?
El principal objetivo siempre que comienzo una nueva novela es mejorar la anterior. Presto mucha atención a las críticas constructivas de mis lectores y pienso en qué puedo mejorar. Sigo, por supuesto, leyendo y estudiando vocabulario y gramática para mejorar la redacción; así como estudiando nuevas técnicas narrativas. En el caso de esta novela, quise aunar lo mejor de mis dos primeras novelas: el ritmo de thriller de mi primera obra y el componente literario y social de la segunda. Será mis lectores los que decidan si el objetivo se ha conseguido o no.
En sus novelas combina el suspense con la dimensión social, literaria y psicológica de los personajes. ¿Qué le aporta esa mezcla de elementos?
Creo que es muy positivo y enriquecedor para una novela no encasillarse en un solo género. Uno puede utilizar un crimen para reflexionar sobre problemas sociales, y eso te abre muchas posibilidades, porque te permite hacer una novela social con el ritmo y el atractivo del thriller. Del mismo modo, creo que explorar la psicología de los personajes debe ser algo fundamental independientemente del género al que uno quiera dedicarse. Son los personajes los que hacen memorable y una novela, sin duda. En realidad, es difícil ceñirse solo a las directrices de un único género. Siempre he creído contraproducente poner límites a un arte, que por su propia naturaleza, permite una libertad absoluta a la hora de crear.
¿Hay algún género o enfoque narrativo que le gustaría explorar en sus próximos proyectos?
Me gustaría hacer una novela lineal de carácter social e histórico, pero manteniendo el componente de la novela negra. En la novela social de época he encontrado muchas posibilidades para narrar historias. El pasado negro de nuestro país, además, me permite añadir ese componente de thriller porque, ¿Qué hay más negro que lo cotidiano? En ‘El peso de la púrpura‘ hay una escena en la que acaban de secuestrar a una niña y esta, oye, desde su cautiverio el sonido de un cordero y de un tren. No hay nada más terrorífico que ver que el mundo a tu alrededor transcurre con normalidad mientras el tuyo se detiene. Lo mismo puede ocurrirle a un preso que está a punto de ser torturado o fusilado. Aquellos horrores que en algún momento hemos normalizado y han pasado a formar parte de lo cotidiano, son, en mi opinión, más terroríficos que el psicópata que, en un momento puntual, puede cometer un asesinato, por truculento que este sea.
Sí que me gustaría salirme un poco de la estructura del flashback, porque en mis últimas novelas el protagonista de los hechos narrados en el pasado está muerto en el presente y, cuando acabo de escribir, me arrepiento de haber matado a unos personajes con tanto potencial. De todos modos, no hay nada decidido aún, y no me cierro a nada que pueda parecerme interesante.
¿Qué lugar ocupa Extremadura en su trayectoria como escritora y qué le gustaría que los lectores descubrieran de la región a través de sus historias?
Siempre se ha dicho eso de que “uno no es profeta en su tierra“. Creo que, en mi caso, por fortuna, no ha sido así. Siempre me he sentido muy acogida en mi tierra. De hecho, la primera vez que me invitaron a un evento profesional fue en el festival ‘Gata Negra‘ de Moraleja. Acudir a este evento me abrió muchísimas puertas y me motivó a seguir escribiendo y a creer en que, convertirme en escritora profesional algún día, no era un sueño imposible. Es uno de los motivos por los que ‘El peso de la Púrpura‘ se ambienta en la Sierra de Gata, en agradecimiento a esa acogida que me dieron cuando aún era solo una joven que soñaba con ser escritora.
Por otra parte, me gusta mucho ambientar las novelas en Extremadura porque es una región muy olvidada y me permite poner mi granito de arena para contribuir a que la gente conozca esta maravillosa comunidad. Convertir un lugar en escenario de novela negra, sin embargo, tiene un precio: uno debe crear un ambiente asfixiante y opresivo y unos personajes moralmente cuestionables para contribuir al clima propio de la novela negra. Esto a veces se confunde con una crítica, pero nada más lejos de la realidad, son, simplemente exigencias del género. Cualquier ciudad en la que se ambiente una novela de este tipo puede tener los mismos elementos negativos del género. El cariño que un autor pone en su tierra o en cualquier lugar en el que decida ambientar una novela está muy por encima de todo eso. En cualquier caso, creo que es un precio muy bajo a pagar a cambio de situar en el mapa a un lugar tan olvidado como lo es Extremadura.