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CO-razón y VID-a: 1+9 razones para la esperanza. Pedro Monty

CO-razón y VID-a: 1+9 razones para la esperanza. Pedro Monty
Ilustración: Cedida
Léeme en 8 minutos

(‘Quaren-Time’. Crónica desde la Educación, el Arte y la Solidaridad)

Prólogo
Corría San Blas, cuando la vida era normal y corriente, y como cada año, casi se olía esa primavera deseada repleta de jara, caléndula, manzanilla y cantueso. No había sido un invierno excesivamente lluvioso, pero nuestro campo extremeño es tan generoso que nos regala una primavera siempre explosiva, aunque breve, pero repleta de olores, colores, sensaciones… un febrero bisiesto que venía marcado por un San Valentín en fin de semana, unos carnavales con unas fantásticas temperaturas, en el que nadie nos podríamos imaginar lo que vendría después.

En Educación andaba preparando un especial de Beethoven en el 250º aniversario de su nacimiento, junto a educadores de toda Europa. Los que me conocen saben que es mi compositor de cabecera, y la importancia que tuvo en la consecución de los ideales de su época: derechos humanos, sufragio universal, hermandad de una sociedad libre y feliz. Este curso celebro mis 25 años como docente, y quería hacer algo grande.

En Arte había puesto música en un encuentro nacional de 100 personas venidas de toda España que se celebró en Gévora, Badajoz, en el que se estrenó oficialmente un tema de la cantante argentina Valeria Boccacci, con quien he colaborado en varias ocasiones.

En Solidaridad acabábamos de entregar el tercer premio ‘Ellas’, en esta ocasión para Marina Maldonado, de la asociación pacense ‘Mi princesa Rett’, aprovechando también que uno de los padrinos de la asociación, Dani Rovira, vino a Badajoz para presentar su último espectáculo.

Y llegó el confinamiento, esa parada del mundo obligatoria. Llegó el des-concierto, el temor, la incertidumbre, la ansiedad… el miedo. En algún momento me derrumbé, casi siempre en la intimidad, intentando que mi mente pudiera racionalizar todo lo que estaba entrando por mis sentidos. Tener tres niños pequeños hace que te ancles al presente, buscando en la cotidianidad de lo sencillo y del día a día ese ‘salvavidas emocional’ que no te haga mirar hacia atrás, desconfiar del presente y creer en un futuro incierto. Mis amigos más optimistas me decían: “míralo como una oportunidad para hacer cosas que no habías hecho, tienes tiempo que puedes utilizar para lo que quieras: estudiar, leer, preparar la casa, estar con la familia…”. Solo saqué una cosa clara de tantas conversaciones: si era capaz de seguir fijamente unas rutinas, si conseguía ser capaz de ver que en lo pequeño e insignificante está lo importante y era capaz de vivir cada día como único, siendo consciente que el presente es lo único que tenemos, podría salir airoso de este ‘encierro’ tocado pero no hundido.

Para ello tenía que intentar también buscar razones para la esperanza a través de amigos, asociaciones y organizaciones con las que colaboro y que han seguido trabajando para, en circunstancias tan complicadas como la que estábamos viviendo, no cesar en el empeño de seguir aportando todo lo mejor a este ‘mundo congelado’.

Y en este tiempo encontré 1+9 razones para la esperanza, intentando redescubrir toda la luz que hay en la gente que me rodean:

  1. Coaem (Confederación de Asociaciones de Educación Musical de España). Puso en marcha el proyecto ‘Música viral’ para todos los profesores de música de España, y durante 15 días a las 12.00 de la mañana salí a interpretar al balcón las melodías propuestas, que forman parte fundamental de la historia de la música. Cómo no, comenzamos con el ‘Himno de la alegría’ de Beethoven, símbolo de una Europa solidaria, repleta de humanidad, cultural, comunitaria y fraternal, de paz y de justicia. Una Europa que mime a sus mayores, cuide los enfermos y y mire por los niños. En definitiva, una Europa de todos, con futuro y esperanza.
  2. Monodosis musicales. Se habían suspendido los conciertos que cada miércoles el Hospital Universitario y la Asociación Contra el Cáncer organizábamos en la octava planta del hospital. El contacto con Toni Marchena, enfermera supervisora del hospital, y con Rocío Contreras, trabajadora social de la AECC, creadores de este interesante proyecto, me recargaba las pilas. Nunca estaremos lo suficientemente agradecidos a los sanitarios y las asociaciones, organizaciones… que trabajan con enfermos.
  3. Aula musical Pianotie. Más allá de ser el medio para poder llegar a mis alumnos del colegio, he encontrado un espacio de generosidad compartida, que ha convertido este aula en un auténtico milagro. Mikel Aizpurúa, Emilio González, Javier Mendoza, Pilar Boyero, José Luis Garralón, Edurne Aizpurúa, Jesús María Alegría, Magdalena, Moriche, Susana Cedrún, Juan Ledesma, Mariya Bakhovska, la agrupación AGLA… y así hasta 100 colaboraciones, que han hecho que Pianotie se haya convertido en un auténtico milagro.
  4. Los niños. Ellos son los que se merecen el aplauso más grande, convirtiéndose en verdaderos maestros, dándonos auténticas lecciones de vida. Su rápida adaptación, su alegría de vivir, sus sonrisas… han hecho más llevadero el confinamiento. Te hacen aterrizar forzosamente en el aquí y en el ahora, contagiándonos de esa visión positiva y confiada de la vida que tienen.
  5. El profesorado. Ver cómo han trabajado mis compañeros de profesión, ha hecho que valore más mi vocación de maestro. Han sabido llevar la máxima de “nuestro alumnado es lo primero, hagámosle protagonista”, y por otro lado, “no olvidemos las circunstancias concretas de cada uno de ellos”. En mi centro se ha hecho un gran trabajo, facilitado por el equipo directivo. Sí, también hicimos nuestro montaje con un mensaje repleto de confianza y optimismo, con la entrega virtual al final del mismo de un diploma por buena actitud, comportamiento y una sonrisa, no solo al alumnado, sino a madres, padres y abuelos. Teníamos claro que el éxito vendría desde el sentirnos auténticamente ‘comunidad educativa’.
  6. Los universitarios. Recibí la llamada de Charo Guerra, que junto a Gemma Delicado querían que diera una masterclass mediante Zoom para el alumnado de las áreas de didáctica de expresión musical y de lenguas extranjeras de la Facultad de Educación del Profesorado de la Universidad de Extremadura. Ese encuentro con futuros maestros, que desbordaban ganas e ilusión por la Educación, a pesar de que el confinamiento les había dejado sin la parte más bonita de la carrera, las prácticas docentes en la escuela, me hizo creer firmemente en el poder de la juventud para construir un mundo mejor.
  7. Madres / Padres. Han sido muchos los padres y madres del cole con los que he hablado, y sé del gran esfuerzo que han hecho. Si para mí, siendo maestro, y estando todo el tiempo en casa ha sido muy complicado, para aquellos que han tenido que seguir trabajando, saliendo de casa o teletrabajando, atender a las ‘cosas de casa’, ayudar en las tareas escolares de sus hijos… aguantando toda la presión de este confinamiento, hace que sean merecedores de un homenaje muy especial.
  8. Festival ‘Confin-Arte’. La asociación pacense ‘Sueña teatro’, de la mano de Fátima Vivas, con la colaboración de la Concejalía de Cultura pacense, organizó durante los fines de semana de mayo este festival virtual, en el que artistas de diferentes disciplinas colaboramos desde casa. Fue un honor poder abrir este festival, que quise dedicar al cine mudo. En un mundo acallado por el virus solo la música daba vida al blanco-negro de esta vida confinada, como lo hacía el piano en los inicios del cine, poniendo banda sonora al cine mudo. Fue una fuente de agua fresca conocer el trabajo y el esfuerzo que asociaciones concretas estaban haciendo para que el mundo fuera más bonito en estos momentos.
  9. Los artistas. Hemos comprobado en esta cuarentena cómo los artistas en general, y los músicos en particular, han regalado generosamente su arte desde sus balcones o desde las redes. Han sido capaces de dar voz al planeta desde las emociones más profundas, creando conciencia sobre la necesidad de un cambio de mentalidad que apueste por la humanidad.
  10. Los mayores. Con ellos no puedo dejar de emocionarme. A ellos le debemos gran parte de todos los privilegios de los que disfrutamos hoy. Ellos lo han dado todo por sus hijos y por sus nietos. Nuestros mayores son el auténtico tesoro que da sentido a nuestra sociedad.

 

Epílogo
Hemos ‘aprendido’ la importancia de alejarnos físicamente unos de otros. Estamos aprendiendo a sonreír con la mirada, a quitarnos las máscaras para ponernos mascarillas, y a saber que la vida hay que vivirla día a día, disfrutando cada momento como único e irrepetible. Terminado el confinamiento mis actividades se retomaron, pero mi forma de mirar el mundo había cambiado.

En Educación, con la incertidumbre de cómo será el comienzo del próximo curso, estamos viendo la posibilidad por un lado de publicar un libro-didáctico con todos los contenidos que hemos desarrollado en el aula virtual Pianotie, a la vez que queremos darle continuidad con una segunda temporada del aula con un carácter mensual.

En Arte, junto a Pilar Boyero, pocos días después de acabar el estado de Alarma decidimos participar en un acto-concierto en la Residencia de Mayores de Riolobos-Cáceres, en homenaje a los sanitarios y usuarios, en especial a los que habían fallecido a causa del coronavirus.

En Solidaridad, organizamos la exposición ‘SolidarizARTE’, junto a Manuel Ramírez, José Moreno y David Carrascal, en el espacio solidario ‘Restaurante Gladys’ de Badajoz, en el que todo el dinero recaudado ha sido destinado al proyecto de Cáritas Diocesana de Mérida-Badajoz a beneficio de los afectados por la pandemia.

A todas las personas, asociaciones e instituciones que me han aportado esperanza, iluminando la oscuridad, sin cesar en su empeño en la construcción de un mundo mejor… ¡Gracias!

Me han enseñado a buscar lo que es realmente importante, lo que da un sentido auténtico a la vida, a disfrutar de las pequeños milagros de cada día. He aprendido a ser más receptivo, espontáneo, creativo, y sentir siempre la vida como algo positivo, aunque las circunstancias no acompañen. La felicidad, más allá de las circunstancias, que pueden ayudar, estará en cualquier lugar en el que la sepamos encontrar: la clave está en nuestro interior.

Si somos consecuentes con esta forma de entender la vida debemos cambiar para ser felices, buscando la oportunidad de alterar nuestra propia realidad, y vivir la vida con más entusiasmo… desde la Educación y el Arte, y sin olvidar a los demás, sin olvidar la Solidaridad.

Porque el fin más noble y alto al que se puede llegar es hacer todo lo posible por tener un mundo mejor, más justo y más humano.

Toda la información de las diferentes actividades realizadas en la descripción del siguiente vídeo:

Pedro Gutiérrez Domínguez, Pedro Monty
Artículo para la revista de Feria y Fiestas Patronales de Montijo 2020

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