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Desde la Torre Lucía. Mis marchas andando por Extremadura (I)

Desde la Torre Lucía. Mis marchas andando por Extremadura (I)
Foto: Cedida
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Comenzaba el curso escolar 1987-1988 en el colegio público Nuestra Señora de Fátima de Galisteo. El curso anterior había sido muy movido, de mucho trabajo y actividades tanto para los alumnos como para los maestros, padres, voluntarios, autoridades locales y comarcarles, etc. porque nos habíamos comprometido a celebrar la Convivencia de la X Semana de Extremadura en la Escuela el 9 de mayo de 1987 y, lógicamente, organizar ese acontecimiento era “tela marinera”.

Ya habíamos sido testigos de nueves ediciones en grandes núcleos de población de la región: Mérida (1978), Cáceres (1979), Badajoz (1980), Guadalupe (1981), Zafra (1982), Plasencia (1983), Don Benito (1984), Trujillo (1985) y Azuaga (1986), y la asistencia de alumnos de los cuatro puntos cardinales de Extremadura nunca había bajado de 10.000, sin contar maestros y autoridades, más los correspondientes vehículos, más de 200 autocares, que les desplazaban.

Y nosotros los recibiríamos en una localidad de 980 habitantes, sin grandes infraestructuras ni aparcamientos para los vehículos, y con un núcleo urbano encerrado por una magnífica muralla almohade que dificultaría hasta el movimiento de esos miles de alumnos por sus estrechas calles.

Esto significó un gran reto, al que hicimos frente implicando a todos los vecinos de la villa. La Asociación de Padres (entonces solo APA, ahora AMPA), la Asociación de las Amas de Casa, la centenaria Cofradía del Niño Dios, el alcalde y los concejales, el médico y el enfermero, el párroco, todo el mundo tuvo que colaborar de una manera o de otra para poder, durante todo el curso 1986-1987, ir dando soluciones para recibir y desarrollar los actos de la Convivencia.

Ese intenso esfuerzo mantenido durante tantos meses, una vez transcurrido el acontecimiento el sábado 9 de mayo de 1987, originó un vacío en la localidad y su gente, una laxitud que hubo que solucionar buscando otro objetivo que mantuviese la actividad, y se nos ocurrió asistir andando a las localidades que después de Galisteo organizasen la Convivencia en años sucesivos. En 1988 fue designada Olivenza, y comenzamos a organizar la Marcha Andando Galisteo-Olivenza.

El procedimiento que pusimos en marcha comenzaba explicando a los padres de los alumnos de 7º de EGB, de 13 años, nuestro proyecto ‘Marcha Andando’ y pidiéndoles su consentimiento, siempre que el alumno quisiera formar parte del equipo de caminantes. Al mismo tiempo se puso en conocimiento de la Inspección Educativa para su visto bueno el programa docente que se desarrollaría a lo largo de todo el curso. Este, a grueso modo, consistía:

  • En Lenguaje se escribirían cartas a los maestros y alumnos de las distintas localidades por donde pasaríamos solicitándoles avituallamiento y hospedaje, según las circunstancias. Si era pasar al mediodía, que cada alumno de la localidad se llevara a comer a su casa a un alumno caminante de Galisteo. Si era al atardecer había que dar hospedaje completo, aseo, cena y dormida. Una vez adjudicado a cada alumno caminante quien le atendía se establecía una relación epistolar para darse a conocer, entablar amistad, etc.
  • En Sociales se estudiaría la Historia, tradiciones y costumbres de los pueblos por donde pasáramos, lo que enriquecería a nuestros escolares en su conocimiento de Extremadura, que al fin ese era el objetivo pedagógico de la Semana de Extremadura en la Escuela.
  • En Naturaleza se verían las características del territorio que íbamos a atravesar, sus accidentes geográficos más significativos, montañas, ríos, vegetación, fauna, etc.
  • En Matemáticas se calcularía la distancia a recorrer de manera total, parcial por etapas, velocidad del caminante y tiempo que tardaría en ir de una localidad a otra, datos de población, producciones. Se planteó recorrer 20 kilómetros al día.
  • En Educación Física, entrenamientos diarios de marcha. Aquí también se solicitaba la colaboración del médico y el enfermero, para que dieran consejos sobre la higiene del pie y anatomía fundamental para realizar la ‘Marcha Andando’ con éxito.

En síntesis muy reducida, estos fueron los ejes del proyecto educativo y su desarrollo hasta el mes de mayo.

Aún quedaban más aspectos, ya relacionados con los padres de los alumnos implicados y con las autoridades locales, provinciales e incluso autonómicas, así como con la Guardia Civil, Cruz Roja, etc. Por ejemplo, cómo realizar físicamente los recorridos y los servicios de intendencia para que los alumnos caminantes fueran libres de cargas, sin mochilas y que ese equipaje fuera llevado diariamente al atardecer a la localidad de fin de trayecto en un par de vehículos por padres. Al tiempo, recibirían noticias de cómo se encontraban los caminantes y recogerían el equipamiento del día anterior, como mudas, ropa sucia, etc. La media de alumnos que hicieron las distintas marchas osciló entre 15 y 18 chicos y chicas.

En las marchas me acompañaron siempre un compañero maestro del claustro de Galisteo y el enfermero de la localidad, con un permiso de la autoridad sanitaria, que era el conductor del coche escoba donde llevaba el botiquín. Aprovecho para agradecer públicamente a Aurelio López Donaire, enfermero titular de Galisteo, su compañía y colaboración en las tres marchas que hicimos con este programa educativo.

Así quedaron planteadas las ‘Marchas Andando’ a Olivenza en 1988, Valencia de Alcántara en 1989, Don Benito en 1990 y Tornavacas en 1991, localidades donde tuvo lugar la Convivencia Escolar de las Semanas de Extremadura en la Escuela.

Han transcurrido 36 años de la primera, con destino Olivenza, que llegado el momento no pudimos realizar andando, porque aquella primavera toda la escuela pública española estuvo inmersa en una larguísima huelga, la llamada ‘del Cojo Manteca’, que costó el cargo al Ministro de Educación, José María Maravall Herrero.

Con las escuelas cerradas y los alumnos en sus casas, era un atrevimiento ponernos en marcha, máxime cuando la propia celebración de la Convivencia estaba en peligro. Llegado el momento, Olivenza mantuvo la convocatoria y el Ayuntamiento oliventino nos fletó un autobús y nos invitó durante dos días para estar presentes en los actos, que a pesar de los pesares pudieron llevarse a cabo. Fue el viernes 6 y el sábado 7 de mayo de 1988.

(Continuará)

P.D. Bibliografía en las noticias de las hemerotecas del Diario Hoy y del Periódico Extremadura.

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