Mi última publicación, ‘Ecos del agua eterna: entre el Tajo y el Alagón’, surge como un viaje poético que sigue el ritmo del Alagón y del Tajo, dos ríos que dan forma al paisaje, a la memoria y a la vida de las personas que viven en sus orillas. Avanzo a través de sus aguas como quien sigue un latido antiguo, permitiendo que los versos se ajusten al sonido del cauce y a la luz que varía en cada curva.
En el recorrido aparecen laderas con encinas, jaras y alcornoques, mientras cigüeñas, milanos y garzas planean y custodian el silencio del río. El aire contiene sus cantos y los tonos que el viento deja al tocar las hojas, y cada parte del paisaje invita a parar, escuchar y nombrar lo que suele pasar inadvertido.
A lo largo del camino se visitan pueblos que toman agua del río y lo celebran en plazas, puentes y murallas antiguas: Ceclavín, Alcántara, Mirabel, Garrovillas de Alconétar, Mata de Alcántara, Serradilla o Zarza la Mayor. Desde las villas nacidas junto al Alagón hasta las que miran al Tajo cada población añade una historia, una voz y una marca que se une al poema del trayecto.
Este libro representa una travesía y una observación del agua que fluye, del vuelo que se extiende y de la vida que surge en cada orilla. Además, constituye un tributo a dos ríos que, al correr, nos enseñan a mirar de nuevo.