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El círculo que se cierra

El círculo que se cierra
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Tras la resistencia al dolor y la incomprensión de lo que hemos vivido, si son acontecimientos que marcan nuestro rumbo, debemos situarnos en el presente de la persona en la que nos hemos convertido. Este nuevo posicionamiento nos descubre una nueva forma de ser y estar en un nuevo mundo que hemos construido a nuestra medida y que tiene la forma y el patrón que nos permiten sentirnos bien con nuestro entorno, sobre todo con aquello que nos ha tocado vivir.

Es entonces cuando encontramos ese lugar adecuado que nuestra mente ha ido fabricando, escuchando los reclamos de nuestras emociones y sentimientos, y que solo se presenta en la forma y en el tiempo adecuados cuando todo está sincronizado y nuestro corazón está sanado, listo para perdonar y recuperar esa parte nuestra que murió lentamente, sin que nos diéramos cuenta. Al descubrir esa sanación, nuestro cuerpo reacciona y se vuelve flexible, inteligente, funcional y orgánico, listo para desempeñar todas sus competencias y hacer posible que nuestro hogar y nuestro refugio vuelvan a acogernos como si volviéramos a casa.

Al sanar las crudas heridas que nos deja la imperfección de nuestra herencia y las piedras que nos ha dejado ese mapa genético y hereditario, podemos comenzar a reconocernos y, solo así, comprender los motivos de los desastres que nos han perseguido, que se sustentan en la base de nuestra identidad, ya marcada y definida desde el principio de nuestros días. Se trata de cerrar ese círculo congénito que, por alguna extraña razón, nos ha correspondido cerrar a nosotros.

No es el azar lo que nos sitúa en las diferentes situaciones y roles en relación con nuestros sistemas relacionales y de convivencia; se trata de posiciones y funciones que asumimos desde que nacemos y que nos otorgan responsabilidades y fortalezas que desarrollamos de manera inconsciente, hasta que la vida que hemos recorrido y las decisiones que hemos tomado han lastrado nuestros deseos y castrado nuestras verdaderas ilusiones y propósitos. Es entonces cuando decidimos abandonar esa estancia y ese modelo relacional y de exigencias para, con la distancia adecuada, tomar perspectiva y comenzar a vivir para nosotros y nosotras. Entonces recuperamos con dignidad nuestro espacio y nuestro respeto, en la distancia y, a veces, en soledad, manteniendo esa autonomía e independencia que nos acerca a quienes somos, resolviendo y dejando atrás aquello que nos correspondía por herencia y comprendiendo que el lugar que creímos ocupar por delirios del destino y herencia familiar no era el nuestro. Además, nadie nos lo impuso: fueron esas fuerzas universales que operan en silencio y sitúan nuestro mapa familiar y hereditario las que hicieron el reparto de debilidades y fortalezas, dejando más peso en unos miembros que en otros y dejando la mayor carga siempre en esa parte sensible que debe hacerse fuerte para que los demás y las demás se sientan libres para cometer errores y abandonar sus responsabilidades.

En las teorías clínicas de familia existen conceptos y modelos de comportamiento que nos hablan del poder de los roles heredados e impuestos y también de poner fin al círculo que en el pasado no se cerró. Cuando nos distanciamos del rol principal, las funciones y los lugares que ocupan el resto sufren un cambio y una descomposición, lo cual permite que, con el alejamiento de aquel miembro, se repare su daño y sufrimiento y, a la vez, se recompongan los roles y las posiciones del resto de las personas de nuestro entorno familiar, para que, cerrado el círculo de dolor y descomposición, las cosas puedan seguir su camino natural, que no es otro que el que la vida nos otorga a cada uno, no por quienes somos, sino por lo que hacemos.

Nuestros destinos están marcados por aquellos dilemas y culpas no resueltos en el pasado, y depende de nosotros dar un paso adelante, o al lado, para que todo siga su curso, una vez que en la reparación encontremos la paz que necesitamos y el lugar que necesitan nuestros antepasados, dejándoles en el lugar que les corresponde y cerrando el círculo de las deudas pendientes.

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