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El contador invisible

El contador invisible
Foto: Amparo García Iglesias

Alguien debería decirnos al inicio de nuestra vida que hay solamente un número concreto de amaneceres, que desde el momento en que vemos la luz por primera vez contamos con un día menos.

La consciencia de la muerte angustia cuando se rechaza o se niega, mientras que cuando se abraza con madurez y se acepta como un hecho natural se convierte en un motor de resiliencia y templanza, que empuja a vivir con más coraje, gratitud y coherencia, llegando a convertirse en la brújula más poderosa para el crecimiento personal. La muerte no es el enemigo de la vida; el olvido de ella sí lo es.

Tener esta conciencia de tiempo no renovable reporta mayor gratitud por lo cotidiano, bien sea disfrutar de un atardecer, de una taza de café caliente, de una conversación sincera o un paseo por la orilla del río.

La certeza del contador invisible es ineludible. Si supieras que te quedan 2.000 amaneceres, ¿seguirías tolerando aquello que te drena el alma? Entornos viciados, promesas rotas, pensamientos rumiantes… ¿Seguirías dándole relevancia a fugas energéticas? ¿‘Likes’, aprobaciones y opiniones ajenas u otros distractores o detonantes que secuestran tu atención? Abrazar la finitud de la vida da permiso para vivir de forma más auténtica.

Si piensas en las personas que más admiras, casi siempre comparten una cualidad: vivieron siendo conscientes de que el contador avanza y no esperaron el momento perfecto, simplemente crearon momentos imperfectos.

Cada vez que elegimos el perdón sobre el rencor, la vulnerabilidad sobre la coraza, estamos protegiendo el tiempo limitado y priorizando lo realmente importante, vivir con propósito.

Cada día está compuesto por elecciones que definen nuestro legado y paz interior. Decidir a qué y a quién le entregamos nuestros días menguantes es el acto más determinante de nuestra vida. El verdadero crecimiento empieza con una selección valiente. Empecemos por lo pequeño: no posponer una conversación pendiente, decir un no amable a lo que te resta energía y un sí valiente a lo que te ilumina, aunque te produzca miedo. Arriesgarse a amar o crear sin garantía de éxito.

Acumula historias, cicatrices con sentido, abrazos que todavía se sienten… ya que mañana, cuando el sol vuelva a asomarse, resta uno a tu contador invisible.

No mires el amanecer como un fondo de pantalla, míralo como un recordatorio amable pero firme: este es el día que tengo hoy. Haz que valga la pena recordarlo. Y, si algún día el contador llega a cero, que no sea con arrepentimiento por lo que no hiciste, sino con una sonrisa tranquila por lo que viviste de verdad. Porque la vida no se mide en años acumulados, sino en madrugadas aprovechadas.

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