Ribera del Fresno dio el pistoletazo de salida a las fiestas patronales en honor al Santísimo Cristo de las Misericordias con un pregón de marcado carácter colectivo y memorial.
Por primera vez, según recordó el alcalde, Miguel Ángel Araya Salguero, una asociación o grupo de personas asumía conjuntamente la responsabilidad de pregonar las fiestas. La elegida para esta edición de 2026 fue la Hermandad del Santísimo Cristo de las Misericordias, que confió la lectura del pregón a dos generaciones de hermanos: Francisco Torres Rodríguez, vocal de la junta directiva y uno de sus miembros más jóvenes, y Elisa Vázquez Alba, presidenta de la hermandad.
El acto, celebrado en el marco de la programación patronal, contó también con la intervención del alcalde y de la concejala de Turismo y Patrimonio, Teresa Rodríguez Rosa, y sirvió para poner en primer plano la historia de la hermandad, el trabajo silencioso de sus miembros y la transmisión de una devoción que, según se destacó durante el pregón, forma parte de la identidad colectiva de Ribera del Fresno.
Miguel Ángel Araya abrió el acto reivindicando la antigüedad de la celebración. Según señaló durante su intervención, la edición de 2026 constituye la edición número 171 de las fiestas del Cristo, de acuerdo con los registros manejados por el Ayuntamiento.
El alcalde presentó la festividad como una tradición transmitida “de padre a hijo” y vinculada durante generaciones a la fe y a la identidad de Ribera del Fresno. La ermita del Cristo, situada a espaldas del escenario desde el que se pronunció el pregón, fue presentada como uno de los principales espacios de esa memoria colectiva: “Si esta fiesta sigue viva y con tanta fuerza es gracias al trabajo incansable de personas que dedican su tiempo de forma altruista”.
En ese sentido, el alcalde dedicó parte de su intervención a reconocer a la actual junta directiva de la Hermandad, que asumió su responsabilidad en 2020, y citó a su presidenta, Elisa Vázquez; al presidente, Francisco José Rodríguez Díaz; al tesorero, Mario Cadenas Casco; a la secretaria, Maura Sánchez; y a los vocales Carmen Rodríguez, Mica Suárez, Julián Lozano Rodríguez y Francisco Torres Rodríguez.
Miguel Ángel Araya extendió el reconocimiento a los cerca de 300 hermanos y hermanas que, según indicó, colaboran durante todo el año en el mantenimiento de la ermita y en la preparación de los actos religiosos.
Uno de los elementos más significativos de la elección de los pregoneros fue precisamente la intención de representar en el escenario el pasado y el futuro de la hermandad. Francisco Torres, como uno de los miembros más jóvenes de la junta, asumió inicialmente la palabra, mientras Elisa Vázquez aportó la perspectiva de quien lleva años vinculada a la institución. El propio alcalde explicó que la elección pretendía unir “la sabiduría y la historia viva” de los hermanos más veteranos con “la fuerza y la continuidad” de quienes toman ahora el relevo.
La idea recorrió después todo el pregón. Francisco Torres comenzó recordando a los hermanos y hermanas fallecidos, reivindicando que una hermandad no está formada únicamente por quienes permanecen hoy al frente de ella, sino también por quienes anteriormente dedicaron su tiempo y esfuerzo al Cristo.
Durante su intervención fueron recuperados nombres de personas que ocuparon responsabilidades en distintas etapas de la hermandad, entre ellos Juan Tena, Andrés Carmona, Quico Cadenas, Teresita, Juan Castrejón y Manolo Toro. También hubo un recuerdo especial para Dionisia Monzú, a quien los pregoneros atribuyeron un papel fundamental en determinados años en los que la ermita permaneció cerrada por falta de personas que pudieran hacerse cargo de ella. Junto a ella fueron mencionados José Mari, Faustina y María por su contribución a mantener viva la presencia del Cristo.
El pregón puso también el acento en la documentación histórica conservada por la propia Hermandad. Elisa Vázquez recordó que el primer libro de actas del que tienen constancia corresponde a 1973, y que en sus páginas aparecen las firmas de numerosos hermanos cuya identidad, en algunos casos, ya no ha podido ser determinada. El valor de esas firmas fue utilizado como metáfora de la continuidad de la institución: aunque algunos de aquellos nombres se hayan perdido con el paso del tiempo, su compromiso permanece registrado en los libros y forma parte de la historia de la hermandad.
En ese recorrido por la memoria se recordó igualmente a personas como Clara Díaz, Manolo Toro, Esperanza Cruz, Rafi Ledesma, Frasco, Teresita y Quico Cadenas, además de los hijos del médico Juan Romero Gragera, a quienes la Hermandad agradeció la donación del estandarte realizada en 2012 en memoria de su padre.
El pregón se convirtió así en una reivindicación de la aportación de varias generaciones y de una idea que los propios pregoneros sintetizaron durante su intervención: una hermandad no se construye en un día, sino generación tras generación.
Uno de los momentos destacados del pregón llegó al abordar la decisión del Ayuntamiento de entregar al Santísimo Cristo de las Misericordias el bastón de mando municipal y proponer su nombramiento como Alcalde Perpetuo de Ribera del Fresno. Elisa Vázquez agradeció públicamente la iniciativa y señaló que, para la Hermandad, el gesto representa “sacrificio, guía, apoyo y protección”. La propuesta municipal, anunciada previamente por el alcalde en su saluda de las fiestas, tiene carácter honorífico y simbólico, sin atribuir al Cristo funciones políticas o administrativas.
El pregón reivindicó también el valor patrimonial de la ermita y de la propia imagen del Cristo. Según explicó la Hermandad, la talla data del siglo XVII y ha sido objeto de restauraciones, al menos, en 1993 y 2014. Los pregoneros evocaron especialmente la restauración de 2014 y el momento en que la imagen regresó a Ribera del Fresno, recordando la procesión y la respuesta de los vecinos que acompañaron al Cristo por las calles de la localidad. El mensaje fue, en este punto, explícito: conservar la imagen y la ermita no debe entenderse únicamente como una obligación de la junta directiva, sino como una responsabilidad colectiva. “No dejemos que la tradición se pierda”, fue una de las ideas centrales del discurso, acompañado de una invitación a visitar la ermita durante todo el año y no únicamente durante las fiestas patronales.
Otro de los aspectos destacados fue el reconocimiento al trabajo cotidiano que permite mantener abierta y cuidada la ermita. Elisa Vázquez puso el foco especialmente en las mujeres que acuden regularmente a limpiar y cuidar el templo, una labor que definió como silenciosa y poco visible, pero imprescindible para el funcionamiento de la Hermandad. El mensaje amplió así el concepto de patrimonio más allá de la conservación física de una talla o un edificio: la memoria también se mantiene mediante las personas que, semana tras semana, dedican su tiempo a preservar los espacios y rituales de la comunidad.
Francisco Torres introdujo en el tramo final del pregón una reflexión dirigida especialmente a los jóvenes. Con un tono más desenfadado, reivindicó la necesidad de que las nuevas generaciones conozcan y participen en las costumbres de su localidad. Su intervención cuestionó la progresiva pérdida de vinculación de parte de la juventud con determinadas tradiciones y animó a los jóvenes de Ribera a integrarse en las hermandades, cofradías y asociaciones culturales y sociales. “Antes que ser extremeño, hay que ser ribereños”, afirmó, en una intervención que pretendía reivindicar la identidad local como punto de partida para mantener vivas las tradiciones. El mensaje coincidió con uno de los ejes fundamentales del pregón: la tradición solo puede permanecer si existe relevo generacional.
El pregón concluyó con una petición de protección para las familias, los enfermos, los mayores, los jóvenes y quienes no pudieron estar presentes, antes de llamar a los vecinos a disfrutar de las fiestas “con alegría, con respeto y con fraternidad”. Con el “Viva Ribera” y el “Viva el Santísimo Cristo de las Misericordias”, la Hermandad puso fin a un pregón que se alejó del discurso convencional para convertirse en un ejercicio de memoria colectiva.
La jornada del pregón dejó así una idea de fondo: en Ribera del Fresno, hablar del Cristo no significa únicamente hablar de una celebración religiosa. Significa hablar de familias, memoria, patrimonio, voluntariado, identidad local y transmisión entre generaciones. Y precisamente esa continuidad (entre quienes estuvieron, quienes están y quienes tendrán que tomar el relevo) fue la verdadera protagonista del pregón de las fiestas de 2026.